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¿Cuándo empezar a hablar de dinero con tus hijos?

¿Cuándo empezar a hablar de dinero con tus hijos?

En México, la educación financiera casi no está en la escuela. Carlos Cruz, del MIDE, explica por qué se debe iniciar desde la primera infancia y cuáles son las 3 claves para formar hábitos sanos, hoy atravesados por la seguridad digital.

Zyanya López
Zyanya López
Autor verificado

Hablar de dinero con niñas y niños sigue siendo un tema incómodo en muchos hogares mexicanos. Sin embargo, para Carlos Cruz, Director de Educación en el Museo Interactivo de Economía (MIDE), este diálogo no solo es necesario, sino urgente. La educación financiera, explica, debería comenzar desde la primera infancia y formar parte de la vida cotidiana con la misma naturalidad que aprender a leer, escribir o sumar.

“Es muy importante que aprendamos a tocar temas vinculados al dinero y las finanzas con las niñas y los niños desde que son pequeños, para que sea algo natural, algo cercano a su vida”, señala Cruz. El problema, advierte, es estructural, pues en México la educación financiera no forma parte de la currícula escolar básica, lo que provoca que muchas personas tengan su primer contacto con estos temas hasta la edad adulta.

Ese acercamiento tardío tiene consecuencias. Carlos Cruz compara la educación financiera con un proceso de alfabetización: “Imaginar a una persona que nunca tuvo alfabetización financiera y tiene que enfrentarse a un crédito hipotecario o a una decisión de ahorro para el retiro, es como darle un texto súper complejo a alguien que apenas está aprendiendo a leer”, explica.

3 claves para una relación sana con el dinero

Desde la experiencia educativa del MIDE, Cruz identifica tres grandes competencias que deberían desarrollarse desde edades tempranas y profundizarse a lo largo de la vida. La primera es la planeación, que incluye aprender a fijar metas, hacer presupuestos y entender el ahorro como una herramienta para distintas etapas de la vida. Es importante ayudar a las personas a planear: les permite fijarse horizontes y tomar decisiones más claras para alcanzar bienestar financiero.

La segunda competencia es la gestión del riesgo. Vivir implica enfrentar eventualidades (enfermedades, accidentes o desastres naturales) y las finanzas pueden ayudar a amortiguar su impacto. “El buen uso de herramientas como el ahorro o los seguros permite que, si ocurre un riesgo, nuestros bolsillos sufran menos y nuestra calidad de vida se vea menos mermada”, señala.

El tercer eje es el panorama financiero, es decir, entender el entorno, qué es un banco, qué instituciones regulan, a dónde acudir en caso de dudas o conflictos. Asumirse como parte activa del sistema económico permite tomar decisiones más informadas y responsables.

A estos aprendizajes se suma hoy una competencia transversal: la seguridad digital. En un contexto donde gran parte de las transacciones se realizan en línea, Carlos Cruz subraya la importancia de enseñar desde temprano cómo proteger datos personales, identificar fraudes y usar de forma responsable las plataformas digitales.

El papel de las familias

Para el Director de Educación en el MIDE, la educación financiera no empieza en la escuela ni en el museo, sino en casa. El primer paso es romper el silencio. Hablar de dinero sigue siendo un tabú en muchos núcleos familiares. No se habla de ingresos, gastos o presupuestos, y eso se transmite a las infancias.

Incluir a niñas y niños en conversaciones sobre el presupuesto familiar, el ahorro o las decisiones de gasto les permite entender que el dinero es un recurso limitado y que su uso requiere acuerdos. Además, en un entorno saturado de estímulos de consumo, este diálogo ayuda a equilibrar deseos y necesidades. Es importante que entiendan de dónde viene el dinero, que es producto del trabajo y el esfuerzo de la familia, y que debe usarse de la mejor forma para el bienestar de todos.

Desde el MIDE, la apuesta ha sido acercar la educación financiera a través del juego y la experiencia. “Cuando vivimos una experiencia lúdica, nuestro cerebro está mucho más abierto a incorporar nuevos conocimientos”, explica Cruz. La gamificación permite que niñas, niños y jóvenes aprendan conceptos complejos sin sentir que están en una clase tradicional.

Esta visión también sustenta la alianza entre el MIDE y Profuturo, que busca ampliar el alcance de la educación financiera más allá del aula. De este trabajo conjunto surgió la sala Tu Yo del Futuro®, un espacio dedicado a las finanzas personales donde se abordan temas como ahorro, inversión, crédito y planeación de manera interactiva. A ello se suma La Ciudad del Ahorro, un espectáculo multimedia inmersivo que muestra cómo el hábito de ahorrar impacta en el bienestar individual y colectivo.

“La educación financiera no debe ser responsabilidad de un solo actor. Necesitamos hacer equipo como sociedad”, afirma Carlos Cruz. Por ello, la alianza también incluye recursos digitales para quienes no pueden visitar el museo, como proyectos audiovisuales y videojuegos educativos que explican el ciclo de vida financiera y la toma de decisiones a largo plazo.

Pensar a largo plazo

El impacto de una generación con mayor educación financiera va más allá de las finanzas personales. Cruz destaca que existe evidencia internacional que vincula estas competencias con una mejor calidad de vida y comunidades más sólidas. “Si llevamos de la mano a nuestras infancias en temas de dinero y administración de recursos, en un futuro próximo veremos resultados concretos en las decisiones que tomen”, refiere.

Para madres y padres que no saben por dónde empezar, su recomendación es clara: buscar experiencias que hagan del aprendizaje algo cotidiano y compartido. El directivo dice que así como se les lleva al cine o al parque, también se les puede acercar a espacios presenciales o digitales donde se hable de dinero de forma divertida y responsable.

En un país donde el acceso a servicios financieros es cada vez más temprano, hablar de dinero desde la infancia deja de ser una opción y se convierte en una herramienta clave para construir bienestar, autonomía y una relación más consciente con el futuro.

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