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Mujer con canas

Sonríe, tienes canas y eso es bueno para tu salud

Un nuevo hallazgo científico sugiere que las canas no solo son parte del envejecimiento, sino también una señal de que tu cuerpo está protegiéndose. Investigadores de la Universidad de Tokio encontraron que el cabello gris puede surgir como respuesta natural ante daños en el ADN, ayudando a prevenir riesgos celulares.

María Arce
María Arce
Autor verificado

Para muchas personas, descubrir la primera cana es como recibir un pequeño aviso del tiempo: discreto e inesperado. Tal vez la viste recién te despertaste, o te la señaló alguien. Pero ¿y si te dijéramos que ese hilo plateado no es un “signo de edad” que debas esconder, sino una muestra de que tu cuerpo está haciendo algo increíble por ti?

Un nuevo estudio de la Universidad de Tokio, acaba de publicar información que podría cambiar nuestra opinión sobre las canas, ya que podrían ser parte de un mecanismo natural de defensa contra el cáncer.

Las canas como escudo natural

Los investigadores observaron cómo reaccionan las células madre del folículo piloso cuando detectan daño en el ADN. Y lo que descubrieron es fascinante: cuando estas células sienten que algo no está bien, dejan de regenerarse y se transforman en células que ya no pueden dividirse. ¿Qué vemos por fuera? Que el pigmento desaparece y nace una cana.

Pero dentro del cuerpo ocurre algo mucho más importante: ese cambio ayuda a evitar que células dañadas sigan multiplicándose y formen tumores. Es una especie de freno natural, una forma en la que tu organismo dice: “Antes de correr un riesgo, mejor detengo el proceso.”

Las mismas células pueden tomar caminos distintos dependiendo del tipo de estrés al que se enfrenten. A veces envejecen y pierden pigmento; otras veces siguen funcionando, pero bajo ciertos riesgos. Tu cuerpo, literalmente, está tomando decisiones para cuidarte.

Una señal de que tu cuerpo está haciendo su trabajo

Esto no significa que tener canas te proteja del cáncer, ni que quienes no las tienen están en peligro. Lo que sí revela es algo mucho más humano: tu organismo elige priorizar tu bienestar interno antes que la apariencia de tu cabello.

Cuando lo ves desde esa perspectiva, las canas dejan de ser un enemigo. Se convierten en una señal de vida, de adaptación.

Esta información también nos invita a cambiar la conversación cultural. Las canas no necesitan esconderse ni corregirse. No son un error ni un descuido. Son parte del cuerpo que cambia, aprende y se ajusta, como lo hemos hecho todas las personas a lo largo de nuestra historia.

La próxima vez que te encuentres frente al espejo y una cana nueva te salude, intenta verla de otra manera. No como un huésped indeseado, sino como una pequeño recordatorio de lo sabio que es el cuerpo. Una marca de todo lo que has vivido, superado y comprendido.

Porque sí, el tiempo pasa, pero también nos deja señales de qué seguimos aquí. Y esas hebras plateadas, lejos de restarte, pueden contarte más de ti de lo que imaginas.

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