
¡Ay, mi cabeza! ¿Por qué el vino tinto ya no cae tan bien después de los 45?
¿Una copita y ya te duele la cabeza? Tranquilo, tiene explicación. Aquí te contamos por qué el vino tinto ya no cae como antes… y qué puedes hacer al respecto.
¡Ay, mi cabeza! Si tú también has notado que antes podías echarte una copita de vino tinto sin problema y ahora, a la media hora, ya traes el tamborazo en la frente… no estás solo. A partir de cierta edad (sí, esos gloriosos 45), nuestro cuerpo empieza a reaccionar distinto al alcohol, ¡y el vino tinto parece tener algo personal contra nosotros!
Aquí te contamos, sin rollos científicos pesados, por qué ese vinito que te hacía sentir elegante ahora te hace querer correr por un paracetamol.
El cuerpo ya no aguanta igual que antes (y no pasa nada)
Con los años, nuestro hígado se vuelve más lento para procesar el alcohol. Ya no produce las enzimas con la misma rapidez, lo que significa que sustancias como el acetaldehído (una toxina que se genera al tomar alcohol) se quedan más tiempo paseándose por tu cuerpo. ¿Y qué provoca eso? Dolor de cabeza, entre otras cositas.
Y si le sumamos que tenemos menos agua en el cuerpo y menos masa muscular, pues el alcohol se absorbe más rápido y nos pega más fuerte, aunque solo te hayas echado una copita.
El vino tinto trae su combo de ingredientes que no siempre caen bien
No es solo el alcohol. El vino tinto tiene unos compuestos que a muchos nos hacen la vida de cuadritos:
• Histaminas: Son sustancias que están en la piel de la uva y pueden provocar reacciones como congestión, enrojecimiento y sí, dolor de cabeza. Si tu cuerpo no las procesa bien (algo común conforme pasa el tiempo), puede que acabes con jaqueca sin haber acabado la copa.
• Taninos: Son los responsables de ese saborcito seco del vino tinto. Pero también pueden alterar tu serotonina, y eso en algunas personas desata una buena migraña.
• Sulfitos: Son conservadores que se usan en el vino. Aunque el blanco suele tener más, el tinto también trae lo suyo. A algunas personas (sobre todo con asma o alergias) les pueden causar dolor de cabeza.
• Quercetina: Un nombre raro, pero importante. Es un antioxidante natural que, cuando se junta con el alcohol, puede hacer que tu cuerpo acumule más toxinas de las que debería. Resultado: dolor de cabeza. ¡Sorpresa!
¿Y si estoy tomando medicamento?
Aquí es donde muchos levantamos la mano. A los 45 ya empezamos con pastillitas para la presión, el colesterol o el insomnio. Y algunos de esos medicamentos no se llevan bien con el alcohol.
Por ejemplo:
• Si tomas algo para la presión o el corazón, el vino puede bajarte demasiado la presión y darte un dolor de cabeza tremendo.
• Algunos analgésicos, como el ibuprofeno, combinados con vino pueden irritar el estómago y causar más dolor que alivio.
• Hay antibióticos que, mezclados con alcohol, te provocan una cruda casi instantánea, aunque solo hayas tomado una copita.
¿Y por qué solo el vino tinto?
Buena pregunta. Resulta que el vino tinto tiene más de estos “ingredientes problemáticos” que otras bebidas como la cerveza o el vino blanco. O sea, no es que el tequila sea tu nuevo mejor amigo, pero al menos no trae tanta histamina ni tantos taninos.
Además, el vino tinto es el que más se relaciona con dolores de cabeza en personas que sufren migrañas. Así que si ya traes historial, mejor moderarse.
¿Entonces ya no puedo tomar vino tinto?
¡Claro que sí puedes! Pero con conciencia. Aquí van unos tips para seguir disfrutando sin sufrir al rato:
• Hidrátate bien antes, durante y después de tomar.
• Come algo antes de brindar (no le brindes en ayunas a tu hígado).
• No mezcles con medicamentos sin preguntar al doctor.
• Si ves que siempre que tomas tinto te duele la cabeza… tal vez toca probar otra bebida o cambiar de marca.
Después de los 45, nuestro cuerpo cambia y el vino tinto también nos cae diferente. No es que tengamos que dejar de brindar, pero sí hay que estar atentos a las señales que nos da el cuerpo. Si esa copa romántica se convierte en un martillazo en la cabeza, ya sabes que hay más de un culpable rondando en el vino tinto.
Así que, la próxima vez que sientas ese punzón en la sien después de brindar, recuerda: no eres tú, es la histamina, el tanino, la quercetina… y un poco la edad también.
¿Te ha pasado esto con el vino tinto? Comparte esta nota con alguien que también diga “ya no me cae como antes” y ayúdale a entender por qué. ¡Salud (con moderación)!
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