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Mujer sonriéndo

Menopausia: la revolución silenciosa en la medicina

Durante siglos, la menopausia fue tratada como una enfermedad y no como una etapa natural. Hoy, el panorama está cambiando: con más investigación, mejores tratamientos y una nueva mirada médica y social, se abren posibilidades reales para mejorar la calidad de vida de las mujeres.

María Arce
María Arce
Autor verificado

Desde hace 25 años, cada 18 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Menopausia. Pero, históricamente, la menopausia ha sido una etapa en la vida de las mujeres, muy incomprendida y poco estudiada. En la época victoriana, los doctores pensaban que el útero y el cerebro estaban conectados, lo que hacía “susceptible” a las mujeres de caer en…la locura. Pensaban que los ovarios eran la fuente de la “esencia” de todo lo que hacía a una mujer, por lo tanto, cuando dejaban de funcionar o “morían”, las mujeres “perdían” la cabeza. Fue así que llegaron a la conclusión de que la mejor solución era: operar para quitar los ovarios. Lo pensaban necesario para curar desórdenes mentales, incluyendo la ninfomanía y la histeria. Dado que se consideraba que las mujeres debían ser maternales, y cualquier expresión de deseo sexual se consideraba un signo de locura.

Ahora, gracias a la ciencia y la evolución de la sociedad, se prevé que el mercado mundial de la menopausia pase de 17, 660 millones de dólares en 2024 a 27, 630 millones en 2033; estamos observando un impulso para desarrollar herramientas de diagnóstico eficaces, avances farmacéuticos y tecnologías preventivas para mejorar la salud de las mujeres.

Según la Yale School of Medicine, los avances en el tratamiento de la menopausia seguirán siendo limitados si los médicos y las pacientes carecen de información sobre las etapas de la vida de la mujer. A menudo las mujeres han recibido el mensaje de que deben resignarse al malestar físico y emocional que conlleva. Sin embargo, la narrativa está cambiando, y con ella, las posibilidades de tratamiento.

La menopausia no es solo el final del ciclo menstrual. Trae consigo síntomas que pueden afectar profundamente la calidad de vida: bochornos, cambios de humor, insomnio, pérdida de densidad ósea y mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes o deterioro cognitivo. A pesar de esto, las opciones terapéuticas ofrecidas suelen ser limitadas o poco eficaces.

Terapia hormonal

En 2002, un estudio mal interpretado (Women’s Health Initiative) asoció esta terapia con un ligero aumento en riesgos como cáncer de mama y enfermedades cardiovasculares. Esto provocó una caída drástica en su uso a nivel mundial. Sin embargo, investigaciones más recientes han demostrado que muchos de estos riesgos fueron mal comprendidos y que, si se inicia la terapia a tiempo —idealmente antes de los 60 años o dentro de los primeros diez años tras la menopausia—, los beneficios podrían superar los riesgos.

Además, los nuevos métodos de administración (como parches transdérmicos en lugar de píldoras) y el uso de hormonas bioidénticas y en dosis más bajas están marcando una diferencia importante en términos de seguridad.

La función ovárica

Una línea de investigación aún más ambiciosa busca algo más radical: prolongar la vida funcional de los ovarios. Dado que estos órganos cumplen funciones mucho más allá de la producción hormonal y reproductiva —enviando señales químicas a todo el cuerpo que influyen en múltiples sistemas—, su preservación podría prevenir una serie de condiciones crónicas asociadas al declive ovárico.

El momento del cambio

Por primera vez en décadas, se está invirtiendo con fuerza en la investigación de la menopausia. Instituciones académicas, agencias gubernamentales y organizaciones médicas están revalorando el impacto de esta etapa y lo que se puede hacer para abordarla de forma más efectiva y compasiva.

Lo que antes era un tema relegado o tabú empieza a ocupar un lugar central en la conversación sobre salud femenina. Con más información, opciones seguras y tecnología a la mano, la menopausia ya no tiene por qué ser sinónimo de sufrimiento. La revolución hormonal —y humana— está en marcha.

Ya no debe vivirse en silencio ni con resignación. Estamos entrando en una era en la que la ciencia, la tecnología y una mayor conciencia social están uniendo fuerzas para ofrecer tratamientos más seguros, personalizados y eficaces. Reconocer el valor de esta etapa y atenderla con el cuidado que merece es un paso fundamental hacia una salud femenina más digna, informada y empoderada.

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