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Ablutofobia: el extraño miedo al agua que quizá no conocías

¡Fuchi! Si no le gusta bañarse puede ser más grave de lo que piensas

Algunas personas no evitan el agua por gusto, sino porque su cerebro entra en modo pánico con solo pensar en un bañarse. Descubre qué es la ablutofobia, sus causas y datos curiosos. ¡Sigue leyendo y sorpréndete con esta fobia tan inusual!

Redacción Soy+
Redacción
Autor verificado

¡Imagínate que darte un regaderazo se sintiera como entrar a una casa embrujada! Para la mayoría de las personas, un buen baño es sinónimo de relajación, pero para quienes padecen ablutofobia, el simple hecho de acercarse al agua puede convertirse en una auténtica película de terror.

¿Qué es la ablutofobia y por qué existe?

La ablutofobia es el miedo irracional e intenso a bañarse, lavarse o incluso mojarse, y aunque suena como la excusa perfecta para esquivar el shampoo, en realidad es un trastorno de ansiedad poco común pero real que puede acentuarse con el paso del tiempo. Se cree que puede surgir por experiencias traumáticas en la infancia (¡quizá algún encuentro desafortunado con el agua fría!), por un miedo extremo a ahogarse o simplemente por asociaciones negativas con la limpieza.

Pero antes de que empieces a preocuparte por tu vecino que rara vez toca la regadera, hay que diferenciar entre pereza y fobia. Una cosa es posponer el baño en un día frío y otra sentir pánico con solo pensar en el agua.

Curiosidades que no sabías sobre la ablutofobia

🔹 Más común en niños – Muchos atraviesan una fase de rechazo al agua, pero en la mayoría de los casos desaparece con el tiempo (¡y con un buen patito de hule motivador!).

🔹 No solo es miedo a bañarse – También puede incluir el terror a lavar las manos, lo que hace que algunas personas eviten el agua a toda costa.

🔹 Los adultos mayores no están exentos – Las demencias pueden crear miedos irracionales con el agua que desencadenan en ablutofobia.

🔹 Sí, hay tratamiento – La terapia cognitivo-conductual ayuda a quienes tienen esta fobia a superar el miedo y volver a disfrutar de una buena ducha sin gritos de pánico.

Así que la próxima vez que alguien huela sospechoso, en lugar de juzgar, mejor pregúntale: ¿será pereza o ablutofobia? ¡Nunca se sabe!

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