
Koltin celebra un festival que demuestra que la creatividad no tiene edad
En el Festival de la Gran Comunidad, Koltin reunió movimiento, arte y escritura para mostrar cómo la creatividad y el encuentro fortalecen el bienestar de las personas mayores.
El Festival de la Gran Comunidad de Koltin, realizado el pasado 22 de noviembre, ofreció una jornada con actividades de movimiento, arte, conversación y convivencia dirigidas a personas mayores.
Tras clases abiertas de Tai Chi y ballet, una exposición artística y espacios de reflexión sobre la importancia de la comunidad, el evento alcanzó uno de sus momentos centrales con la presentación del libro “Nosotras en palabras. Habitando nuestra historia”, en una conversación guiada por la periodista Paola Rojas.
Este libro es el resultado del taller de escritura creativa que Koltin ofrece como parte de su programa de bienestar para personas mayores. Sus autoras -Marta Teresa de Jesús Jurado Muñoz, Lilia Lara Noyola, María Guadalupe León Escalante, María Elena Suárez Desentis, María del Carmen Trigo Tavera, María Guadalupe Velázquez Vázquez y Eugenia Popoy Wilk- iniciaron este espacio como un ejercicio de exploración personal, pero terminaron construyendo un proyecto literario colectivo que da cuenta del valor de la palabra como herramienta de salud emocional.
Bajo la guía de su tallerista, Eugenia, estas mujeres trabajaron durante meses textos que combinan memoria personal, narrativa autobiográfica, humor, poesía y reflexión íntima. Más que un libro, el proceso se convirtió en una red de acompañamiento donde la escritura abrió paso a conversaciones profundas, reconocimiento mutuo y una identidad compartida.
“La suma de nuestras individualidades creó algo que ninguna hubiera logrado sola”, coincidieron las autoras.
Siete voces, siete vidas
Cada una de las autoras aporta una perspectiva distinta. Marta destaca por su carácter frontal y su papel clave en que el libro existiera. Ella fue quien, ante la posibilidad de que el proyecto se cancelara, impulsó a la maestra a continuar. Su escritura combina reflexión personal con momentos de humor y determinación.
Carmen aporta relatos de profunda honestidad sobre su vida como madre divorciada en una época poco favorable para las mujeres solas. Habla de reconstrucción, fe, resiliencia y del mensaje que quiere transmitir a otras mujeres. “No estamos incompletas sin pareja. Somos valiosas a cualquier edad”, dice
Lilia, la mayor del grupo, representa la vitalidad y el humor. Es irreverente, crítica y profundamente humana. Su participación recuerda que la creatividad no desaparece con los años; por el contrario, puede afilarse con experiencia y libertad.
María Elena escribe desde el conocimiento, la investigación y la historia. En el taller destacó por sus textos sobre México profundo y por su capacidad para convertir el pasado en una reflexión actual.
Guadalupe, quien llegó al taller con timidez, sorprendió al grupo con un estilo poético lleno de metáforas y sensibilidad. Su obra se mueve entre los silencios íntimos y la expresión emocional más pura. Mientras que Guadalupe Velázquez es la autora del humor y los finales inesperados. Sus textos combinan vivencias personales con giros narrativos que provocaron risas y complicidad en la sala.
Elena, por su parte, escribe sobre procesos de reinvención en la madurez, como el divorcio, la maternidad, la vida profesional, la libertad tardía. Su relato es el de una mujer que, después de décadas, se permite aprender, hacer y arriesgar.
Juntas, sus voces componen un mosaico que refleja las múltiples formas de envejecer con dignidad, autonomía, sentido del humor y creatividad.
La escritura como vehículo de sanación
A lo largo de la presentación, las autoras coincidieron en que escribir les permitió revisar momentos significativos de sus vidas desde un lugar más amable. Para algunas, el taller se convirtió en una forma de ordenar emociones intensas, duelos, pérdidas, dudas o etapas de reinicio.
Para otras, fue un espacio inesperado donde descubrieron talentos que nunca antes habían explorado: la poesía, la narrativa, la ironía o el testimonio.
Varias señalaron que escribir en grupo les dio algo más: valoración propia. Muchas mujeres mayores, coincidieron, crecieron en generaciones que no les enseñaron a hablar de sí mismas, compartir emociones o asumir su voz como un espacio de autoridad. El taller les permitió hacerlo en comunidad, con seguridad y sin juicio.
Uno de los momentos más significativos ocurrió cuando Paola Rojas invitó a las autoras a describirse mutuamente. Ese intercambio reveló la solidez del grupo y la importancia de contar con espacios donde las mujeres mayores puedan reconocerse, celebrarse y validarse entre sí.
La dinámica mostró que este libro no solo surgió de la escritura, sino también del acompañamiento emocional, de la confianza y del respeto construido entre ellas. “Cuando una brilla, brillamos todas”, afirmaron, evidenciando que el proyecto literario es también un proyecto comunitario.
Más información sobre Koltin: www.soymas.la/beneficios/micrositio/koltin
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