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¿Por qué los abuelos son más cariñosos y pacientes con los nietos que con los hijos?

¿Por qué los abuelos son más cariñosos y pacientes con los nietos que con los hijos?

Estudios del Instituto de Envejecimiento de la Universidad de Boston revelan que la cercanía emocional entre abuelos y nietos reduce síntomas de depresión en ambas generaciones y fortalece la autoestima infantil. Aunque la relación no está exenta de tensiones (57% de los padres admite tener conflictos con los abuelos por la disciplina), expertos coinciden en que el balance es positivo: los abuelos transmiten valores, brindan apoyo emocional y aportan aprendizajes que solo llegan con los años.

Zyanya López
Zyanya López
Autor verificado

La idea de que los abuelos son más cariñosos y pacientes con los nietos que con sus propios hijos no es un mito familiar, sino una tendencia respaldada por investigaciones académicas y demográficas. El fenómeno responde tanto a la experiencia adquirida como a los cambios sociales que han modificado el rol de las personas mayores dentro de la familia.

De acuerdo con el Censo 2020 del INEGI, en México viven más de 15.1 millones de personas de 60 años o más, lo que equivale al 12% de la población total. Para 2050, el Consejo Nacional de Población (Conapo) proyecta que esa cifra se duplicará y representará casi una cuarta parte de los habitantes del país. Esta transición demográfica no solo impacta en el sistema de salud o las pensiones, también redefine la vida cotidiana: los abuelos ocupan un lugar cada vez más activo en la crianza de las nuevas generaciones.

El contraste entre la rigidez con la que criaron a sus hijos y la indulgencia que muestran con los nietos ha sido documentado en estudios como el del Instituto de Envejecimiento de la Universidad de Boston, el cual señala que la cercanía emocional entre abuelos y nietos reduce los síntomas de depresión en ambas generaciones. Para los niños, esta relación se traduce en mayor autoestima, habilidades sociales más desarrolladas y una sensación de pertenencia más fuerte.

“Descubrimos que una relación emocionalmente cercana entre abuelos y nietos se asocia con menos síntomas de depresión en ambas generaciones. Los abuelos y los nietos adultos contribuyen significativamente entre sí y es indicativo que los abuelos sigan siendo un recurso y afecten el bienestar de sus nietos hasta la edad adulta”, explicó Sara Moorman, quien formó parte del grupo de investigación.

Por su parte, la organización internacional Educo apunta que los abuelos fungen como “guardianes de la historia familiar”: transmiten valores, tradiciones y recuerdos que ayudan a los nietos a comprender sus raíces y construir identidad. Este papel simbólico, unido al afecto cotidiano, los convierte en un puente emocional entre generaciones.

Beneficios y tensiones

La relación, sin embargo, no está exenta de conflictos. Una encuesta del C.S. Mott Children’s Hospital de la Universidad de Michigan reveló que el 57% de los padres reporta desacuerdos con los abuelos en torno a la disciplina, y el 40% considera que son demasiado permisivos con los nietos. Estos roces evidencian el choque entre dos estilos de crianza: uno marcado por la experiencia y otro influido por las nuevas corrientes pedagógicas.

Pese a ello, múltiples investigaciones coinciden en que el balance suele ser positivo. El contacto frecuente entre abuelos y nietos tiene efectos comprobados en la salud mental de los mayores, quienes reportan menores niveles de soledad, estrés y ansiedad. Al mismo tiempo, los niños y adolescentes encuentran en ellos una figura de apoyo emocional distinta a la de los padres, con un peso significativo en su desarrollo psicológico.

La indulgencia que se les atribuye a los abuelos puede leerse como un ajuste tras décadas de experiencia. Los errores cometidos en la crianza de los hijos se convierten en lecciones aplicadas en la relación con los nietos. Y es que, el abuelo que fue estricto con sus hijos ahora entiende que la paciencia, el tiempo compartido y la escucha activa son más valiosos que la disciplina rígida. Es un aprendizaje vital que solo llega con los años.

Así, lo que para los hijos puede parecer contradicción -unos padres duros que se vuelven abuelos amorosos-, en realidad refleja un proceso natural de transformación personal. La crianza deja de ser una obligación cargada de expectativas y se convierte en un espacio de disfrute, donde lo importante no es imponer reglas, sino compartir experiencias y afecto.

Con la transición demográfica que vive México, el peso de los abuelos en la vida de los niños seguirá en aumento. Más allá de la nostalgia o las anécdotas familiares, su papel se consolida como un elemento central en la salud emocional de las familias mexicanas y como una herencia viva que cruza generaciones.

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