
EDAM, la escuela que transforma la edad en experiencia digital
Graciela, de 75 años, y Guadalupe, de 64, son parte de una generación que está rompiendo la brecha digital en México gracias a la Escuela Digital para Adultos Mayores (EDAM), un proyecto que nació en la pandemia y hoy impulsa la autonomía, la confianza y la inclusión tecnológica de las personas mayores.
En una aula de la Escuela Digital para Adultos Mayores (EDAM), las pantallas no son una barrera, sino una ventana al mundo. Graciela Cárdenas, de 75 años, y María Guadalupe González, de 64, forman parte de una generación que ya no trata de “sobrevivir” a la tecnología, sino de dominarla y disfrutarla.
La EDAM nació durante la pandemia con un propósito claro: ayudar a las personas mayores a integrarse al mundo digital. Lo que comenzó como un grupo de jóvenes enseñando a sus familiares a usar WhatsApp o Zoom, se transformó en una comunidad sólida que hoy capacita a más de 100 personas mayores.
Su modelo combina tres niveles (básico, intermedio y avanzado) y una metodología accesible, práctica y humana. Las clases se imparten en grupos pequeños, con un profesor por cada tres alumnos, lo que permite atender necesidades específicas, desde problemas de audición hasta falta de familiaridad con pantallas táctiles. Pero más allá de enseñar tecnología, EDAM fomenta la independencia digital, la confianza y la creación de redes afectivas entre sus alumnos.
Dominio digital, el reto
Graciela descubrió EDAM tras ver un anuncio en televisión. “Yo ya sabía lo básico, pero quería aprender más. Me gusta hacerlo sola, picándole al aparato, pero hay cosas que necesito entender”, recuerda. Desde entonces, los lunes de 4 a 8 de la tarde se convirtieron en su espacio de descubrimiento.
Aprendió a pedir comida a domicilio, usar Uber, comprar en línea y hasta organizar viajes internacionales por internet. “El secreto es perder el miedo. No hay que echarse para atrás ni pensar que la edad nos limita”, dice con convicción. Su historia refleja uno de los mayores logros de la escuela, el transformar la inseguridad en independencia.
Para Guadalupe, el cambio fue aún más profundo. Jubilada desde hace tres años, llegó a EDAM motivada por la curiosidad. “Yo trabajé en una oficina, manejaba computadora, pero muchas cosas del celular las desconocía”, cuenta. Su gran descubrimiento fue el curso de inteligencia artificial, una herramienta que, dice, “me cambió la forma de ver el mundo”.
Mientras preparaba su mudanza a un nuevo departamento, Guadalupe utilizó IA para visualizar la decoración, probar combinaciones de colores y decidir dónde colocar sus muebles. “Le doy las medidas y me crea una imagen. Gracias a eso ya compré mis cortinas”, explica.
Pero más allá de lo práctico, este aprendizaje le devolvió la confianza. “Antes tenía miedo de apretar algo mal; ahora entiendo que no pasa nada. Aprendí a tener paciencia, a escuchar y a confiar en mí".

Comunidad, aprendizaje y propósito
El modelo de EDAM no solo enseña tecnología, sino que construye comunidad. Graciela y Guadalupe destacan las amistades que nacen en el aula, grupos que van juntos al teatro, al cine o a museos.
La escuela combina clases presenciales en grupos pequeños con salidas culturales y talleres prácticos. Ambas alumnas coinciden en que la tecnología no reemplaza el contacto humano, pero sí abre puertas a la autonomía. Guadalupe ahora realiza trámites en línea, usa la “Llave de la Ciudad” para comunicarse con autoridades locales y maneja su banca digital sin ayuda.
Graciela lo resume con su propio lema: “Hay que morir en el intento, como dice Almodóvar. La edad no debe ser un animal para aprender”.
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