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Mujeres trabajadoras

La experiencia no se jubila

Por qué necesitamos una nueva mirada sobre el talento, la edad y las posibilidades que se abren después de los 50.

Dra. Grisel Gold
Dra. Grisel Gold
Autor verificado

El 28 de agosto, México celebra el Día Nacional de las Personas Adultas Mayores. Una fecha que invita a reflexionar sobre algo que va mucho más allá de cumplir años: ¿qué lugar queremos ocupar en una sociedad en la que cada vez vivimos más?

Durante mucho tiempo asociamos el paso del tiempo con la pérdida: menos oportunidades, menos capacidad de aprender, menos posibilidades de cambiar. También construimos una idea bastante rígida de las etapas de la vida: estudiar, trabajar, formar una familia, jubilarse y, finalmente, retirarse.

Pero la realidad está cambiando.

Hoy muchas personas llegan a los 50, 60 o 70 años con ganas de seguir aprendiendo, trabajando, emprendiendo, viajando, creando proyectos, cambiando de profesión o simplemente haciendo cosas que antes no se habían permitido hacer.

La vida ya no cabe tan fácilmente dentro de las categorías con las que crecimos.

A eso me refiero cuando hablo de Nueva Longevidad. No se trata solamente de vivir más años. Se trata de repensar qué hacemos con esos años adicionales: cómo queremos vivirlos, relacionarnos, trabajar, aprender y seguir aportando.

El problema no es la edad. Es lo que suponemos sobre ella.

Uno de los grandes obstáculos para esta nueva realidad es el edadismo, la discriminación o los prejuicios asociados a la edad.

A veces aparece de manera evidente: una persona que deja de ser considerada para un puesto porque “ya está grande”. Otras veces es mucho más sutil: asumir que alguien +50 no se adaptará a la tecnología, que no tendrá interés en aprender algo nuevo o que sus conocimientos pertenecen al pasado.

Pero también existe un edadismo que podemos llegar a incorporar nosotros mismos.

“Ya estoy grande para empezar.”

“Eso es para gente joven.”

“¿A mi edad voy a cambiar de profesión?”

Son frases que pueden convertirse en límites mucho antes de que exista una verdadera limitación.

Y quizás uno de los grandes desafíos de esta nueva longevidad sea justamente dejar de preguntarnos qué podemos hacer a nuestra edad y empezar a preguntarnos qué queremos hacer con lo que sabemos, con lo que aprendimos y con todo lo que todavía podemos aprender.

Mi propia experiencia

Esta reflexión no es solamente profesional para mí. También es personal.

Después de más de 20 años de experiencia en la industria farmacéutica, llegó un momento en el que tuve que preguntarme qué quería hacer con todo ese recorrido.

Reconvertirse no significa borrar lo anterior. Tampoco significa empezar de cero.

Para mí significó darle un nuevo sentido a la experiencia acumulada, descubrir otros intereses, formarme en Nueva Longevidad y Economía Plateada y encontrar una nueva manera de aportar.

No fue un cambio inmediato ni lineal. Fue un proceso de preguntas, de dudas, de
aprendizajes y también de desaprender ciertas ideas sobre lo que “debería ser” una carrera profesional a determinada edad.

A los 61 años me ofrecieron trabajo en México como asesora médica de una startup de salud y por lo tanto decidí emigrar a CDMX hace casi 3 años.

Hoy, como médica y speaker, trabajo alrededor de la Nueva Longevidad, la diversidad intergeneracional y la inclusión de las personas +50. Y sigo aprendiendo.

Porque quizás una de las mejores cosas de esta etapa sea justamente descubrir que todavía podemos sorprendernos de nosotros mismos. Que no hay un punto final donde todo se detiene, sino nuevas formas de seguir construyendo sentido.

La experiencia no se jubila

Estamos frente a un cambio profundo. Viviremos más años y tendremos que aprender a construir sociedades, organizaciones y vidas que acompañen esa realidad.

La longevidad no debería convertirse en una extensión de la juventud ni en una lucha contra el paso del tiempo.

Debería ser una oportunidad para ampliar nuestras posibilidades de vida.

Tal vez necesitamos dejar de pensar que después de los 50 comienza una etapa de cierre y empezar a verla como una etapa de transformación.

Porque podemos cambiar de rumbo. Podemos aprender. Podemos equivocarnos. Podemos comenzar proyectos. Podemos seguir trabajando o decidir hacerlo de otra manera. Podemos enseñar y también seguir aprendiendo.

Y podemos seguir teniendo algo muy valioso para aportar.

Quizás la clave está en entender que la experiencia no es un punto de llegada, sino un proceso en movimiento. Que no se acumula para guardarse, sino para compartirse, adaptarse y re significarse.

En un mundo que cambia cada vez más rápido, la experiencia no pierde valor: cambia de forma. Se vuelve más flexible, más consciente, más integradora.

La experiencia no se jubila. Se transforma. Se actualiza. Se comparte. Y, cuando encuentra nuevas oportunidades, también puede convertirse en futuro.

Grisel Gold es médica y speaker especializada en Nueva Longevidad,
diversidad intergeneracional y Economía Plateada. Cuenta con más de 20
años de experiencia en la industria farmacéutica, en posiciones de
liderazgo, marketing y desarrollo de negocios, y formación en Nueva
Longevidad. Forma parte de la red de Queer as Work, estudio de cultura
y transformación organizacional, donde aporta su experiencia en
longevidad, diversidad generacional e inclusión.

Actualmente trabaja para visibilizar el valor de las personas +50 y
promover nuevas formas de entender el trabajo, el talento y las
relaciones entre generaciones. Su mirada integra salud, longevidad,
experiencia y transformación cultural, con la convicción de que la
longevidad no significa solamente vivir más, sino también crear nuevas
oportunidades para seguir participando, aportando y creciendo a lo
largo de la vida.


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