
El edadismo digital: ¿estamos diseñando un internet para todos?
En México, el edadismo digital limita el acceso de los adultos mayores a servicios, salud y trámites en línea, al encontrarse con plataformas poco accesibles y una banca que los excluye. Especialistas advierten que la brecha no solo responde a la edad, sino también a factores culturales, de género y educativos. El reto es diseñar un internet inclusivo que garantice dignidad y autonomía, evitando que la tecnología se convierta en una nueva forma de desigualdad.
México avanza hacia una sociedad digital, pero lo hace dejando atrás a millones de ciudadanos. En agosto de 2025, el país cuenta con aproximadamente 17.1 millones de personas adultas mayores (60 años o más), lo que representa el 12.8% de la población total y se estima que para el año 2050, esta cifra aumentará a 33.3 millones, alcanzando cerca del 23% de la población nacional, según el Conapo. Ante este panorama, la pregunta es inevitable, ¿estamos diseñando un internet para todos?
La respuesta, de acuerdo con especialistas, no es alentadora. El fenómeno tiene nombre: edadismo digital, es decir, la discriminación que enfrentan las personas mayores en el uso de tecnologías y plataformas.
“Las personas mayores de 50 años no crecimos siendo digitales, lo hemos tenido que aprender sobre la marcha. Eso nos deja de lado”, explica Yolanda Burgos, psicoterapeuta y gerontóloga. “El edadismo digital es toda tecnología que no incluya a las personas mayores para que puedan ser autónomas y que las obliga a depender de otros, mermando su dignidad”.
La brecha es profunda. Según Burgos, quien también es autora del libro “Mis padres están envejeciendo”, entre los 50 y 60 años ya es grande, pero a partir de los 60 “es brutal”, especialmente en servicios financieros. “En la banca es un gran problema; se está dejando de atender a un mercado enorme”, advierte.
En tanto, Luis Daniel Velázquez Bañales, profesor de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Comunicaciones de la Universidad La Salle, advierte que el edadismo digital no solo se explica por la edad o la falta de habilidades tecnológicas, sino también por factores culturales, de género y educativos.
“Desde la dimensión cultural se piensa que las tecnologías son para jóvenes, y eso genera que muchos adultos mayores no se sientan capaces de utilizarlas”, señala.
El académico subraya que la exclusión digital no es homogénea: depende del contexto (urbano o rural), del nivel educativo y del género. “En zonas urbanas hay más acceso, pero en zonas rurales las limitaciones son mucho mayores. Además, mientras muchas mujeres adultas mayores usan la tecnología para comunicarse, son menos quienes la emplean en la gestión financiera, porque culturalmente eso se ha reservado a los hombres”, explica.
Las consecuencias de esta exclusión van más allá de la falta de acceso a servicios digitales, pues afectan derechos básicos y la propia participación ciudadana. La exclusión de los adultos mayores genera procesos de aislamiento social y rezagos en el ejercicio de derechos que hoy sólo pueden realizarse en línea, como trámites o citas médicas, añade Velázquez.
Frente a esta realidad, los especialistas coinciden en que el camino hacia un internet inclusivo exige cambios profundos. Para Burgos, es indispensable que quienes diseñan tecnologías comprendan el proceso de envejecimiento y pasen el micrófono a las personas mayores, para que sean ellas quienes digan qué necesitan.
Además, basta con interfaces “más amables”, sino que se requieren protocolos específicos de atención. “Si un adulto mayor no puede ir al banco por enfermedad, no se le puede obligar a asistir físicamente; deben existir mecanismos alternativos para garantizar su autonomía”, propone el académico de la Universidad La Salle.
El desafío es enorme: construir un internet que no solo piense en la juventud y la productividad económica, sino que garantice la inclusión de quienes representan un sector cada vez más amplio de la sociedad.
El dilema, entonces, no es tecnológico, sino ético y social: ¿queremos un internet que amplifique la desigualdad, o uno que garantice dignidad y autonomía a todos? El tiempo corre, y las decisiones que se tomen hoy marcarán la vida digital de millones de adultos mayores en las próximas décadas.
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