
Cuando el recuerdo de mi mamá me hace ser más feliz
Un texto lleno de significados, para muchos que hoy, extrañamos a mamá.
Hoy, con más de medio siglo de vida, entendí algo que no supe ver a tiempo: el recuerdo de mi mamá no me entristece… me hace ser más feliz.
A veces, la ausencia pesa, pero su imagen en mi memoria es una fuente constante de alegría. La veo clara, con su risa en la cocina, su voz que aconsejaba sin herir, su mano que aliviaba con solo tocarme la frente cuando era niña. No lo sabía entonces, pero en esos gestos me enseñaba que me amaba.
Al paso del tiempo, de joven, cuando quería comerme al mundo, fue ella quien me dio alas… y ancla. Me dejó partir con el alma hecha nudo, pero con ese beso en la frente que aún me acompaña cuando todo va bien. Sus palabras, “Creo en ti”, siguen marcando mi camino.
Ya de adulta, cuando tuve mi propia familia, descubrí cuánto de ella vivía en mí. Repetía sus frases, cocinaba como ella, y entendía por fin sus silencios. Su amor estaba presente incluso cuando no la nombraba.
Hoy, desde este presente, sé que mamá fue y sigue siendo mi raíz. Su risa vive en mi memoria, sus enseñanzas en mis decisiones, y su amor en mi forma de estar en el mundo.
No tengo ya sus manos para besar, pero tengo su presencia en mi corazón. Y eso, aunque duela un poco, también me hace sonreír.
Gracias, mamá. Por tanto. Por siempre.
Autor: Alguien que te sigue amando y extrañando a mamá como cuando era niña
Homenaje a mi mamá
¿Te gustó el artículo?





