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¿Cómo se cuidan hoy en México a los adultos mayores?

¿Cómo se cuidan hoy en México a los adultos mayores?

El cuidado sigue ocurriendo en casa, de forma invisible y sin apoyo institucional. Con más de 17 millones de personas mayores, el país enfrenta un quiebre que impacta a familias, mujeres y economía.

Zyanya López
Zyanya López
Autor verificado

México está envejeciendo y lo hace más rápido de lo que sus estructuras sociales están preparadas para sostener. Hoy, más de 17 millones de personas tienen 60 años o más, y en menos de una década el país tendrá más población adulta mayor que niñas y niños. Este cambio demográfico ya se vive en millones de hogares donde una enfermedad, una caída o la pérdida de autonomía obliga a reorganizar la vida familiar alrededor del cuidado.

El problema no es que las familias cuiden, sino que el cuidado siga ocurriendo casi exclusivamente en casa, sin apoyos, sin infraestructura y sin un sistema que lo respalde. En ese vacío, cuidar se vuelve una carga individual que termina por desgastar a quien cuida y precarizar a quien recibe atención.

De acuerdo con la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC 2022), 31.7 millones de personas brindan cuidados en México. Pero, ¿quiénes lo hacen? 75% son mujeres, la mayoría sin remuneración, sin capacitación formal y sin apoyo institucional.

En promedio, las mujeres cuidadoras dedican 38.9 horas semanales a esta labor; los hombres, 30.6 horas. No se trata solo de tiempo, sino de desgaste acumulado. Cansancio crónico, ansiedad, problemas de sueño, deterioro físico y abandono del empleo son parte del costo cotidiano de cuidar.

“Desde el punto de vista de un hogar, no solo es el desgaste financiero, porque cuidar a una persona es caro. Por otro lado, hay un desgaste físico; implica muchas veces ya en etapas más avanzadas incluso ayudarlo a pararse, a ir al baño, en fin. Y una cosa de la que poco se habla, que es el desgaste emocional”, menciona Alberto Saracho, CEO de Soy Más.

Para Yolanda Burgos, psicoterapeuta y gerontóloga, el sistema actual empuja a una decisión extrema: “Cuando una persona entra en un grado de dependencia grave, la realidad es que al menos un miembro de la familia tiene que parar su vida, su desarrollo profesional, su vida social y, muchas veces, su salud”.

Ese alto no suele ser temporal. Sin apoyos formales, el cuidado se prolonga durante años y se convierte en una renuncia estructural.

¿Qué dice la ley y qué no resuelve?

Existe la idea extendida de que en México los hijos están legalmente obligados a cuidar integralmente a sus padres. No es correcto. La Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores, creada en la época de Vicente Fox y actualizada en 2022 y 2024, no establece la obligación de los hijos de brindar cuidados directos.

Lo que sí existe es un marco distinto, el Código Civil Federal, que reconoce la obligación recíproca de dar alimentos entre ascendientes y descendientes. Esto significa que hijas e hijos pueden estar legalmente obligados a otorgar soporte económico y atención básica, pero solo si se cumplen condiciones específicas:

  • que el padre o madre se encuentre en estado de necesidad
  • que exista una relación familiar legal comprobable
  • y que el hijo tenga capacidad económica real

Incluso así, la ley habla de alimentos, no de cuidados integrales ni de que una persona deba abandonar su vida laboral para cuidar. El vacío es claro: la ley no diseña quién cuida, cómo se cuida ni con qué apoyos.

Ese vacío legal y operativo se traduce en un problema económico severo. Para Alejandra Solórzano, directora de Fundación DAMADI, el cuidado hoy es insostenible para millones de familias, especialmente de bajos recursos. Un cálculo mensual básico para atender a una persona mayor puede incluir enfermería de día (alrededor de 10 mil pesos), enfermería nocturna (otros 10 mil), alimentación (cerca de 6 mil) y medicamentos (unos 4 mil). El total ronda los 30 mil pesos mensuales, cuando el ingreso promedio en muchos hogares apenas alcanza los 10 mil.

El resultado es un círculo vicioso. Hogares que se empobrecen, cuidadores que enferman y personas mayores que envejecen sin atención adecuada.

Pocas opciones fuera del hogar

La oferta institucional tampoco compensa el problema. De acuerdo con el DENUE 2025, en México existen 1,297 unidades económicas clasificadas como asilos y residencias para personas mayores. Frente a una población de 17 millones de adultos mayores, la cifra resulta claramente insuficiente.

“Definitivamente el Estado está rebasado, tanto aquí como en Estados Unidos. Está rebasado porque no estamos viendo el tema. No estamos viendo si la ciudad está lista, si el transporte está listo, si las banquetas están listas, ni cómo vamos a financiar una población que cuando llega a esa edad empieza a requerir mayores servicios”, añade Alberto Saracho.

En México, la mayoría de los cuidados sigue ocurriendo en casa, sin alternativas intermedias como casas de día, cuidados domiciliarios públicos o servicios de respiro que permitan a las familias sostener el cuidado sin abandonar el trabajo o la vida personal.

Desde el sector privado, Analu Arrieta, gerente general de Residencia Villazul, observa otra consecuencia: el desgaste emocional que implica el cambio de roles. “La familia promedio no está preparada para asumir sola el cuidado físico, emocional y económico. Muchas veces el hijo deja de ser hijo y se convierte en cuidador, y eso termina por romper dinámicas familiares”.

Pero el impacto del cuidado va más allá del hogar. Según el IMCO, 46% de la población mexicana requiere cuidados en algún momento de su vida y el país necesitaría al menos 5.5 millones de personas cuidadoras adicionales para responder a la demanda actual y futura.

El Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 reconoce por primera vez a los cuidados como eje de política pública y destina 1.2% del PIB. Sin embargo, el propio IMCO advierte que ese monto tendría que ser 1.8 veces mayor para construir infraestructura, profesionalizar el sector y aliviar la carga que hoy recae en los hogares.

Además, la mayor parte del gasto sigue concentrándose en transferencias económicas, no en servicios directos de cuidado, que son los que realmente cambian la vida cotidiana.

Si México no avanza hacia un sistema nacional de cuidados, las especialistas coinciden en que las consecuencias serán estructurales, esto significa que más mujeres fuera del mercado laboral, mayor presión sobre el sistema de salud, empobrecimiento de los hogares y ruptura de redes familiares.

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