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Artistas mayores de 80 siguen creando y exponiendo su obra

Artistas octagenarios siguen creando y exponiendo su obra

Pintores y creadores de distintos países demuestran que la creatividad no se jubila. A partir de décadas de experiencia, continúan trabajando, exponiendo y dialogando con el presente desde una mirada madura.

Redacción Soy+
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Autor verificado

Durante décadas, el envejecimiento ha sido asociado con la retirada progresiva de la vida pública y profesional. Sin embargo, en el terreno del arte, esa narrativa resulta cada vez más insuficiente. Hoy, artistas en sus ochentas y noventas no solo continúan activos, sino que atraviesan etapas de alta productividad, reconocimiento internacional y exploración creativa profunda. Así lo documenta un reportaje publicado por la revista Monocle, que se adentra en los estudios y rutinas de siete creadores que desafían los estereotipos ligados a la edad.

Con el paso del tiempo, la relación con el cuerpo cambia y algunas habilidades físicas se transforman. No obstante, en estos casos, esa transición se ve compensada -e incluso superada- por décadas de observación, aprendizaje y vida. El resultado es una obra que no busca la urgencia ni la novedad inmediata, sino la claridad, la síntesis y la profundidad. En lugar de repetirse, estos artistas siguen encontrando nuevas formas de decir, mirar y crear.

La trayectoria de la italiana Isabella Ducrot es ilustrativa. Nacida en Nápoles y radicada en Roma desde su adultez, Ducrot comenzó a pintar en sus cincuentas, después de una larga formación intelectual y literaria. Hoy, a los 94 años, trabaja desde un estudio ubicado en un palacio del siglo XVI, donde produce obras sobre papel japonés gampi, un material delicado que se ha vuelto distintivo de su práctica. Sus composiciones, atravesadas por recuerdos de viajes y referencias culturales, son el resultado de una creación que llegó tarde, pero con una voz plenamente formada.

En Estados Unidos, Peter Saul mantiene una disciplina inquebrantable. Desde finales de los años cincuenta, su vida ha girado casi exclusivamente en torno a la pintura. A los 90 años, continúa trabajando todos los días, desarrollando imágenes cargadas de sátira política y crítica social. Sus lienzos, que abordan figuras del poder y episodios clave de la historia reciente, confirman que la mirada incómoda y el humor ácido no se diluyen con la edad.

En el Reino Unido, Rose Wylie trabaja en un entorno que parece desafiar cualquier idea de orden tradicional. Su estudio está cubierto de periódicos, pinceles y restos de pintura, y su jardín se cuela por las ventanas. Tras haber interrumpido su carrera artística durante años para criar a su familia, Wylie retomó la pintura en la madurez y, décadas después, prepara la exposición más importante de su trayectoria. Su proceso es intuitivo y físico, pero sostenido por una disciplina rigurosa que la lleva a trabajar hasta altas horas de la noche.

En Francia, Martial Raysse, uno de los primeros exponentes del pop art francés, continúa pintando a los 89 años desde su casa en la región de Dordoña. Aunque su obra fue ampliamente reconocida en etapas anteriores, hoy se concentra en la pintura clásica y en una reflexión constante sobre la evolución artística. Para Raysse, la creatividad no garantiza una vida más larga, pero sí permite un progreso sostenido, una depuración de la mirada que solo llega con la experiencia.

La persistencia creativa también se manifiesta en el trabajo de Frank Bowling. A los 91 años, este artista británico sigue experimentando con color, gravedad y gesto desde su estudio en Londres. Su método combina azar y control, y su interés por encontrar nuevas formas de expresión permanece intacto. Con obras presentes en decenas de museos alrededor del mundo, Bowling continúa buscando, probando y corrigiendo, sin dar nada por concluido.

En Asia, el caso del tailandés Inson Wongsam ofrece otra perspectiva sobre la relación entre edad y creación. A los 91 años, inicia sus jornadas antes del amanecer y dedica buena parte del día al dibujo y la pintura. Para él, la constancia diaria es una forma de equilibrio vital. Lejos de disminuir su intensidad, el paso del tiempo ha reforzado su convicción de que el espíritu creativo puede mantenerse activo incluso cuando el cuerpo impone límites.

Finalmente, en Austria, Martha Jungwirth, de 85 años, continúa produciendo obra de manera constante desde un amplio estudio lleno de referencias, recortes, libros y tubos de pintura abiertos. Su trabajo, marcado por la abstracción y el color, se alimenta del desorden y de una curiosidad permanente. Para Jungwirth, seguir trabajando es una forma de evitar el estancamiento y de mantenerse en movimiento intelectual y emocional.

En conjunto, estas trayectorias ofrecen una lectura distinta del envejecimiento. Más que una etapa de cierre, los años avanzados aparecen como un periodo de síntesis y libertad, en el que la creación se vuelve más consciente de sí misma. En un contexto global donde la población envejece de manera acelerada, estas historias aportan una mirada relevante: la longevidad también puede ser un espacio de producción cultural activa, pensamiento crítico y creatividad sostenida.

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