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Amigos

De nuestros contactos...¿con quién compartimos realmente nuestra vida?

Podemos tener cientos de contactos en el teléfono y, aun así, no tener con quién conversar con calma. Estar hiperconectados no siempre equivale a sentirnos acompañados. La Dra. Grisel Gold reflexiona sobre cómo nuestros círculos sociales cambian con los años, por qué los vínculos reales exigen presencia y cómo nunca es tarde para tomar la iniciativa y abrir la puerta a nuevas amistades significativas.

Dra. Grisel Gold
Dra. Grisel Gold
Autor verificado

Vivimos en una época en la que comunicarnos nunca fue tan fácil. Con un mensaje, una llamada o una videollamada podemos estar cerca de personas que viven a miles de kilómetros. Las redes sociales nos permiten saber qué hacen nuestros amigos, conocidos y hasta personas con las que hace años no tenemos contacto.

Sin embargo, hay una pregunta que vale la pena hacernos: ¿Estar conectados significa necesariamente sentirnos acompañados?

¿Por qué nos es más fácil platicar en Facebook con alguien de Australia que con un vecino de nuestro condominio ?

Podemos tener cientos de contactos en el teléfono, participar en varios grupos de WhatsApp y pasar tiempo en las redes sociales, pero eso no siempre se traduce en tener con quién conversar tranquilamente, compartir una preocupación o disfrutar de un momento sin mirar el reloj.

Los vínculos necesitan algo más que comunicación. Necesitan tiempo, presencia, escucha y, sobre todo, espacios compartidos.

¿Qué pasa cuando nuestros círculos empiezan a cambiar?

A lo largo de la vida, nuestras relaciones se transforman. Cambiamos de trabajo, nos mudamos de ciudad o de país, nuestros hijos crecen, algunas amistades se distancian y las rutinas que antes nos conectaban con otras personas dejan de existir.

A veces, sin darnos cuenta, nuestro mundo social se va reduciendo. No necesariamente porque queramos estar solos, sino porque dejamos de tener esos espacios cotidianos en los que conocer gente y construir nuevas amistades sucedía de manera natural.

De jóvenes, muchas relaciones nacen en la escuela, la universidad o el trabajo. Más adelante, conocer personas nuevas requiere algo diferente: tomar la iniciativa, salir de nuestras rutinas y animarnos a compartir experiencias con quienes todavía no conocemos.

Y eso no siempre resulta sencillo.

¿Cuándo fue la última vez que hiciste un nuevo amigo? No alguien a quien agregaste a tus redes, sino una persona con la que realmente te gustaría volver a encontrarte.

La amistad también necesita nuevas oportunidades

Quizás sea momento de dejar de esperar que los encuentros sucedan espontáneamente y empezar a generarlos.

Aceptar una invitación, proponer un café, sumarnos a una actividad que nos interese, participar en un taller o animarnos a conocer personas con historias y experiencias diferentes a las nuestras puede abrir puertas inesperadas.

No se trata de tener muchos amigos ni de llenar nuestra agenda de actividades. Se trata de construir relaciones significativas, encontrar intereses compartidos y crear espacios en los que podamos sentirnos cómodos siendo quienes somos.

Y hay algo especialmente interesante: conocer personas nuevas también nos permite descubrir aspectos de nosotros mismos que quizás teníamos olvidados.

Una conversación puede despertar una curiosidad, una actividad puede convertirse en una pasión y un encuentro casual puede dar origen a una amistad que nunca imaginamos.

Nunca es tarde para ampliar nuestro mundo

A medida que vivimos más años, también tenemos la oportunidad de atravesar nuevas etapas, explorar intereses y construir relaciones diferentes.

No tenemos por qué conservar para siempre los mismos círculos sociales ni conformarnos con una vida de relaciones que ya no nos alcanza. Podemos crear nuevas formas de encontrarnos, compartir y pertenecer.

Tal vez el desafío de esta época no sea solamente aprender a utilizar mejor la tecnología, sino recordar que detrás de cada pantalla hay personas y que los vínculos más valiosos necesitan algo que no se puede enviar por mensaje: nuestra presencia.

Porque estar acompañados no depende únicamente de cuántas personas conocemos, sino también de cuánto espacio hacemos para ellas en nuestra vida.

Y a ti, ¿te resulta fácil conocer gente nueva y construir amistades en esta etapa de tu vida? ¿O sentís que, con los años, hacer nuevos vínculos se vuelve más difícil?

Quizás compartir nuestras experiencias sea también una buena manera de empezar a cambiarlo.

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