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¿Qué es la voluntad anticipada y por qué deberías tramitarla?

¿Qué es la voluntad anticipada y por qué deberías tramitarla?

No es eutanasia, e una decisión legal para evitar tratamientos innecesarios y darle claridad a tu familia en momentos críticos.

Zyanya López
Zyanya López
Autor verificado

En México, la mayoría de las personas toman decisiones importantes sobre su patrimonio pero dejan en pausa otra igual de relevante: ¿qué pasará con su cuerpo y sus cuidados médicos si ya no puede decidir por sí misma? La voluntad anticipada entra justo en ese terreno incómodo, pero necesario.

Hoy, el contexto ha cambiado. Vivimos más años, pero también más tiempo con enfermedades crónicas, tratamientos prolongados y etapas de mayor fragilidad. “Eso hace mucho más probable que, en algún momento, enfrentemos una situación en la que no podamos tomar decisiones por nosotros mismos”, advierte Mariana Hernández, fundadora de Antes de Partir A.C. Por eso, insiste, no es un tema lejano, “es parte de la planeación de vida”.

¿Qué es (y qué no es) la voluntad anticipada?

La voluntad anticipada es un documento legal que permite dejar por escrito si una persona desea, o no, someterse a tratamientos que prolonguen su vida de forma artificial en caso de una enfermedad terminal. Más que un trámite, es una decisión de fondo.

Para Felipe Carrasco Zanini Ávila Camacho, titular de la notaría 185 de la Ciudad de México, “Es un acto de mayor dignidad, te da el poder de decir ‘ya no me quiero someter a tratamientos que prolonguen mi vida de forma artificial’”.

Uno de los principales errores alrededor del tema es confundirlo con eutanasia. “No lo es”, aclara el notario. “La eutanasia implica provocar la muerte. La voluntad anticipada es ortotanasia, es decir, permitir que la vida siga su curso natural, sin prolongarla artificialmente”.

Desde el ámbito médico, esta distinción también es clave. En entrevista para Soy Más, Mariana Hernández nos explicó que en la práctica clínica se habla de adecuación del esfuerzo terapéutico, es decir, ajustar los tratamientos a lo que realmente aporta bienestar al paciente y evitar intervenciones desproporcionadas. Lo contrario -insistir en tratamientos sin beneficio- puede derivar en lo que se conoce como encarnizamiento terapéutico.

Cuando no existe

La relevancia de esta distinción se vuelve evidente cuando el documento no existe. El problema deja de ser únicamente legal y se traslada al terreno familiar.

Sin una voluntad anticipada, las decisiones recaen en los familiares, muchas veces en momentos críticos y sin certeza sobre lo que la persona hubiera querido. “Nunca vamos a saber de manera fidedigna cuál era su voluntad”, explica Carrasco, lo que puede derivar en desacuerdos entre hijos, pareja u otros cercanos.

En entornos médicos complejos, esa falta de claridad se traduce en mayor presión emocional. “Lo que vemos es angustia profunda, pues se traduce en familias tratando de decidir si están haciendo lo correcto”, señala Mariana Hernández.

A ello se suma la posibilidad de prolongar tratamientos agresivos que no necesariamente mejoran la calidad de vida, con implicaciones tanto emocionales como económicas. “Puede implicar costos muy altos y un desgaste enorme”, añade.

Cuando sí existe

En contraste, cuando la voluntad anticipada está formalizada, el escenario cambia de forma radical.

“Es prácticamente inmediato”, explica Carrasco. “Si hay un dictamen médico y un representante designado, el médico se abstiene de realizar procedimientos que prolonguen artificialmente la vida”.

Además, el documento permite nombrar a esa persona responsable de hacer cumplir la decisión, lo que evita interpretaciones o disputas. También puede incluir la voluntad sobre la donación de órganos.

Para las familias, esta claridad no elimina el dolor, pero sí reduce la carga emocional. Desde la experiencia de acompañamiento, Hernández asegura que cuando hay claridad, hay menos culpa y más certeza de haber actuado conforme a lo que la persona quería.

¿Quién puede hacerla?

De acuerdo con los especialistas, cualquier persona mayor de edad puede tramitar su voluntad anticipada ante notario. El proceso es sencillo: identificación oficial, designar a un representante y definir decisiones clave, como la donación de órganos.

En la Ciudad de México existen condiciones especiales para incentivar este trámite. Hasta el 30 de abril, personas de 65 años o más pueden realizarlo sin costo, mediante registro previo en el Colegio de Notarios

Fuera de ese periodo, el costo es de aproximadamente $750 pesos para adultos mayores, mientras que para el público en general está alrededor de $1,600 pesos. Estos costos forman parte de un convenio vigente con autoridades de salud en la capital del país.

Aunque muchas personas ven la voluntad anticipada como algo lejano, coinciden en que se trata de una decisión preventiva. “Tenemos dos certezas: que vamos a morir y que no sabemos cuándo”, dice Carrasco. “Por eso no hay que dejarlo para después”.

La experiencia en campo lo confirma. “La vulnerabilidad puede aparecer en cualquier momento, no sólo en la vejez”, advierte Hernández.

Hablar de voluntad anticipada implica romper con ideas culturales arraigadas, con el miedo a atraer escenarios difíciles o con la creencia de que estos temas deben evitarse. Pero posponer la conversación no evita que ocurra.

“Uno de los mitos más dolorosos es pensar que hablar de esto es perder la esperanza”, dice Hernández. “En realidad, es una forma de cuidar mejor”.

Porque en el fondo, la voluntad anticipada no trata de renunciar a la vida, se trata de decidir, con anticipación y sin presión, cómo queremos ser cuidados, qué significa para nosotros la dignidad y hasta dónde queremos que llegue la intervención médica.

Y en un momento en el que todo puede volverse incierto, dejar esa claridad no sólo es un acto personal,es también una forma de cuidar a quienes se quedan.

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