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Frases de mamá que nos hacen sentir seguros hasta la adultez

“Mamá me lo dijo primero”. Esa vocecita de mamá sigue aquí… y me cuida mejor que nunca

En medio de una vida que puede sentirse caótica, de un cuerpo que cambia y una mente que a veces nos falla, lo que no olvidamos son algunas frases de mamá, esas que siguen siendo nuestro lugar seguro.

Redacción Soy+
Redacción
Autor verificado

¿A poco no?, hay frases que se nos quedan grabadas en la mente desde que somos niños. No venían en libros ni en instructivos, pero nos las repetían tanto y con tanto amor (y a veces con regaños), que terminaron por quedarse en la memoria… y en el corazón. Hoy, con más experiencia de vida, descubrimos que muchas de esas advertencias no solo eran sabias, también eran preventivas. Y que en momentos clave, esa vocecita regresa como un escudo invisible.

“Mamá me lo dijo primero”, pensamos cuando evitamos una calle oscura, cuando avisamos a alguien a dónde vamos o cuando decidimos hablar si algo no anda bien. Cuatro miembros de la comunidad Soy+ comparten aquí cómo aquellos consejos de la niñez —a veces ignorados, otras repetidos sin querer— hoy se han vuelto su mejor forma de cuidarse en esta nueva etapa de vida.

1° testimonio:

“Siempre avísame a dónde vas”

Testimonio de Lucía, 45 años

Lucía recuerda a su madre gritándole desde la puerta: “¡Y me avisas a dónde vas!”. En aquel entonces, lo sentía como una exigencia. Hoy, es su estrategia de seguridad.

“Cada que salgo, le escribo a mi hija a dónde voy, si tomé taxi o camión, incluso si ya llegué. No es miedo, es cuidado. Me siento más tranquila y sé que si algo pasara, no estoy sola”.

En una ciudad donde el ritmo parece no considerar a quienes caminan más lento, Lucía aprendió que comunicar su ubicación es un acto de amor propio. Esa vieja frase de su mamá, lejos de sonar anticuada, hoy le da paz.

2° testimonio:

“No hables con extraños”

Testimonio de Manuel, 51 años

De niño, Manuel no entendía por qué su madre insistía tanto en que no hablara con desconocidos. “Ni una palabra, ¿eh? No sabes quién puede ser”, le decía cada vez que salía a jugar a la calle.

Décadas después, esa frase le ha salvado más de una vez.

“Hace poco, un hombre se me acercó en la banqueta con un mapa en la mano y una historia extraña… algo en mí se encendió. Le dije que no podía ayudarlo y seguí caminando. Ya no dudo de esa intuición, porque la ciudad ha cambiado, y uno también se vuelve más vulnerable con los años”, relata.

Manuel evita distracciones cuando camina solo, no saca el celular en la vía pública y prefiere calles conocidas y transitadas. “No es paranoia —dice—, es sabiduría acumulada. Mamá me enseñó a no confiar a ciegas, y hoy su consejo me protege”.

Lo que antes parecía un regaño sin sentido, hoy es una herramienta práctica para mantenerse a salvo. “Esa voz sigue ahí, cuidándome. Es como si caminara conmigo, recordándome que mi vida vale y merece ser cuidada”.

3° testimonio:

“No vayas a donde sabes que puede ser peligroso”

Testimonio de Carmen, 58 años

A Carmen le quedó grabada la voz firme de su madre: “Si sabes que es un lugar feo, no vayas. No importa quién te invite”. En su adolescencia le parecía exagerado, pero hoy, esa advertencia guía sus decisiones diarias.

“Yo utilizo apps para no tomar rutas por colonias solas o peligrosas. Incluso si es más largo el camino, prefiero rodear. Cuando me invitan a algo y veo que es en una zona riesgosa, agradezco y no voy. Así de sencillo. Esa prudencia me da paz”.

Carmen aprendió que tener experiencia también significa reconocer los propios límites y saber elegir el entorno. “No se trata de vivir con miedo, sino con conciencia. Esa voz de mi mamá me enseñó a valorarme lo suficiente para no arriesgarme sin necesidad”.

Hoy, con casi seis décadas vividas, Carmen se siente más fuerte cuando elige cuidarse sin disculpas. “La seguridad empieza por saber decir no”.

4° testimonio

“Si te sientes mal, dilo”

Testimonio de Jorge, 73 años

Para Jorge, hablar de cómo se siente nunca fue fácil. “Crecí con la idea de que los hombres no se quejan. Pero mi mamá siempre me decía: ‘Si algo te duele o te pasa, dímelo’”.

Hoy, esa frase es su herramienta más poderosa. Cuando notó los primeros signos de deterioro cognitivo —olvidos, confusiones con fechas— no lo ocultó. Buscó ayuda médica y comenzó terapia ocupacional. También se apoyó en su grupo de amistades para mantenerse activo.

“Me di cuenta de que quedarse callado no es valentía, es peligroso. Hablar es cuidarse. Mi mamá me enseñó a no tragarme el dolor”.

La sabiduría que nunca envejece

Muchos de los consejos que hoy consideramos fundamentales para nuestra seguridad física, emocional y mental tienen origen en esas frases cotidianas que escuchamos desde pequeños. Son parte de nuestra herencia emocional, y resignificarlos en esta etapa es también una forma de honrar a quienes nos cuidaron primero.

En un mundo que cambia rápido, donde la tecnología avanza y los cuerpos cambian, estas frases son anclas. Nos devuelven a lo esencial: el cuidado, la prevención, la compañía, el derecho a sentirse protegidos.

Y cuando menos lo esperamos, ahí está esa voz en la mente repitiendo lo que parecía un simple consejo infantil… pero que, con el paso del tiempo, se volvió guía: mamá me lo dijo primero.

¿Tú también tienes un consejo de mamá que hoy te cuida? Compártelo con nosotros y con quienes necesitan recordar que el amor más sencillo es también el más poderoso.


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