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Persona relajandose frente a una ventana

Cómo cuidar tu salud mental en una ciudad que nunca para

En ciudades que nunca se detienen, el estrés constante puede afectar profundamente la salud mental. En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, vale la pena recordar que establecer límites, crear momentos de calma y reconectar con actividades placenteras no son lujos, sino acciones esenciales para preservar el bienestar emocional en medio del ritmo urbano.

María Arce
María Arce
Autor verificado

Cada 10 de octubre, el Día Mundial de la Salud Mental nos recuerda algo que a veces olvidamos entre el ruido del día a día: cuidar la mente es tan importante como cuidar el cuerpo. Vivir en una gran ciudad puede sentirse como correr una carrera que nunca termina. El tráfico, los ruidos constantes, las notificaciones sin pausa, las prisas y la presión de ser productivo todo el tiempo pueden pasar factura. Y no es casualidad: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada cuatro personas enfrentará problemas de salud mental en algún momento de su vida, y el entorno urbano puede agravar esta realidad.

Por eso es urgente aprender a pausar, aunque la ciudad no lo haga.

1. Ponle límites al ritmo externo

Aunque la ciudad corra, tú puedes decidir cuándo y cómo moverte. Establece horarios para desconectarte del trabajo, del celular o de las redes sociales. No responder mensajes al instante también es un acto de autocuidado.

2. Busca tus propios espacios de calma

Puede ser un parque, un café tranquilo o incluso tu cuarto con música suave. Dedica al menos 15 minutos al día a estar en un lugar que te haga sentir en paz. Esa pausa vale más de lo que crees.

3. Respira… de verdad

Cuando estamos estresados, nuestra respiración se vuelve superficial. Prueba este ejercicio: inhala profundo durante 4 segundos, sostén 4 segundos, exhala en 4 segundos, y vuelve a empezar. Solo 2 minutos al día pueden hacer una gran diferencia.

4. Haz algo que disfrutes solo por hacerlo

Pintar, bailar, escribir, cuidar plantas, leer. No tiene que ser “productivo”, solo placentero. Reconectar con la alegría cotidiana es una forma de mantenernos emocionalmente fuertes.

5. Pide ayuda cuando lo necesites

Ir a terapia no es signo de debilidad, sino de valentía. En ciudades grandes, hay opciones presenciales y en línea para todos los presupuestos. También puedes empezar por hablar con alguien de confianza: a veces, compartir lo que sentimos ya es un alivio.

Las ciudades no van a dejar de moverse, pero tú puedes aprender a no perderte en su ruido. Cuidar tu salud mental no es un lujo, es una necesidad, sobre todo en contextos acelerados. Recuerda: hoy en día es revolucionario detenerse, respirar y atenderse.

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