
¿Longevidad por herencia o por estilo de vida? Esto podría sorprenderte
¿Hasta qué punto nuestros genes determinan cuántos años vamos a vivir? La longevidad tiene una base genética, pero no es el único factor. El entorno, nuestros hábitos y las decisiones cotidianas también juegan un papel clave en cómo envejecemos. La ciencia moderna nos da pistas valiosas sobre cómo influir positivamente en nuestros propios años futuros, y nos recuerda que aún estamos a tiempo de vivir con plenitud.
Vivir muchos años con calidad no es solo un deseo profundo, sino una posibilidad cada vez más cercana. Pero… ¿Qué tanto depende de nosotros y qué tanto está grabado en nuestro ADN?
La ciencia lo confirma: la longevidad, esa capacidad de vivir una vida larga, tiene una base genética, pero no es una sentencia inamovible.
Aunque todos conocemos personas que alcanzan los 90 o incluso los 100 años, lo que realmente ha intrigado a los científicos es qué hace que algunas personas lleguen a edades avanzadas en buen estado de salud. ¿Es cuestión de suerte? ¿De hábitos? ¿O de herencia?
El mapa genético de una vida larga
Según MedlinePlus, la biblioteca nacional de medicina de Estados Unidos, existen variantes genéticas que pueden contribuir a la longevidad, pero no hay un solo “gen de la larga vida”. Se trata de una combinación compleja de múltiples factores genéticos que interactúan con el entorno, el estilo de vida y hasta las decisiones que tomamos día con día.
Por ejemplo, ciertos genes pueden ayudar a regular la inflamación, el metabolismo o la reparación celular, aspectos fundamentales en el proceso de envejecimiento. También se ha observado que hay familias donde vivir más tiempo parece ser algo común, lo que sugiere una herencia genética de la longevidad. Pero incluso en estos casos, el estilo de vida sigue siendo clave.
¿Entonces todo depende de los genes? ¡No!
Aquí viene la buena noticia: nuestros hábitos pueden activar o silenciar ciertos genes. Es decir, aunque heredemos una predisposición, no estamos condenados ni bendecidos de forma automática. La forma en que comemos, dormimos, nos movemos, conectamos con los demás y gestionamos el estrés influye directamente en cómo se expresan nuestros genes.
Vivir más, y mejor, es un arte que mezcla biología y elecciones conscientes.
La promesa de la epigenética
En esta danza entre genes y entorno, la epigenética aparece como un campo fascinante. Es la ciencia que estudia cómo los factores externos pueden modificar la forma en que se activan nuestros genes sin cambiar la secuencia del ADN. Esto abre una ventana esperanzadora: nuestro cuerpo escucha cómo vivimos.
Comer con equilibrio, mantener relaciones significativas, moverse cada día, descansar, cultivar la curiosidad y tener un propósito vital puede marcar la diferencia, incluso si no heredamos los “mejores genes” para la longevidad.
Un mensaje importante
Tú que estás leyendo esto, quizás ya hayas recorrido más de medio camino en esta vida. Tal vez tienes 50, 60 o más años… y te preguntas qué sigue. La respuesta está en tus manos y en tu día a día. La genética puede darte una base, pero tu actitud y decisiones diarias son los verdaderos arquitectos de tu longevidad.
Así que sí: vivir plenamente el resto de tu vida es posible. Con amor propio, información, buenos hábitos y una comunidad que te inspire, puedes crear años llenos de significado.
Y no lo olvides: la ciencia no está diciendo que todo está predestinado… está confirmando que aún queda mucho por construir. Y lo que construyas hoy puede darte muchos, muchos buenos años más.
Fuente: https://medlineplus.gov/spanish/genetica/entender/rasgos/longevidad/
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