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¿Qué dice tu sangre sobre tu verdadera edad?

Aunque tu acta de nacimiento diga una cosa, tu cuerpo podría estar contando otra historia. Un grupo de científicos de Stanford encontró una forma de saber cuál es tu edad biológica con solo analizar tu sangre, y sus hallazgos podrían cambiar la forma en que entendemos el envejecimiento.

María Arce
María Arce
Autor verificado

La edad que se ve… y la que realmente importa

Todos conocemos personas que a los 60 parecen de 45, y otras que a los 50 ya se sienten “muy grandes”. Esto no es solo percepción. Según un estudio de Stanford el envejecimiento no es un proceso parejo ni estrictamente cronológico, y ahora la ciencia tiene una manera más precisa de medirlo: a través de las proteínas en la sangre.

El estudio de la Escuela de Medicina de Stanford analizó el plasma —la parte líquida de la sangre, libre de células— de 4,263 personas de entre 18 y 95 años. Lo que encontraron es fascinante: al medir 3,000 de proteínas presentes en ese plasma, pudieron identificar patrones precisos de envejecimiento.

“Las proteínas son los componentes esenciales de las células del cuerpo, y cuando sus niveles relativos experimentan cambios sustanciales, significa que tú también has cambiado”, explica Tony Wyss-Coray, autor principal del estudio. “Observar miles de ellas en el plasma ofrece una visión general de lo que ocurre en todo el cuerpo”.

De todo ese universo proteico, solo 373 proteínas fueron suficientes para predecir la edad de los participantes con gran precisión. Estas proteínas actúan como pequeñas mensajeras que reflejan los cambios fisiológicos que acompañan el paso del tiempo.

Cambios clave: 34, 60 y 78

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que el envejecimiento no ocurre de forma continua, sino que se manifiesta en “oleadas” biológicas, con picos pronunciados alrededor de los 34, 60 y 78 años. En estos momentos, los niveles de ciertas proteínas cambian abruptamente, reflejando transiciones clave en el cuerpo.

Esto no solo ayuda a entender mejor el proceso de envejecer, sino que también ofrece herramientas potenciales para diagnosticar enfermedades, personalizar tratamientos médicos y monitorear la salud con mayor precisión.

Edad biológica vs. edad cronológica

Quizás lo más esperanzador del estudio es que los investigadores encontraron casos en los que la edad biológica y la edad cronológica no coincidían. Es decir, había personas cuya sangre mostraba signos de un cuerpo más joven que su edad real.

Un ejemplo, que usa el estudio, fueron los participantes del estudio LonGenity, personas con una predisposición genética a una salud excepcional en la vejez. Aun teniendo 80 o 90 años, sus proteínas sanguíneas parecían las de alguien mucho más joven.

Esto sugiere que nuestro estilo de vida, genética y entorno pueden influir profundamente en cómo envejecemos, y que tal vez no estamos condenados a envejecer “como todos”.

¿Y tú qué puedes hacer con esta información?

Aunque por ahora no puedes ir al laboratorio más cercano a pedir una prueba de edad proteica, este estudio aporta una idea clave: tus decisiones diarias tienen impacto real en tu edad biológica. Desde lo que comes hasta cómo duermes, te mueves y gestionas el estrés, todo se refleja en tu sangre.

Además, una dieta rica en nutrientes, sueño reparador, vínculos afectivos sanos y un entorno que estimule tu mente también pueden ayudarte a conservar esa juventud biológica por más tiempo.

El paso del tiempo es normal y bonito, pero la forma en que tu cuerpo lo vive puede variar enormemente. La investigación de Stanford es una ventana al futuro del bienestar personalizado: tal vez pronto podrás saber si tu cuerpo envejece a su ritmo o más lento que el promedio.

Mientras tanto, tú puedes hacer tu parte. Cuida tu cuerpo como el sistema sabio que es, y tal vez, con un poco de ciencia y mucho autocuidado, tu próxima década sea más joven de lo que crees.

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