
Feliz día del Padre… ausente
La figura paterna no es intercambiable. Su ausencia puede traducirse en inseguridad, baja autoestima, dificultades para relacionarse e incluso patrones de dependencia emocional en la adultez.
En México, el abandono paterno no es una excepción, sino un patrón silencioso que atraviesa generaciones. La narrativa social suele centrarse en la fortaleza de las madres que “sacan adelante a sus hijos solas”, pero omite el fondo del problema: un Estado que no sanciona, un sistema legal rebasado y una cultura que perdona la ausencia de los padres.
De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, más de 10.4 millones de hogares en México están encabezados por mujeres, lo que representa el 31% de las viviendas habitadas del país. La ausencia paterna, ya sea por abandono, negligencia o desinterés, es uno de los principales factores detrás de estas cifras.
“Paternar significa cubrir no solo las necesidades básicas como alimento, salud y educación, sino también ser un referente emocional, un modelo para descubrir el mundo, alguien que cuida, protege y da seguridad (...) Es una figura muy significativa, sobre todo en la infancia”, afirma Mónica Figueroa, terapeuta especializada en relaciones familiares y de pareja.
El problema no es nuevo, pero cada vez es más evidente. “En México, existen más de 25 millones de familias, y la mayoría de ellas tienen un proceso de desintegración muy grave, estamos hablando de entre ocho y 10 millones de niños en estas condiciones”, refiere Israel Sánchez Martínez, presidente de la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF).
En este contexto, agrega, “la mujer, a diferencia del hombre, es la que busca la estabilidad económica, física y emocional de los hijos, tienen más ese sentido de cuidado, cobijo y procuran que sus acciones no afecten su estabilidad”.
La falta de una figura paterna estable refleja la debilidad estructural para hacer cumplir la ley en México. Según la Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH 2021), el 67% de las mujeres separadas, divorciadas o con hijos fuera de matrimonio no recibe pensión alimenticia. Esto significa que dos de cada tres padres incumplen con la obligación legal de mantener a sus hijos sin enfrentar consecuencias efectivas.
Desde la UNPF, han identificado distintos patrones de abandono: hombres que cortan toda comunicación tras una separación, otros que incumplen con sus obligaciones económicas pese a tener ingresos, y muchos más que reducen su rol de padre a una visita esporádica, si acaso. En cualquier de estos casos, las consecuencias emocionales para los hijos son visibles.
Impacto emocional y social
Para Mónica Figueroa, la ausencia paterna tiene un impacto psicológico profundo y duradero, especialmente cuando ocurre en los primeros años de vida. “No solo deja una herida de abandono, también genera dudas sobre el propio valor, sobre el amor, sobre la confianza. Deja una marca emocional: la inseguridad, la falta de respaldo, el dolor de no sentirse amado o elegido por alguien que biológicamente estaba programado para cuidarte”, explica.
En su consulta, ha visto que muchas personas adultas enfrentan problemas en sus relaciones personales, baja autoestima y patrones de dependencia emocional, todos ellos originados (en parte) por una figura paterna que no estuvo. “Una madre presente no compensa la falta de un padre comprometido. Lo emocional no es intercambiable”, añade.
La ausencia paterna además de dejar huellas en el núcleo familiar, también afecta al desarrollo social del país. Diversos estudios han documentado que la falta de una figura paterna estable está asociada con mayor deserción escolar, riesgo de pobreza, y vulnerabilidad emocional en la infancia y adolescencia.
“No se trata de idealizar a los padres ni de romantizar su rol, sino de asumir que la responsabilidad no debería ser optativa”, advierte Mónica. “Estamos criando generaciones heridas, llenas de preguntas sin respuesta. Y lo más duro es que muchas veces ni siquiera hay con quién confrontar ese dolor”.
Socialmente, la terapeuta asegura que el peso sobre la inexistente figura paterna es muy fuerte, lo que se refleja en dinámicas como el bullying o el señalamiento de los niños con padres ausentes.
Israel Sánchez coincide: “Esta situación está generando problemas de acoso. En los próximos 5 años, vamos a tener niños que nacieron en condiciones de violencia, si es que esto se convierte en una dinámica familiar normal. Y, sin duda, los que más pierden son los infantes”.
La paternidad ausente es un problema que se replica y perpetúa. Los datos muestran que no es una cuestión aislada ni accidental, sino un fenómeno arraigado que requiere atención urgente en todos sus frentes: legal, social y cultural.
Desde la Unión Nacional de Padres de Familia se insiste en que la paternidad es una tarea insustituible y complementaria, fundamental para el desarrollo integral de los hijos. Ser padre no se reduce a la provisión económica, sino que implica ejercer límites, asumir responsabilidades y contribuir al fortalecimiento de la identidad de los infantes.
“La figura paterna no es sustituible, puede haber figuras que ayuden, que complementen, pero nunca que sustituyan. El niño necesita esa complementariedad para tener identidad, para tener seguridad, para tener fortaleza”, concluye Israel Sánchez Martínez.
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