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Lo que nadie dice sobre los cuidadores

Cuidar de un ser querido es un acto de amor profundo, pero también puede afectar tu salud física y emocional si te olvidas de ti. Conoce estrategias clave para mantener tu bienestar y seguir viviendo esta etapa con propósito, equilibrio y plenitud.

Pilar Maguey
Pilar Maguey
Autor verificado

Cuidar de alguien que amamos puede ser una de las experiencias más significativas de nuestra vida. A veces lo elegimos y a veces simplemente nos toca, sin aviso. Nos volvemos el sostén de un padre que envejece, de una pareja con una enfermedad crónica, de un hijo con necesidades especiales o de un ser querido que nos necesita cada día.

Pero en esa entrega incondicional, silenciosa y constante… ¿Dónde quedas tú?

Según el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA, por sis siglas en inglés), cuidar de otra persona puede ser tan desafiante como hermoso. Y, aunque a menudo quienes cuidan no se ven a sí mismos como personas vulnerables, lo cierto es que su salud física, mental y emocional puede resentirse si no toman medidas para protegerse.

Cuando darlo todo empieza a pasar factura

El cuerpo y la mente envían señales claras: fatiga persistente, insomnio, dolores físicos, irritabilidad, tristeza profunda, sensación de aislamiento, dificultad para concentrarse. Todo esto puede estar relacionado con lo que se conoce como estrés del cuidador. Y es más común de lo que parece.

Dejarte al último puede parecer noble, pero es insostenible.

Estrategias para cuidadores: pequeños cambios, grandes resultados

Aquí algunas prácticas recomendadas por el NIA que pueden transformar tu experiencia como cuidador y ayudarte a vivir con más plenitud:

1. Haz del autocuidado una prioridad diaria

Reserva aunque sea 10 minutos al día para ti. Respira, escribe en un diario, toma un té en silencio, escucha música o da una caminata corta. El autocuidado no tiene que ser complicado: tiene que ser constante.

2. No cargues con todo tú solo

Habla con tu familia. Organiza turnos. Considera servicios profesionales de apoyo, aunque sea unas horas a la semana. Delegar no significa abandonar, sino honrar tus propios límites.

3. Prepárate emocionalmente

Infórmate sobre la condición médica de la persona a quien cuidas. Saber qué esperar puede ayudarte a reducir la ansiedad y a manejar los cambios con más tranquilidad.

4. Conéctate con otros cuidadores

Unirte a grupos de apoyo puede darte consuelo, herramientas y compañía. Saber que no estás solo cambia el tono de todo.

5. Aliméntate bien y descansa

Dormir poco o comer mal parece parte del paquete, pero en realidad debilita tu capacidad de cuidar. Prioriza tu descanso, tu alimentación y tu cuerpo. Lo necesitas más que nunca.

6. Atrévete a pedir ayuda profesional

Si sientes que el peso es demasiado, busca orientación con un terapeuta. A veces, una sola sesión basta para ver con otros ojos lo que parecía un túnel sin salida.

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Vivir plenamente… incluso mientras cuidas

Estás en una etapa de la vida en la que lo vivido empieza a hacer sentido. Cuidar de otros puede ser un regalo, pero también una responsabilidad que necesita sostén.

Recuerda que tu vida también importa.

Tus sueños, tus pausas, tus proyectos, tus cafés sin prisa, tu salud mental… Todo eso también necesita cuidado.

Porque vivir en grande es también darte permiso para sentir, para pedir, para parar y para seguir… con amor, sin culpa, y con un propósito que incluya tu bienestar.

¿Conoces a alguien que cuida a otro? Comparte esta nota. Podrías regalarle algo más valioso que tiempo: el permiso de cuidarse también.

Fuente: https://www.nia.nih.gov/health/caregiving/taking-care-yourself-tips-caregivers

Por Pilar Maguey, comunicóloga experta en temas de longevidad, silver economy y menopausia.

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