
Masculinidad, emociones y el peso del silencio
A muchos hombres se les enseña a guardar silencio sobre lo que sienten. Reprimir emociones no los hace más fuertes, solo más solos. Hablar, sentir y conectar no es debilidad, es parte de crecer y sanar.
Desde pequeños, muchos hombres son educados con la idea de que sentir no está prohibido, pero debe hacerse en silencio, sin que nadie lo note. Llorar se considera una debilidad, mostrarse vulnerable es peligroso, y hablar de emociones, en el mejor de los casos, es visto como innecesario. Esta norma cultural, repetida por generaciones, ha dejado una huella profunda en la manera en que los hombres viven —o callan— sus emociones. De acuerdo con el Dr. Assael Romanelli de Psychology Today, a esta dificultad para identificar y expresar lo que sienten se le conoce como alexitimia masculina normativa.
Según un estudio realizado en 2018 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), coordinado por César Torres Cruz, académico del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM, el modelo hegemónico de masculinidad enseña que ser hombre implica ser fuerte, arriesgado, temerario y enfrentar el peligro. Sin embargo, en la vida cotidiana, estas ideas tienen efectos nocivos para los propios hombres.
El problema no es la falta de sentimientos, sino la ausencia de permiso —externo e interno— para sentir abiertamente. Romper con esa norma requiere desaprender mucho de lo que nos enseñaron. Y, sobre todo, exige acompañamiento: espacios donde hablar no sea sinónimo de debilidad, sino de fortaleza; donde la vulnerabilidad no reste, sino que sume.
Desaprender lo aprendido nunca es fácil, sin importar la edad, pero tampoco es imposible. No se trata de ser “más” o “menos” hombre, sino de ser un ser humano completo. Parte de la adultez funcional implica aprender a identificar, manifestar y gestionar las emociones, sobre todo cuando estas afectan a quienes nos rodean. Y nunca es tarde para comenzar. Nunca tienes demasiados años para decirle a tu padre que lo quieres, a tu hijo que lo sientes o a tu madre que le agradeces todo lo que ha hecho por ti.
Expresar lo que sentimos con claridad no solo representa un signo de madurez emocional, sino también un factor crucial para el bienestar personal y la calidad de nuestras relaciones. Cuando los sentimientos no se expresan, pueden transformarse en frustración, aislamiento o incluso enojo. La tristeza se disfraza de ira, el miedo se silencia, y la ansiedad se ignora. Todo esto impacta directamente no solo en la salud mental de los hombres, sino también en sus vínculos más cercanos.
Callar no es lo correcto. Mucho menos cuando ese silencio ha sido impuesto por una sociedad que enseñó a reprimir lo que sentimos. Hablar, en cambio, puede ser el primer paso para sanar. Si este tema te hizo reflexionar, compártelo. Tal vez alguien cercano también necesite leerlo, reconocerse en estas palabras o empezar a hablar de lo que siente.
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