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Cómo acompañar a los hijos adultos sin controlar sus decisiones

Cómo acompañar a los hijos adultos sin controlar sus decisiones

Aceptar que los hijos crezcan y tomen sus propias decisiones puede ser un reto emocional. La psicóloga María Elizabeth Nuño, de Midoconline, explica cómo pasar del control al acompañamiento y fortalecer la relación desde la confianza y el amor.

Zyanya López
Zyanya López
Autor verificado

Después de años de cuidar, enseñar y proteger, llega un momento en que los hijos comienzan a tomar decisiones por sí mismos. El trabajo, la pareja, el lugar donde quieren vivir. Para muchos padres, esta etapa implica una mezcla de orgullo y miedo. “El mayor reto emocional es aceptar que los hijos ya no los necesitan tanto. Se sigue necesitando a los padres, pero desde otro lugar, ya no para decidir por ellos, sino para acompañarlos”, explica María Elizabeth Nuño Arenas, supervisora de psicología en Midoconline.

Según la especialista, este proceso suele coincidir con el llamado “nido vacío”, una etapa que invita a los padres a reencontrarse consigo mismos y con su pareja. Lo que se convierte en una oportunidad para evolucionar la relación con los hijos, pero también para crecer como individuos.

La palabra clave, dice Nuño Arenas, es acompañar. Esto significa estar presente sin imponer, escuchar sin juzgar y confiar sin controlar. Acompañar implica respetar las decisiones sin decidir por el otro. Es ofrecer una opinión solo cuando se pide, y dar seguridad sin crear expectativas imposibles.

Muchas veces, el miedo a soltar no proviene de la falta de confianza en los hijos, sino del temor al mundo y de la pérdida del rol de cuidador. “Durante años, ser padres da sentido a la vida. Cuando ese papel cambia, algunos se sienten sin rumbo. Por eso, es importante transformar el vínculo, no romperlo”, explica la psicóloga.

Entre proteger y dejar vivir

Uno de los dilemas más frecuentes es encontrar el equilibrio entre proteger y permitir que los hijos vivan las consecuencias de sus actos. Nuño lo resume así: “El problema no es proteger, sino evitar que vivan el dolor que les corresponde. Las crisis duelen, pero también hacen crecer. Los padres deben ser una red que sostiene, no un escudo que impide las caídas”.

La psicóloga sugiere imaginar la vida como un trapecio: los hijos caminan y los padres están abajo, atentos, listos para sostener si algo sale mal, pero sin impedir el movimiento.

Cuando los hijos no siguen los consejos de los padres o se equivocan, las emociones más comunes son frustración, enojo o miedo. En estos casos, aconseja, el primer paso es aceptar esa emoción sin juzgarla. Luego, reconocer que los hijos tienen derecho a tomar sus propias decisiones y aprender de ellas.

Cada generación vive experiencias distintas, y lo que funcionó para los padres no siempre aplica para los hijos. “Mi estructura de vida no tiene por qué ser la mejor para ellos. Su camino es diferente, y su equivocación también los hará crecer”, agrega la supervisora de psicología en Midoconline.

En este sentido, ofrece tres consejos para los padres de hoy

  1. Confía y suelta. Cree en las herramientas y valores que ya les diste.
  2. Escucha y comunica. Habla desde la empatía y la asertividad, sin imponer.
  3. Da espacio sin desaparecer. Estar disponible sin invadir es el mejor equilibrio.

Y uno más, dice Nuño, disfruta la nueva etapa. “Reencontrarte con tus hijos adultos puede ser una de las experiencias más bonitas de la vida. Es una relación distinta, más libre, más humana.”

Para la psicóloga, acompañar a los hijos adultos implica evolucionar juntos. No se trata de dejar de ser padres, sino de serlo de otra manera. Ya no se camina delante ni detrás, sino al lado. Eso también es amor. Confiar, soltar y disfrutar el camino que cada uno decide recorrer es parte del proceso.

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