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Cuidadores

¿Quién cuida a los cuidadores de México?

Cuidar a nuestros padres mientras acompañamos a nuestros hijos y sostenemos un trabajo no es una anécdota, es una realidad que viven millones de personas en México.

Redacción Soy+
Redacción
Autor verificado

Existe un fenómeno silencioso que ocurre puertas adentro en millones de hogares: envejecer también significa cuidar. A nuestros padres, a nuestras parejas y a nuestras familias, muchas veces haciéndolo mientras seguimos trabajando y tratando de sostener nuestra propia salud.

Durante años se ha asumido el rol de cuidador como una obligación implícita, pero la exigencia física, emocional y económica que representa plantea una pregunta urgente: ¿quién cuida a quienes están cuidando?

La "generación sándwich": atrapados entre dos etapas

En 1981, la investigadora Dorothy Miller acuñó el término "generación sándwich" para referirse a las mujeres que quedaban atrapadas como el relleno entre dos capas: la crianza de sus hijos y la atención a sus padres mayores.

Hoy en día, esta realidad abarca tanto a mujeres como a hombres de entre 35 y 60 años. Es una generación de adultos que debe atender de forma simultánea a dos etapas dependientes, absorbiendo un costo personal enorme mientras navega su propia transición profesional y de vida.

El escenario del cuidado en México

El envejecimiento acelerado de la población está transformando la estructura social y haciendo más evidente la falta de infraestructura de apoyo:

  • Un cambio demográfico acelerado: Alrededor de 4,000 personas cumplen 50 años cada día en México (cerca de 1.5 millones al año). Hacia 2030, la proporción de adultos mayores dentro de la población será cada vez más determinante.
  • Millones en necesidad de atención: Según la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) del INEGI, existen 58.3 millones de personas susceptibles de requerir cuidados en los hogares mexicanos (niños, personas con discapacidad o adultos mayores).
  • La desproporción de género: La carga no se distribuye de manera equitativa. En promedio, las mexicanas dedican 39.7 horas a la semana al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, frente a las 18.2 horas que aportan los hombres.

El riesgo de descuidarse a uno mismo

Uno de los mayores peligros del cuidador es la postergación de su propia salud. Por atender citas médicas ajenas, administrar medicamentos y sostener la dinámica familiar, las personas cuidadoras suelen cancelar sus propios chequeos, ignorar señales de fatiga crónica y aislarse socialmente.

Sin embargo, no es posible cuidar a otros si primero no nos cuidamos a nosotros mismos. El agotamiento físico y emocional del cuidador (conocido como el síndrome del cuidador quemado) no solo afecta su bienestar, sino que disminuye la calidad de atención que puede brindar.

Corresponsabilidad: un cambio de conversación

El cuidado no puede seguir siendo visto únicamente como un asunto privado o un sacrificio individual. Necesitamos avanzar hacia un modelo de corresponsabilidad que involucre a las familias, a las empresas y al Estado:

  • Distribuir la carga familiar: Comunicar las necesidades y repartir responsabilidades entre hermanos o familiares cercanos evita que la tarea recaiga sobre una sola persona.
  • Establecer límites y pausas: Validar el descanso, el tiempo a solas y el espacio propio como requisitos indispensables para mantener la salud mental.
  • Redes de apoyo y salud preventiva: Buscar grupos de acompañamiento y no dudar en solicitar ayuda profesional cuando el desgaste emocional supere las herramientas propias.

Aprender a cuidar de quienes amamos implica también aprender a pedir ayuda y exigir espacios de descanso. Sostener a otros no debería significar desmoronarnos en el intento.


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