
¿Por qué necesitas un objetivo para que tu plan de ahorro funcione?
Especialistas en finanzas personales explican por qué ahorrar sin un objetivo suele fracasar y cómo definir metas claras (por ejemplo educación, vivienda, viajes o retiro) cambia por completo la estrategia financiera.
Hablar de ahorro suele quedarse en una recomendación genérica: “hay que ahorrar”. Sin embargo, especialistas coinciden en que el verdadero reto no es guardar dinero, sino vincularlo con objetivos concretos de vida. Educación, vivienda, viajes o retiro dejan de ser aspiraciones lejanas cuando se traducen en planes claros, con montos, plazos y estrategias definidas.
Desde distintas trincheras del ecosistema financiero, Ricardo Arenas, vocero de Yotepresto.com; Luis Rubén Chávez, CEO y fundador de Zenfi; y Baruch Sandoval, gerente de agencia en Promotoría Tresnak, coinciden en un punto clave: ahorrar sin un objetivo es una de las principales razones por las que muchas personas abandonan el intento.
Para Ricardo Arenas, el problema comienza cuando el ahorro no se aterriza en acciones concretas. “Definir objetivos concretos es incómodo”, reconoce. “Es muy distinto decir ‘voy a ahorrar porque quiero ir a Europa’ que decir ‘en X meses me quiero ir 15 días a Europa y necesito 100 mil pesos. Por lo tanto, tengo que pagar mis deudas antes de tal fecha, ahorrar cierta cantidad cada quincena y recortar gastos’”.
Esa falta de claridad vuelve al ahorro algo abstracto y fácil de postergar. En palabras de Luis Rubén Chávez, “tradicionalmente nos enseñaron a ver el ahorro como una obligación abstracta y no como una herramienta para lograr algo específico”. Cuando no hay una meta, explica, el ahorro se percibe como una renuncia. Cuando sí la hay, “el esfuerzo cobra sentido y deja de ser un sacrificio”.
Baruch Sandoval aporta una lectura cultural. En México, el ahorro suele estar asociado a objetivos de corto plazo. “El mexicano ahorra para algo que va a pagar en semanas o meses. Por eso las tandas funcionan tan bien”. El problema aparece cuando se trata de metas de mediano y largo plazo, donde el beneficio se percibe lejano y el esfuerzo se diluye.
El objetivo define la estrategia
Los tres especialistas coinciden en que definir una meta específica transforma por completo la estrategia financiera. El objetivo funciona como el GPS de tus finanzas, y es que no es lo mismo ahorrar para un viaje en un año que para el enganche de una vivienda en cinco.
Arenas lo explica con claridad: cuando hay un objetivo, el plazo deja de ser abstracto y el monto deja de ser “lo que se pueda”. “Ahorrar sin un objetivo es como conducir sin tener un destino”, señala.
Cada meta tiene herramientas diseñadas para cubrirla: planes para educación, para retiro, para vivienda o para objetivos de corto plazo. La estrategia financiera se deriva del objetivo específico.
Uno de los errores más frecuentes es intentar ahorrar solo si sobra dinero. Los tres coinciden en que ese sobrante casi nunca llega. “Spoiler: nunca sobra nada”, dice Chávez. Por eso recomienda tratar el ahorro como un gasto fijo prioritario, con la misma seriedad que el pago de servicios básicos.
Algunos otros tropiezos habituales son querer ahorrar teniendo deudas encima, ahorrar lo que sobre y hacerlo en cuentas que no generan rendimiento. Sandoval subraya la importancia del hábito: “La única manera de empezar a ahorrar es generar el hábito, y al inicio es complicado; por eso necesitamos un sistema que nos obligue a ahorrar”.
Metas con reglas distintas
En el caso de la vivienda, los especialistas coinciden en que el primer paso no es buscar casas, sino entender la situación financiera personal. “De poco sirve juntar el enganche si después no tienes cómo pagar las mensualidades”, advierte Arenas. Hay que saber cuánto se puede destinar al ahorro sin poner en riesgo la estabilidad.
Para educación, Sandoval recuerda que la inflación universitaria ha sido de doble dígito en la última década, lo que obliga a planear con anticipación. Los planes deben ser flexibles y ajustarse con el tiempo, mientras que Chávez destaca la importancia de proyectar costos y plazos antes de elegir un instrumento.
En cuanto a los viajes, lejos de ser un lujo irresponsable, pueden integrarse a la planeación si se hacen bien. Un viaje bien planeado no compite con metas grandes, no se financia con deuda y no genera culpa. Así que asignarles un lugar claro en el presupuesto los convierte en un objetivo más, no en un gasto impulsivo.
Automatizar el ahorro, medir avances y recordar el propósito son estrategias recurrentes en las recomendaciones de los tres voceros. “Ver tu progreso te motiva más que pensar en lo que te estás privando”, apunta Ricardo Arenas. También es importante contar con sistemas que protejan el ahorro incluso de uno mismo, y apoyarse de herramientas digitales que faciliten la constancia.
Para quienes sienten que ya es tarde, el mensaje es contundente. “Nunca es tarde para ahorrar”, afirma Luis Rubén Chávez. Baruch Sandoval lo resume con una frase que los tres comparten en espíritu: el mejor momento para empezar ya pasó, pero el segundo mejor momento es hoy.
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