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Glosario del edadismo: las palabras que necesitamos conocer

Es importante que todos conozcamos estos conceptos.

Dra. Grisel Gold
Dra. Grisel Gold
Autor verificado

Una reclutadora de talento debía presentar al CEO de una empresa dos candidatos para una posición. Para evitar prejuicios, decidió mostrarle los currículums sin fotografías y sin información que revelara inmediatamente la edad de las personas.

El CEO revisó ambos perfiles. Analizó su formación, experiencia y trayectoria profesional. Finalmente, eligió uno de los dos candidatos.

Entonces la reclutadora le dio un dato que hasta ese momento desconocía: el candidato que había seleccionado tenía más de 50 años.

La decisión cambió.

El CEO volvió a mirar los currículums y terminó inclinándose por el candidato de 35 años. ¿Qué había cambiado?

Nada.

Las competencias seguían siendo las mismas. La experiencia no había desaparecido. La trayectoria profesional era exactamente la que había valorado unos minutos antes. El único dato nuevo era la edad.

Y allí aparece el edadismo.

Esta situación nos invita a reflexionar sobre algo que sucede con más frecuencia de la que imaginamos. Muchas veces creemos que tomamos decisiones objetivas, pero nuestras elecciones pueden estar atravesadas por creencias y prejuicios sobre lo que una persona puede, debe o no puede hacer según su edad.

El problema es que el edadismo muchas veces permanece invisible. Se esconde detrás de comentarios aparentemente inocentes, bromas, decisiones laborales o expresiones que hemos naturalizado. Por eso, ponerle nombre es un primer paso fundamental para reconocerlo y combatirlo.

Edadismo

El edadismo es el conjunto de estereotipos, prejuicios y formas de discriminación hacia una persona por su edad.

Puede afectar a personas jóvenes y mayores, aunque en nuestra sociedad suele tener un impacto muy importante en las personas mayores. Aparece cuando asumimos, por ejemplo, que después de cierta edad ya no se puede aprender, innovar, trabajar, cambiar de profesión o comenzar un nuevo proyecto.

Frases como “para tu edad estás muy bien” o “eso ya no es para vos” pueden parecer inocentes, pero muchas veces revelan expectativas limitantes sobre lo que significa cumplir años.

Estereotipos etarios

Son creencias generalizadas que atribuimos a las personas simplemente por pertenecer a un determinado grupo de edad.

Pensar que todas las personas mayores tienen dificultades con la tecnología, que son resistentes al cambio o que tienen menos capacidad para aprender son ejemplos de estereotipos etarios.

La realidad es mucho más diversa. La edad no determina por sí sola las capacidades, intereses, talentos o posibilidades de una persona.

Viejismo

Es una forma de edadismo que se manifiesta específicamente a través de actitudes despectivas hacia las personas mayores.

Puede aparecer en el lenguaje, en los medios de comunicación, en el ámbito laboral o incluso en la manera en que la sociedad representa la vejez.

El viejismo convierte a un grupo tan diverso como las personas mayores en una categoría homogénea, ignorando sus diferencias, experiencias y capacidades.

Infantilización

Infantilizar significa tratar a una persona adulta como si fuera un niño, quitándole autonomía o suponiendo que no puede tomar decisiones por sí misma.

Hablarle con diminutivos, decidir por ella sin consultarla o asumir automáticamente que necesita ayuda son algunas formas de infantilización.

Cuidar no significa sustituir la capacidad de decisión de una persona.

Edad cronológica y edad biológica

La edad cronológica es la que aparece en nuestro documento de identidad: los años que hemos vivido.

Pero dos personas con la misma edad cronológica pueden tener realidades, capacidades, intereses y condiciones de vida completamente diferentes.

Por eso, reducir a una persona a un número puede llevarnos a tomar decisiones injustas. La edad es una característica más, pero no define la totalidad de quiénes somos ni nuestro potencial.

Edad subjetiva

La edad subjetiva tiene que ver con la edad que sentimos. Muchas personas no se identifican con las expectativas sociales asociadas a su edad cronológica.

Una persona de 60 años puede estar iniciando una carrera, emprendiendo, aprendiendo una nueva habilidad o viviendo una etapa de gran transformación.

Tal vez por eso necesitamos dejar de pensar la vida como un camino rígido, con fechas de vencimiento para estudiar, trabajar, reinventarnos o soñar.

Diversidad intergeneracional

La diversidad generacional reconoce el valor de convivir y trabajar con personas de diferentes edades y trayectorias.

En lugar de enfrentar generaciones —jóvenes contra mayores—, podemos construir espacios donde las distintas experiencias se complementen.

La innovación no tiene edad, y tampoco la experiencia. Las organizaciones que entienden esto pueden construir equipos más diversos, creativos y preparados para comprender una sociedad que también está cambiando.

Nueva longevidad

Estamos viviendo más años que las generaciones anteriores. Esto nos obliga a repensar cómo entendemos la vida, el trabajo, el aprendizaje y las distintas etapas que atravesamos.

La Nueva Longevidad propone justamente una mirada diferente: una vida más larga no debería significar más años de limitaciones, sino más oportunidades para construir nuevos proyectos y redefinir nuestras posibilidades.

Las palabras importan

Volvamos a la historia inicial.

El CEO eligió primero al candidato que consideró más adecuado para el puesto. Solo cambió de opinión cuando conoció su edad.

Tal vez el mayor desafío sea preguntarnos cuántas decisiones similares tomamos, incluso sin darnos cuenta.

Porque el edadismo no siempre es intencional. Muchas veces está profundamente incorporado en nuestra manera de hablar, pensar y decidir.

Por eso necesitamos aprender nuevas palabras y revisar las que usamos. Nombrar el edadismo nos permite hacerlo visible. Reconocer nuestros prejuicios nos permite cuestionarlos.

En una sociedad que vive cada vez más años, dejar de discriminar por edad no es solamente una cuestión de inclusión. Es una oportunidad para construir una sociedad más justa, diversa y capaz de valorar el talento en todas las etapas de la vida.

Porque, al final, antes de preguntar cuántos años tiene una persona, quizás deberíamos preguntarnos: ¿qué puede aportar?

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