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¿Por qué la cruda pega más fuerte con la edad?

¿Por qué la cruda pega más fuerte con la edad?

A medida que envejecemos, el cuerpo pierde agua, músculo y capacidad de recuperación. Un estudio explica por qué la cruda se intensifica y cómo moderar sus efectos para cuidar la longevidad.

Redacción Soy+
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Autor verificado

No es casualidad que antes una noche de copas se resolvía con café y buena actitud, y hoy se traduce en cansancio prolongado, dolor de cabeza y sueño fragmentado. Según un análisis publicado por The Economist, la forma en que el cuerpo procesa el alcohol cambia con la edad, y esos cambios tienen implicaciones directas en la longevidad y la calidad de vida.

Con el envejecimiento, la proporción entre músculo y grasa se modifica, se pierde masa muscular (rica en agua) y se gana tejido graso. Dado que el alcohol se distribuye en el agua corporal, esta transformación hace que, con la misma cantidad de bebida, el nivel de alcohol en sangre aumente más rápido. El resultado no solo es una cruda más intensa, sino una experiencia menos placentera desde el inicio.

El estudio retomado por The Economist muestra que las personas mayores pueden sentirse igual de intoxicadas que las jóvenes, pero con una diferencia clave, reportan menor disfrute y mayor malestar posterior. Beber deja de ser neutro para el organismo.

El hígado, protagonista silencioso

El hígado también envejece. Su capacidad para metabolizar el alcohol se reduce, lo que prolonga la presencia de subproductos tóxicos en el cuerpo, como el acetaldehído. Este compuesto está detrás de los síntomas más severos de la cruda: náuseas, cefaleas, palpitaciones y una sensación general de agotamiento físico.

Desde una perspectiva de longevidad, esto importa, una mayor exposición repetida a estos metabolitos implica más estrés celular y sistémico.

Dormir bien se vuelve más difícil con la edad, y el alcohol no ayuda. Relaja los músculos de la garganta, empeora los ronquidos y fragmenta el descanso nocturno. Además, el consumo habitual altera sustancias cerebrales que regulan el sueño, como la melatonina.

De acuerdo con investigaciones citadas por The Economist, incluso el consumo moderado, mantenido durante años, se asocia con peor calidad de sueño en etapas avanzadas de la vida, un factor clave para la salud cognitiva, metabólica y emocional.

El alcohol también puede intensificar otros procesos asociados al envejecimiento, como la inflamación crónica, la pérdida de memoria y la disminución de la coordinación. A esto se suma su interacción con medicamentos comunes en la edad adulta, un punto muchas veces subestimado.

La nota no es prohibitiva, sino preventiva. The Economist subraya que algunos ajustes pueden marcar diferencia: beber despacio, hidratarse bien, comer durante el consumo y evitar la última copa justo antes de dormir.

En la conversación sobre longevidad, la cruda deja de ser un mal rato aislado y se convierte en una señal: el cuerpo cambia, y aprender a leerlo también es una forma de cuidarse.

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