
Natación, el ejercicio que los mayores de 60 deben hacer para cuidar su salud
La natación es uno de los deportes más recomendados para personas mayores de 60 años por su bajo impacto y beneficios integrales. La experiencia de Kathy Proaño, quien comenzó a nadar en mar abierto a los 59 años, junto con la opinión de un entrenador profesional, muestra cómo este ejercicio puede mejorar la calidad de vida, promover la socialización y mantener la independencia física.
La primera vez que Kathy Proaño nadó en mar abierto tenía 59 años. No fue una decisión planeada, simplemente buscaba una actividad física que pudiera sostener en el tiempo, y la natación -una práctica que había dejado atrás desde su infancia en Perú- le pareció un punto de partida conocido. Empezó con sesiones breves en una alberca cerca de su casa, en León, Guanajuato. Luego llegaron las clases con una entrenadora y, sin pensarlo demasiado, se inscribió en una competencia en el mar.
Su primer cruce fue de poco menos de cuatro kilómetros. Recuerda el nerviosismo del arranque, el momento en que dejó de ver el fondo del mar, y la mezcla de cansancio y concentración que apareció después del primer kilómetro.
Desde entonces, entrena entre tres y cuatro veces por semana. Alterna días de alberca con sesiones en gimnasio y descansos activos. Ajustó sus horarios, hizo cambios en su alimentación y comenzó a organizar sus rutinas diarias en torno al entrenamiento. Hoy tiene 62 años y se prepara para su próximo objetivo: nadar los 10 kilómetros entre Cancún e Isla Mujeres.
“Empecé por recomendación médica. Me sentía baja de energía, sin claridad”, cuenta. “Al principio, me cansaba mucho. Nadaba 200 metros y tenía que parar. Poco a poco fui entendiendo cómo moverme otra vez en el agua. Volví a flotar con confianza”.
Daniel Salazar, entrenador personal especializado en distancias largas y en la preparación de personas mayores de 50 años, explica que casos como los de Kathy ya no son excepcionales, sino parte de una creciente tendencia.
“Después de la pandemia, muchos adultos mayores se volcaron a la natación. Es un ejercicio que no lesiona, que mejora la presión arterial, el enfoque mental y que, si se hace con una guía adecuada, puede llevarte desde cero hasta metas increíbles como un cruce de 10 km”, asegura el especialista.
Según Salazar, aunque aún persisten estigmas que ven a las personas mayores como frágiles, la realidad es que cada vez más adultos entre 50 y 70 años están rompiendo ese molde, y lo hacen buscando salud, pero también comunidad y propósito. “Muchos llegan tras una pérdida, una depresión, una ruptura. La natación se convierte en su refugio, su rutina, su grupo”, dice.
En sus entrenamientos, Kathy Proaño conoció a otras personas mayores de 50 años que nadan por distintos motivos. Algunos con experiencia previa, otros recién iniciando. Formaron un grupo. Se acompañan en competencias, organizan viajes cortos a destinos con playa y se dan seguimiento unos a otros entre entrenamientos.

Un ejercicio integral para cuerpo y mente
Los beneficios, refiere Daniel Salazar, van más allá de lo físico. “Cuando estás en el agua, que es un medio inestable, tu cuerpo está constantemente buscando equilibrio, y eso fortalece la conexión neuromuscular. Puedes prevenir caídas, lesiones y mantener la independencia física por muchos más años”.
Otro de los beneficios de la natación, más allá del ejercicio, es que quienes se mantienen en la disciplina tienden a integrar otras rutinas como una alimentación más ordenada, horarios de sueño más estables, hábitos de descanso. Salazar dice que no es inmediato, pero que muchas personas encuentran estructura y motivación en ese entorno.
Kathy lo afirma: “Mi autoestima subió, tengo energía para cuidar a mis nietas, me celebro y me celebro con ellas”, comparte. “La natación fue mi mejor psicólogo. Me sanó emocionalmente y me hizo querer estar más sana, comer mejor, cuidarme para seguir nadando. Yo quiero envejecer con fuerza, sin ser una carga para nadie”.
Entonces, ¿es demasiado tarde para empezar a nadar a los 60? “Nunca”, dice sin dudar. “No hay edad mínima ni máxima. Puedes nadar 10 vueltas, hacer aquaeróbicos o simplemente moverte en el agua. La estética viene después. Lo importante es que la natación mejora tu salud física, emocional y mental”.

Incluso, recuerda el caso de una alumna que llegó a entrenar con él por recomendación médica tras ser diagnosticada con epilepsia. Comenzaron con ejercicios sencillos como caminar dentro del agua, flotar, practicar respiración. Con el tiempo, avanzaron hasta alcanzar un kilómetro continuo. Después, ella propuso un reto mayor: nadar los 10 kilómetros del cruce entre Cancún e Isla Mujeres.
Se prepararon durante meses. Él fue su sombra (la persona que acompaña durante todo el recorrido). Lograron el cruce. Terminaron juntos en la playa. “Cuando tocó la playa al final de la competencia, lloramos todos”, dice.
Romper miedo, crear vida
Kathy asegura que su mayor miedo no era el mar, sino lo que otros pudieran pensar al verla con un traje de baño. “Ese prejuicio me detuvo por un año”, admite. Pero un día decidió que su salud valía más que cualquier juicio. Desde entonces, ha perdido peso, ha ganado fuerza y ha descubierto un nuevo ritmo de vida.
“No quiero ser una abuelita como las de antes, que a los 60 ya no se movían. Hoy sé que puedo llegar a los 80 o más haciendo lo que me gusta, siendo independiente. Y eso me llena de alegría”.
En su casa, ahora llena de risas y nietas, Kathy planea sus próximas competencias: 5 km en Baja California, 7 km en algún otro punto del país y, en un par de años, cumplir su sueño de nadar los 10 km entre Cancún e Isla Mujeres. Todo mientras sigue cocinando, leyendo, meditando y viviendo con la energía que, asegura, nunca imaginó que tendría a esta edad.
“Yo solo quiero seguir nadando mientras pueda caminar hasta la orilla de una alberca. Y si con eso puedo inspirar a alguien más, entonces que esta sea mi pequeña ola en este mar inmenso”, concluye.
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