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mujer practicando tai chi

El Tai Chi como una herramienta más para la longevidad

El Tai Chi no solo mejora el equilibrio: también fortalece la mente, reduce el estrés y promueve un bienestar integral. Con movimientos simples y accesibles, esta práctica puede ayudarte a ganar estabilidad, confianza y mejor calidad de vida. Ideal para todas las edades.

María Arce
María Arce
Autor verificado

El Tai Chi, con sus 250 millones de practicantes, podría considerarse una de las actividades físicas más populares del mundo. Se originó en China en el siglo XVII como arte marcial. Suele combinar movimientos suaves con técnicas de respiración, concentración mental y relajación. Estos movimientos pueden adaptarse y practicarse al caminar, estando de pie o sentado.

Varios estudios han encontrado evidencia de que el Tai Chi mejora el equilibrio y la estabilidad en los adultos mayores y reduce el riesgo y el miedo a las caídas. Cada año, más de 1 de cada 4 adultos mayores sufre una caída, y 1 de cada 5 de estas caídas provoca una lesión grave, como fracturas o una lesión en la cabeza.

Las investigaciones sugieren que practicar Tai Chi podría mejorar la postura y la confianza, la manera de pensar y de manejar las emociones, así como su calidad de vida en general. Algunos estudios encontraron que esta práctica podría ayudar a las personas con fibromialgia a dormir mejor y a sobrellevar el dolor, la fatiga y la depresión. La práctica regular también podría mejorar la calidad de vida y el estado de ánimo de personas con insuficiencia cardíaca crónica o cáncer. Es posible que los adultos mayores sientan que el Tai Chi mejora la calidad del sueño y favorece el aprendizaje, la memoria y otras funciones mentales.

¿Cómo empezar?

Existen varios estilos —como yang, chen y sun— cuyos nombres provienen de importantes maestros o fundadores.

Estos son algunos de los movimientos que puedes intentar probar para saber si esta práctica es para ti.

Verter el Qi

Colócate de pie con los pies separados a la altura de los hombros. Flexiona un poco las rodillas, levanta el pie izquierdo y da un paso grande hacia la izquierda. Centra el peso de tu cuerpo. Comienza a balancearte hacia delante y hacia atrás levantando los talones, luego los dedos de los pies y de nuevo los talones.

Cada vez que te pares en la punta de los pies, sube los brazos a la altura del pecho con las palmas hacia abajo y las muñecas relajadas. A medida que te meces hacia atrás sobre los talones, vuelve a bajar los brazos a los lados, con las palmas hacia atrás.

Aumentar la energía

De pie, con los pies separados a la altura de los hombros, levanta el pie izquierdo y da un paso amplio hacia la izquierda. Flexiona las rodillas en una pequeña sentadilla mientras levantas los brazos hacia delante, manteniendo las muñecas y las manos relajadas. A continuación, lleva las manos hacia abajo mientras estiras las piernas poco a poco

Lavarse con el Qi del cielo

Colócate de pie con los pies separados a la anchura de los hombros, luego levanta el pie izquierdo para dar un paso amplio hacia ese lado. Levanta poco a poco los brazos hacia los lados y luego hacia arriba. Circula tus manos, con las palmas hacia abajo, delante de la cara y hacia el suelo. Visualiza la energía rejuvenecedora que fluye por tu cuerpo, acoplándose al suelo.

Más que una serie de gestos lentos, es una práctica que ayuda a fortalecer el equilibrio, mejorar la postura y recuperar la confianza en el cuerpo, especialmente en la edad adulta. Sus beneficios emocionales y cognitivos lo vuelven una herramienta accesible para vivir con mayor bienestar día a día. Y lo mejor es que no requiere equipo ni experiencia previa: basta dar el primer paso, respirar con intención y permitir que el cuerpo aprenda a moverse con más calma y estabilidad.

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