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Cómo Amparo Espinosa Rugarcía convirtió la pérdida en un motor de cambio

Cómo Amparo Espinosa Rugarcía convirtió la pérdida en un motor de cambio

En entrevista, Amparo Espinosa Rugarcía abordó temas como la memoria colectiva, el papel de la familia en tiempos de cambio y cómo el sentido de comunidad puede ser un motor para sanar heridas sociales y personales. Sus palabras invitan a mirar hacia el pasado sin perder de vista el presente.

Zyanya López
Zyanya López
Autor verificado

A sus 84 años, Amparo Espinosa Rugarcía no se define por las arrugas, ni por el paso de los calendarios. “No me pienso en términos de vejez”, dice con una sonrisa que transmite tranquilidad y sabiduría. Para ella, la edad no es una etiqueta, sino un proceso lleno de transformaciones que hay que aprender a navegar con conciencia. Ha sido un camino recorrido a través de peregrinajes físicos y emocionales, de encuentros inesperados con causas que la convocaron sin buscarla, y de un compromiso profundo con la dignidad humana, abarcando desde el primer aliento hasta el buen morir.

Psicoanalista, escritora y activista, Amparo ha fundado proyectos tan diversos como el Observatorio del Dolor, la asociación el Derecho a Morir con Dignidad (DMD), la asociación Documentación y Estudios de Mujeres A.C. (DEMAC) y programas pioneros para la muerte médicamente asistida y los cuidados paliativos. En cada uno de ellos, la constante es la misma: trabajar por mejorar la vida de las personas, aliviar el sufrimiento y abrir conversaciones que suelen ser incómodas, pero urgentes para una sociedad que muchas veces prefiere ignorar temas como el dolor, la muerte y la vejez.

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Amparo Espinosa

La muerte de su hija, Amparín, hace tres años, marcó un giro profundo en su vida. Este dolor personal la llevó a un nuevo tipo de peregrinaje: visitar lugares ligados a escritores y pensadores que influyeron en su forma de entender la vida y la muerte, mientras dialogaba con la ausencia de su hija como si la tuviera de la mano.

“Estos viajes son una manera de procesar el duelo, pero también de agradecer a quienes han dejado una huella en mi forma de vivir y de educar”, explica. En este recorrido, el acto de recordar se convierte en un ejercicio vital para construir sentido y encontrar fuerza para seguir adelante.

Su vida digital, activa y cotidiana, es otro ejemplo de cómo las generaciones pueden conectarse en espacios inesperados. Inspirada por Amparín, comenzó a compartir en redes sociales pensamientos breves y reflexiones personales, que hoy llegan a miles de seguidores, muchos de ellos más jóvenes. “Pensaba que me seguían personas de mi edad, pero son más jóvenes. Me encanta que haya ese puente entre generaciones”, comenta con entusiasmo. Este contacto le ha permitido no solo difundir sus ideas, sino también construir una comunidad de diálogo, comprensión y aprendizaje mutuo.

Para Amparo, sus proyectos no son simplemente actividades o logros, son expresiones vivas de su compromiso con la dignidad humana. Uno de sus grandes retos ha sido acompañar a mujeres privadas de libertad, dándoles voz y visibilidad a través de la narración de sus historias, muchas veces invisibilizadas o estigmatizadas.

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Amparo Espinosa

Otro de sus trabajos emblemáticos es la organización de encuentros con personas mayores de 80 años, para mostrar su vitalidad, creatividad y experiencia, en contraposición con la tendencia social a invisibilizar a las personas mayores. “La sociedad a menudo borra a quienes envejecen, como si dejaran de tener valor o significado. Pero la vejez tiene sus propias cimas y paisajes”, afirma.

Su reflexión sobre el dolor atraviesa todos sus proyectos. Para Amparo, el dolor es un denominador común en todas las etapas de la vida y merece ser reconocido y atendido con humanidad. “Sin cuidados paliativos no puede haber muerte digna, y sin trato humano postmortem, tampoco”, afirma con convicción.

Su mirada es lúcida y valiente: no teme a la muerte, sino a la posibilidad de vivir o morir sin dignidad, sin acompañamiento, sin respeto. Por eso ha sido una voz pionera en la defensa de los cuidados paliativos como un derecho fundamental, no un privilegio médico.

Además, su trabajo abre espacios para hablar de la muerte médicamente asistida, un tema polémico y tabú en muchos círculos, pero para ella imprescindible para respetar la autonomía y el derecho a una muerte digna. En su visión, sólo al enfrentar estas realidades de manera abierta y humana podrá la sociedad construir sistemas que acompañen verdaderamente a las personas en sus últimos días.

Hoy, Amparo continúa su peregrinaje vital, subiendo y bajando templos reales y simbólicos, recabando experiencias, recuerdos y aprendizajes que comparte con generosidad. Cada proyecto, cada paso, es una invitación a vivir con propósito y presencia hasta el último día, a no ceder a la invisibilidad ni al olvido. Su vida es un testimonio de que nunca es tarde para construir, reinventar y agradecer.

Con la serenidad de quien ha aprendido a mirar la vida en su complejidad, Amparo Espinosa Rugarcía nos recuerda que el envejecimiento no es el fin, sino una nueva etapa rica en sentido y posibilidades. En su palabra, la vejez se convierte en un acto de resistencia, de creación y de amor profundo hacia la vida misma.

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