
Dormir mal no es normal: testimonios de quienes viven con apnea del sueño
El ronquido, la irritabilidad y la fatiga constante suelen normalizarse durante años. Estos testimonios revelan cómo la apnea del sueño afecta la salud y por qué atenderla a tiempo devuelve el descanso y la claridad mental.
Dormir debería ser un acto automático, reparador, casi invisible. Sin embargo, para algunas personas, el descanso nocturno está lejos de serlo. Ronquidos intensos, despertares constantes, cansancio que no se va y una sensación permanente de pesadez forman parte del día a día de quienes viven con apnea del sueño o alguna de sus variantes.
En Soy Más reunimos testimonios de personas que aprendieron -a veces tarde- que dormir mal no es normal y que atender este padecimiento cambia la vida:
“Normalizamos dormir mal sin darnos cuenta”
Durante años, Inti Vargas pensó que roncar era solo una incomodidad doméstica, un tema de convivencia más que un problema de salud. “Como a muchísimas personas, la parte de roncar estaba completamente normalizada”, recuerda. El punto de quiebre llegó cuando un amigo cercano fue diagnosticado con apnea del sueño. Al escuchar los síntomas y el proceso médico, muchas piezas comenzaron a encajar.
En 2022, decidió hacerse un estudio del sueño. El resultado: hipoapnea, una condición en la que las interrupciones de la respiración son más cortas, pero igualmente peligrosas. “Cada vez que hay un episodio, el oxígeno deja de llegar al cuerpo y eso genera un esfuerzo innecesario para el corazón”, explica.
El diagnóstico no le provocó miedo, sino alivio. “Fue como si todo hiciera clic. Entendí por qué despertaba con esa sensación de pesadez, de tensión constante”. El tratamiento con CPAP (Presión Positiva Continua en la Vía Aérea) marcó un antes y un después. Tras una breve adaptación, el cambio fue inmediato: “Desde la primera o segunda noche desperté distinto. Ahí entendí qué tan mal estaba durmiendo”.
Hoy, Inti resume su experiencia en una palabra: descansar. “Volví a sentir el descanso de la adolescencia, ese en el que te levantas con la pila completamente cargada. Uno se acostumbra a vivir cansado y cree que así es la vida, hasta que duerme bien otra vez”.
“La apnea afecta tu energía… y tus relaciones”
Para Carlos, el problema comenzó con despertares constantes y un cansancio que se acumulaba día tras día. A eso se sumaron las quejas de su pareja: sus ronquidos no la dejaban dormir. Antes del diagnóstico, su rutina estaba marcada por el agotamiento, la irritabilidad y una estrategia extrema: no acostarse hasta que su pareja ya estuviera dormida.
Recibir el diagnóstico fue un alivio emocional. “Sentí descanso desde ese momento”, afirma. Aunque la adaptación al tratamiento no fue sencilla, pues dormía boca abajo y la mascarilla le resultaba incómoda, los resultados lo convencieron de seguir adelante.
El contraste es claro, ya que pasó de un sueño fragmentado y poco profundo a dormir entre siete y ocho horas continuas. “Amanezco descansado, con energía, buen humor y mejor apetito. Mi relación de pareja mejoró de forma sustancial”, dice.
Carlos subraya un punto clave: la apnea no tratada deteriora la vida diaria. “Provoca cansancio, falta de concentración, irritabilidad e incluso afecta la intimidad. Muchas personas no entienden sus consecuencias, pero tratarla te devuelve calidad de vida y relaciones más sanas”.
“No siempre hay ronquidos, pero el daño está ahí”
José vive con SAHOS (Síndrome de Apnea-Hipopnea Obstructiva del Sueño) desde hace años, aunque los problemas comenzaron en la infancia. “Desde niño dormía mal y en la universidad empeoró”, cuenta. A diferencia de la creencia común, no siempre había ronquidos. “A veces no suena nada, pero el cerebro detecta la falta de oxígeno y te despierta porque ‘cree’ que te estás muriendo”.
El diagnóstico llegó tras un estudio del sueño realizado en la Clínica del Sueño del Centro Médico ABC Santa Fe. El alivio fue inmediato: “Me permitió hacer una vida normal”. Para él, el tratamiento con CPAP no fue complicado, aunque reconoce un reto permanente: depender del equipo, sobre todo al viajar.
Los beneficios, sin embargo, pesan más. “Tengo más energía, claridad mental y los ronquidos se redujeron casi a cero”. José insiste en que este padecimiento puede aparecer a cualquier edad y que atenderlo no solo mejora el día a día, sino que reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
“Dormir mal también afecta la memoria”
Ernestina Sandoval comenzó a notar que algo no estaba bien cuando despertaba cansada, con sueño persistente y múltiples visitas nocturnas al baño. Su entorno fue clave: “Me decían que roncaba demasiado”. Con el tiempo, el cansancio empezó a afectar su concentración y su rendimiento diario.
El diagnóstico llegó tras años de vivir así. “Fue un alivio, porque ya me preocupaba no saber qué me pasaba. Noté que dejaba de respirar por segundos y entendí que mi vida podía estar en riesgo”. Su proceso incluyó estudios del sueño, una cirugía nasal y, finalmente, el uso de CPAP.
La adaptación no fue fácil, pero necesaria. “Es incómodo al principio, pero a la larga te adaptas”. Uno de los impactos más duros fue en la memoria. “El médico me explicó que al no oxigenarse bien el cerebro, mueren neuronas. En mi caso, pasaron años antes del diagnóstico y eso deja huella”.
Hoy se siente con más energía y ánimo. Valora el tratamiento como una herramienta clave para su salud y agradece que su entorno ahora comprenda la importancia de atender el padecimiento.
Dormir bien no es un lujo, es salud
Los testimonios coinciden en algo fundamental: roncar no es normal y vivir cansado no debería aceptarse como parte de la vida. La apnea y sus variantes impactan la energía, la memoria, el estado de ánimo, la convivencia y la salud cardiovascular, especialmente a partir de los 40 y 50 años.
Buscar un diagnóstico, hacerse un estudio del sueño y seguir un tratamiento puede marcar la diferencia entre sobrevivir al día y vivirlo con plenitud. Como resume Inti: “Reaprender a descansar cambia todo”.
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