
¿Quién debe cuidar a los padres en México: los hijos o el Estado?
El envejecimiento de la población expone un sistema de cuidados fragmentado donde la carga sigue recayendo en las familias. Qué dice la ley, qué no obliga y por qué esta conversación ya no puede postergarse.
Una enfermedad, una caída, una demencia incipiente o la pérdida de autonomía obligan a reorganizar la vida familiar. En ese momento surge la duda que atraviesa hoy a millones de hogares en México: ¿cuidar a los padres es una obligación legal de los hijos o una responsabilidad que debería asumir el Estado?
La respuesta, en realidad, no es binaria. México opera con un sistema de cuidados fragmentado, donde la carga recae principalmente en las familias. Y, dentro de ellas, en una sola persona, mientras el Estado ofrece apoyos parciales que no alcanzan a cubrir la magnitud del problema.
Contrario a una creencia extendida, la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores no establece que los hijos deban cuidar directamente a sus padres. Esa ley, creada en la época de Vicente Fox y actualizada en 2022 y 2024, reconoce derechos y obligaciones del Estado, pero no impone el cuidado familiar como mandato legal.
La obligación legal aparece en otro lado. Como explica la psicoterapeuta y gerontóloga Yolanda Burgos, autora de “¿Qué hago? Mis padres están envejeciendo”, es en los Códigos Civiles donde se regulan las obligaciones familiares:
“La obligación de dar alimentos es recíproca entre ascendientes y descendientes. Con los padres, si se encuentran en estado de necesidad, los hijos deben otorgar soporte económico y atención básica”, aclara Yolanda Burgos.
Esto significa que no se trata de una obligación automática ni absoluta, sino condicionada. Para que un padre pueda exigir legalmente alimentos a un hijo, deben cumplirse tres requisitos:
- Que el padre esté en estado de necesidad, es decir, que no cuente con recursos suficientes para cubrir sus necesidades básicas.
- Que exista una relación familiar legalmente acreditable.
- Que el hijo tenga capacidad económica real para otorgarlos.
Solo bajo estas condiciones puede proceder una demanda de alimentos ante un juez. Además, si el hijo no puede cumplir, la obligación puede recaer en otros familiares cercanos. En la práctica, esto deja claro que la ley no exige cuidados integrales, ni que una persona abandone su vida laboral o personal para cuidar.
En casa y sin red, así es el cuidado real
Más allá del marco jurídico, la vida cotidiana cuenta otra historia. En México, 31.7 millones de personas brindan cuidados, y 75% son mujeres, de acuerdo con la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC 2022). La mayoría lo hace sin remuneración, sin capacitación y sin apoyo institucional.
El impacto es profundo, pues las mujeres cuidadoras dedican en promedio 38.9 horas semanales al cuidado, frente a 30.6 horas en el caso de los hombres. Muchas reportan cansancio crónico, ansiedad, problemas de salud y abandono del empleo.
Yolanda Burgos advierte que cuando una persona mayor entra en dependencia grave, el sistema actual obliga a que alguien pause su vida: “Un miembro de la familia por lo menos tiene que parar su desarrollo profesional y su vida social para dedicarse al cuidado. Y eso es una gran injusticia”.
El problema no es solo individual. Ese desgaste se traduce en empobrecimiento de los hogares, pérdida de productividad y, a mediano plazo, mayor presión sobre el sistema de salud.
“Hacerse cargo de los gastos de nuestros padres, de su cuidado, de la atención médica que necesitan y todo esto pues es algo para lo que nadie te prepara”, agrega Alberto Saracho, CEO de Soy Más.
Cuando cuidar simplemente no alcanza
Desde la sociedad civil, Alejandra Solórzano, directora de Fundación DAMADI, describe un escenario aún más crudo para las familias de bajos recursos. En México, dice, no existe una ayuda estructural del Estado para el cuidado cotidiano del adulto mayor, y los costos superan con creces los ingresos promedio. Un cálculo básico mensual incluye:
- Enfermería de día: alrededor de 10 mil pesos
- Enfermería nocturna: otros 10 mil
- Alimentación: cerca de 6 mil
- Medicamentos: unos 4 mil
El total ronda los 30 mil pesos mensuales, mientras que el ingreso promedio en muchos hogares apenas alcanza los 10 mil pesos. La obligación existe, señala, pero solo en la medida de tus recursos. Y para millones, estos recursos simplemente no existen.
Alberto Saracho complementa: “Hay un desgaste financiero, hay un desgaste físico y hay una cosa de la que poco se habla, que es el desgaste emocional”.
Hoy hay 17 millones de personas de 60 años y más en México, y el país se acerca a un punto de quiebre demográfico. Para 2030, habrá más personas mayores que niñas y niños, según proyecciones oficiales.
Sin embargo, la oferta institucional es limitada. De acuerdo con el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas (DENUE 2025), existen 1,297 unidades económicas clasificadas como asilos y residencias para personas mayores en todo el país. La mayoría de los cuidados sigue ocurriendo en casa, sin alternativas intermedias como casas de día, servicios domiciliarios públicos o apoyos de respiro.
¿Puede el Estado asumir el cuidado?
El asunto ya llegó a las finanzas públicas. Según el IMCO, México necesitaría al menos 5.5 millones de personas cuidadoras adicionales para atender la demanda actual y futura. El Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 destina 1.2% del PIB a cuidados, pero ese monto tendría que ser 1.8 veces mayor para responder a la magnitud del desafío.
Además, solo una pequeña parte del gasto se dirige a cuidado directo e infraestructura, una proporción mayor se canaliza a programas de transferencias que, si bien alivian ingresos, no sustituyen servicios ni profesionalización.
Desde el sector privado, Analu Arrieta, gerente general de Residencia Villazul, introduce otra capa al debate, la necesidad de planear el propio envejecimiento. Para ella, el cuidado no debería recaer exclusivamente en el Estado, sino asumirse también como responsabilidad individual y familiar. Sin embargo, coincide en algo central: “la familia promedio no está preparada para enfrentar sola el desgaste físico, emocional y económico que implica cuidar”.
El problema no es que los padres estén envejeciendo, sino que hablemos de esto cuando ya es urgente. Mientras tanto, millones de familias improvisan soluciones en un país que envejece más rápido de lo que se construyen respuestas. La pregunta no es solo quién debe cuidar, sino qué no deberían seguir cargando solos los hijos, porque sin un sistema de cuidados robusto el costo alcanza a la familia, a la economía y a la salud pública.
Como advierte Alberto Saracho, CEO de Soy Más: “Ese es el reto al que nos estamos enfrentando en México de manera muy acelerada, y que no necesariamente estamos hablando lo suficiente”.
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