
El presupuesto como herramienta clave para gastar mejor y ahorrar más
Llevar un presupuesto claro permite entender en qué se va el dinero, detectar gastos hormiga, eliminar suscripciones innecesarias y tomar decisiones más conscientes. Con una revisión constante, esta herramienta ordena ingresos y pagos, reduce el estrés y ayuda a construir estabilidad.
Para muchas personas mayores de 50 años, el presupuesto se convierte en una brújula. En esta etapa, donde los ingresos pueden cambiar, las responsabilidades familiares se transforman y el retiro se acerca, llevar un control del dinero ofrece claridad, estabilidad y, sobre todo, tranquilidad.
Elizabeth Mondragón, asesora financiera, lo resume de forma simple: “El presupuesto es una lista donde anotas todos tus ingresos y gastos divididos en fijos y variables”. En los gastos fijos entran vivienda, colegiaturas, créditos o servicios que no cambian mes con mes. En lo variable -comida, entretenimiento, regalos, estilo de vida-, se requiere mayor atención porque ahí suelen esconderse fugas que desequilibran el bolsillo.
Francisco Orozco, profesor de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey, explica que “el presupuesto es la principal herramienta que alguien tiene en sus finanzas, lo que no se puede medir, no se puede controlar; lo que no se puede controlar, no se puede mejorar”.
A partir de los 50, dice, las finanzas cambian de lógica. Algunas personas viven su mejor etapa laboral, otras tienen ingresos variables y otras empiezan a planear seriamente el retiro. Por ello, cada vez más personas domicilian las aportaciones voluntarias en la AFORE como una forma sencilla de apartar una parte del ingreso para su Yo del Futuro®, sin complicaciones. Ese cambio de lógica financiera muestra por qué, ante este escenario, el presupuesto funciona como un mapa, una guía que da camino y claridad.
Entre los errores más frecuentes a la hora de armar un presupuesto, está la dismorfia financiera, un sesgo que lleva a mantener un estilo de vida que ya no corresponde a los ingresos reales. Esto se manifiesta en servicios que ya no se necesitan, compras impulsivas o gastos que antes eran indispensables para una familia más grande, pero que hoy solo drenan recursos.
Las fugas silenciosas
Elizabeth Mondragón recuerda que los llamados gastos hormiga (cafés diarios, refrescos, chicles, cigarros) pueden consumir más de 2,000 pesos al mes. Y en México, los gastos vampiro (suscripciones o servicios recurrentes que casi no se usan) representan hasta 700 pesos mensuales. La clave para identificarlos es hacerlos visibles: “Lo que no se hace consciente, no se puede modificar”.
Registrar todo, incluso los 10 pesos del chicle o los 50 del café, permite entender en qué se va realmente el dinero. Una vez en papel o en una app, aparecen oportunidades, como cocinar más en casa, reducir las comidas fuera, cancelar suscripciones olvidadas o sustituir hábitos costosos sin sacrificar calidad de vida.
Las categorías indispensables después de los 50
En esta etapa de vida, dice la asesora financiera, los gastos más relevantes se dividen en tres columnas:
- Gastos fijos: vivienda, transporte, educación de hijos o nietos, seguros, créditos.
- Gastos variables: comida, ropa, entretenimiento, estilo de vida.
- Ahorro e inversiones: un mandatorio. Primero, un fondo de emergencia de tres meses; después, aportar entre 5% y 20% del ingreso mensual, empezando poco a poco si es necesario.
Francisco Orozco coincide en priorizar los objetivos familiares y la salud financiera rumbo al retiro. Hablar de dinero en casa, insiste, es central: “Si no se platica de dinero en la familia, se genera un efecto dominó de malas decisiones financieras”.
Llevar un presupuesto no solo organiza gastos, mejora la salud emocional. El estrés financiero afecta el sueño, la productividad y las relaciones familiares. El profesor del Tecnológico de Monterrey destaca que “una persona que sufre de estrés financiero trae este pensamiento negativo recurrente… hablar de bienestar financiero es entender cómo mitigar la vulnerabilidad financiera”.
La alternativa es la resiliencia financiera, anticiparse, planear y tomar decisiones con calma.
¿Por dónde empezar si nunca he hecho un presupuesto?
La recomendación es iniciar fácil y sin perfeccionismo:
- Registrar gastos diarios: en una libreta, una app o incluso un chat de WhatsApp contigo mismo o con la familia.
- Revisar quincenalmente y ajustar mensualmente.
- Identificar prioridades: salud, retiro, vivienda, metas familiares.
- Recortar sin castigar la vida: no se trata de vivir con culpa, sino de elegir mejor.
Como dice Mondragón: “Nunca es tarde para ordenar las finanzas. En cualquier momento de la vida lo puedes hacer.” El presupuesto no es una restricción, es una herramienta para vivir con más control, menos estrés y mayor libertad financiera en la segunda mitad de la vida.
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