
¿Por qué preguntar a los adultos mayores sobre su historia importa?
Preguntar por la infancia, los viajes y los momentos clave de vida de las personas mayores ayuda a conservar la memoria colectiva y a fortalecer la relación entre generaciones, según especialistas citados por The New York Times.
En medio de reuniones familiares, especialmente durante periodos festivos o vacaciones, existe una oportunidad que suele pasar desapercibida, que es sentarse a escuchar a las personas mayores y preguntarles por su historia. Conversar con ellas fortalece los vínculos familiares y permite preservar memoria, identidad y experiencias que, de otro modo, pueden perderse con el tiempo.
Un artículo publicado recientemente por The New York Times subraya el valor de estas conversaciones intergeneracionales y plantea que entrevistar a madres, padres, abuelas, abuelos u otras personas mayores cercanas ofrece una ventana al pasado y, al mismo tiempo, genera bienestar emocional en el presente.
Especialistas citados por el diario estadounidense coinciden en que relatar la propia vida ayuda a las personas mayores a sentirse escuchadas y comprendidas. Desde el ámbito de los cuidados paliativos, se señala que compartir recuerdos contribuye a una sensación de cierre vital y reconocimiento, especialmente en etapas donde la salud o la memoria pueden comenzar a deteriorarse.
Empezar con preguntas sencillas
Lejos de tratarse de un ejercicio solemne, los expertos recomiendan iniciar con preguntas ligeras y cotidianas. Recordar travesuras de la infancia, hablar de pasatiempos o mencionar talentos poco conocidos suele abrir la conversación de forma natural y despertar anécdotas llenas de humor y emoción.
La propuesta es elegir un momento tranquilo, lejos del bullicio de las comidas familiares, y optar por un entorno cómodo que invite a la conversación. Incluso grabar el audio desde un teléfono móvil puede ser una forma práctica y poco invasiva de conservar esos relatos.
Las preguntas que apelan a la memoria sensorial suelen ser especialmente efectivas. Este tipo de evocaciones no solo enriquecen la charla, también ayudan a reconstruir contextos sociales y familiares:
- ¿Cómo era su habitación cuando eran jóvenes?
- ¿Qué hacían un sábado cualquiera de su infancia?
- ¿Recuerdan la primera vez que vieron el mar o la nieve?
Hablar sobre padres y abuelos también adquiere un valor especial. Llega un momento en el que quienes conocieron directamente a esas generaciones ya no están, y esas historias se convierten en el último vínculo con ese pasado.
Viajes, amores y momentos decisivos
En lugar de pedir “el mejor” recuerdo o “el momento más importante”, los especialistas recomiendan formular preguntas más abiertas, como “uno de tus viajes favoritos” o “algunos de los momentos que más te marcaron”. Esto reduce la presión de elegir una sola respuesta y permite un relato más fluido.
Una vez creada la confianza, también es posible profundizar en los grandes amores, los puntos de quiebre, los logros personales y las decepciones forman parte de una vida que merece ser contada con matices.
El artículo destaca que invitar a repetir historias conocidas no es redundante. Escuchar una y otra vez un relato permite conservarlo tal como la persona lo narra, con su propio ritmo y emoción. Esa versión, transmitida de viva voz, tiene un valor que difícilmente se replica en otros formatos.
No es necesario hacerlo todo en una sola ocasión. Bastan unas cuantas preguntas para iniciar y, si es posible, continuar en otros encuentros, presenciales o a distancia.
Tal como concluye The New York Times, no importa si la conversación se siente incómoda o imperfecta al principio. Lo importante es haberla tenido. Con el tiempo, escuchar y preguntar se convierte en un acto de cuidado, memoria y reconocimiento que trasciende generaciones y deja un legado que va mucho más allá de las palabras.
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