
El duelo: no estás solo y tu dolor merece espacio
El duelo es una respuesta humana y necesaria ante la pérdida. Comprender sus etapas —desde la negación hasta la aceptación— y reconocer los distintos tipos de duelo puede ayudarte a transitarlo con mayor compasión. Vivirlo, y no evitarlo, es parte esencial del proceso de sanación y crecimiento emocional.
Nadie es ajeno al dolor. No estás solo –es importante que lo sepas, y que te permitas vivir este proceso natural.
“No diré no lloréis, pues no todas las lágrimas son amargas.” ― J.R.R. Tolkien
El duelo y sus conceptos
El duelo es una respuesta intrínseca al fallecimiento de un ser querido. Y aunque no siempre este sentimiento debe de estar atado a la pérdida de alguien a quien queríamos, es la eventualidad con la que más se asocia.
Los tres conceptos principales asociados con el duelo son la pérdida, el dolor y el luto. La pérdida es la ausencia de una posesión o futura posesión con la respuesta del dolor y la expresión del luto. El dolor es la respuesta emocional, definida como los sentimientos y respuestas individualizados y personalizados que una persona tiene ante una pérdida real, percibida o anticipada. El luto es la expresión social externa de la pérdida. Las personas expresan exteriormente la pérdida basándose en sus normas culturales, costumbres y prácticas, incluidos los rituales y tradiciones.
Es importante mencionar que las personas a las que les han dado diagnósticos terminales también pasan por un proceso de duelo para sí mismos –por todo lo que no hicieron, lo que querían hacer; el pasado, el futuro que nunca será y sus arrepentimientos. De hecho, las fases del duelo como las conocemos ahora son el resultado de entrevistas a más de 200 personas con enfermedades terminales por la Dra. Elisabeth Kubler-Ross en Sobre la muerte y el morir. Las fases son:
- Negación: Es posible que resulte difícil aceptar que la pérdida es real.
- Ira: Es posible que dirijas tu ira hacia múltiples fuentes, incluyendo a las personas que no pudieron salvar a tu ser querido, a tu figura divina, a ti mismo, o incluso a nadie en particular –puede ser solo un enojo errante.
- Negociación: Es posible que imagines llegar a un acuerdo para no tener que lidiar con la pérdida. También es posible que te arrepientas de acciones pasadas que, según tu imaginación, podrían haberte evitado la pérdida.
- Depresión: Es posible que experimentes las complejas emociones asociadas con la depresión, incluido el distanciamiento emocional.
- Aceptación: Con el tiempo, la mayoría de las personas aceptan la realidad de la pérdida, incluso si el dolor sigue presente.
Tipos de duelo
El duelo puede manifestarse de muchas maneras, en temporalidades variadas para cada quien y aunque un día parezca que se ha ido, es probable que salga a flote en cualquier momento. El proceso no es solo marcado y “etiquetado” por la pérdida, sino también por las circunstancias en las que ésta sucedió.
- Duelo anticipado: se define como el duelo previo a una pérdida, asociado al diagnóstico de una enfermedad aguda, crónica y/o terminal que padecen el paciente, la familia o los cuidadores.
- Duelo agudo: comienza inmediatamente después de la muerte de un ser querido e incluye la respuesta de separación y la respuesta al estrés. Durante este período de duelo agudo, la persona afectada puede sentirse confusa y/o insegura acerca de su papel social. Puede dejar de participar en sus actividades habituales y experimentar incredulidad y conmoción por la pérdida de su ser querido.
- Duelo normal: puede sentirse en el cuerpo (como cansancio, opresión o debilidad), en las emociones (tristeza, enojo, culpa, soledad o incluso alivio), en los pensamientos (confusión, dificultad para concentrarse o sensación de presencia del fallecido) y en la conducta (llanto, aislamiento, bajo rendimiento o evitar recordatorios).
- Duelo no reconocido: es el duelo por cualquier pérdida que no se valida ni se reconoce. Las personas afectadas por este tipo de duelo no se sienten libres para reconocer abiertamente su dolor.
- Duelo complicado: se observa en el 10-20 % de las personas que sufren la muerte de su pareja, y las estimaciones son aún mayores en el caso de los padres que han perdido a un hijo. Entre los factores de riesgo para desarrollar un duelo complicado se incluyen la muerte repentina o traumática, el suicidio, el homicidio, una relación de dependencia con el fallecido, una enfermedad crónica, la muerte de un hijo, pérdidas múltiples, un duelo no resuelto por pérdidas anteriores, factores estresantes concurrentes, ser testigo de un proceso de muerte difícil, como el dolor y el sufrimiento, la falta de sistemas de apoyo y la falta de un sistema de creencias.
¿Hay algún profesional que me pueda ayudar?
Sí. No estás solo y si lo consideras necesario puedes buscar a un psicólogo del duelo en tu ciudad y agendar una cita para que te ayuden durante este proceso. Ellos no solo te pueden ayudar a aceptar la pérdida, también te darán herramientas para el manejo del dolor y, eventualmente, podrás restaurar tu bienestar. De hecho, en la medicina, existe una disciplina dedicada al estudio de la muerte, el morir y el duelo, con un enfoque interdisciplinario en las áreas médica, psicológica, social y espiritual; la tanatología.
La importancia de vivir tu duelo y quién puede ayudar en este proceso
No vivir un duelo es hacernos daño. Es poner en pausa algo que debe de ser vivido libremente, y aunque todos lo experimentamos de maneras diferentes, es importante que dejemos que suceda.
Recordemos que el duelo no nada más es la tristeza ante un fallecimiento, es también el amor perseverando –un sentimiento tan humano que se nos sale de control. Aunque es asimilar que para esa persona no hay una mañana, también es aceptar que para ti sí y que te quedas con el significado de sus ayeres.
Vivir esto no te hace “débil” o incapaz de ninguna manera, al contrario, es un proceso que contribuye a nuestra madurez y salud emocional integral. Sí, es verdad que el duelo va y viene, y que probablemente nunca se vaya, pero dedicarle su tiempo es perfectamente aceptable y necesario.
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