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Mucbipollo

Platillos que no sabías que se comen en Día de Muertos

No todo gira alrededor del pan de muerto y las calaveritas, también en regiones como Yucatán se come un tipo tamal llamado mucbipollo.

Redacción Soy+
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Autor verificado

Estamos acostumbrados a ver las calaveras de azúcar, chocolate y amaranto de todos colores y tamaños, así como mole, arroz y obvio el pan de muerto decorando las ofrendas del Día de Muertos, pero, ¿sabías que existen otros platillos típicos que se consumen en otras regiones de México que son tradicionales y casi no conocemos? Hoy en Soy Más te hablaremos de ellos.

Los próximos 1 y 2 de noviembre son fechas muy importantes para nosotros en México, pues son los días en los que recordamos a todos aquellos que se fueron y cuya creencia es que vuelven estos días para comer todo aquello que disfrutaban en vida.

En el marco del Día de Muertos —momento en que abrimos las puertas del hogar para recibir las ánimas de nuestros seres queridos con lo que disfrutaban en vida—, en Soy Más te compartimos cuatro joyas culinarias regionales elaboradas especialmente para estas fechas.

1. Mucbipollo o Pib (Yucatán y Campeche)

En la Península de Yucatán, el Día de Muertos adopta el nombre maya de Hanal Pixán ("comida de las ánimas"). En esta celebración, el protagonista indiscutible es el mucbipollo o simplemente pib.

  • En qué consiste: Se trata de un gran tamal redondo o rectangular elaborado con masa de maíz mezclada con manteca de cerdo y caldo sazonado con achiote (conocido como k’ool). Se rellena generosamente con carne de pollo, pavo o cerdo guisada.
  • El método ancestral: El tamal se envuelve en hojas de plátano y, siguiendo la técnica prehispánica, se cuece dentro de un horno excavado en la tierra (el pib), sellado con leña, piedras calientes y ramas. Su elaboración suele reunir a familias enteras durante días para preparar la masa, limpiar las hojas y cavar el horno.

2. Atápakua (Michoacán)

En la región purépecha de Michoacán —uno de los epicentros culturales más representativos de la Noche de Muertos (K'uínchekua)—, los altares y las mesas comunitarias se visten con la atápakua.

  • Origen y preparación: Es un guiso ceremonial de consistencia caldosa y espesa, similar a un mole ligero. Se elabora moliendo masa de maíz nixtamalizado para darle textura, junto con chiles secos o frescos (guajillo, pasilla o serrano), tomate y hierbas aromáticas, destacando la hierbabuena o el cilantro.
  • Acompañamiento: Tradicionalmente se prepara en cazuelas de barro con carne de cerdo, pollo, charales o flor de calabaza y chilacayote. Por su carácter ritual, se sirve tanto para honrar a los difuntos en las ofrendas como en velorios y festividades religiosas comunitarias en comunidades ribereñas del lago de Pátzcuaro como Janitzio, Tzintzuntzan e Ihuatzio.

(Nota para viajeros: al planear visitas a los panteones lacustres de Michoacán durante estas fechas, es indispensable informarse sobre los lineamientos y protocolos de acceso respetuoso que cada comunidad indígena establece para preservar el silencio y la sacralidad de sus altares ante el turismo).

3. Mole amarillo o amarillito (Oaxaca)

Aunque el mole negro es el más famoso fuera del estado, en los Valles Centrales y la Sierra Sur de Oaxaca el mole amarillo ocupa un lugar de honor en los altares de Todos los Santos.

  • Perfil de sabor: A diferencia de las variedades dulces o complejas que llevan frutos secos, pasas y chocolate, el mole amarillo se distingue por un perfil fresco, especiado y ligeramente ácido.
  • Ingredientes clave: Su característico tono dorado proviene del chile chilhuacle amarillo (o combinaciones de chile costeño amarillo y guajillo), jitomate y miltomate. Se espesa de manera natural con masa de maíz fresco y se aromatiza al final con hojas de hoja santa (acuyo) o cilantro de monte, sirviéndose tradicionalmente con carne de res, pollo o cerdo, chayotes, ejotes y papas.

4. Alfeñiques y figuritas de jamoncillo de pepita (Puebla, Estado de México e Hidalgo)

Mucho antes de que el azúcar refinada dominara los altares, los conventos virreinales del siglo XVI adaptaron técnicas árabes y españolas con semillas autóctonas de México, dando origen a la dulcería de Todos los Santos.

  • Elaboración tradicional: En entidades como Puebla, Toluca y zonas del Bajío, estas figuras se elaboran a fuego lento en cazos de cobre combinando pepitas de calabaza molidas, leche y azúcar hasta obtener una pasta manejable.
  • Simbolismo en la ofrenda: Una vez que la pasta enfría en moldes o se modela a mano, artesanos reposteros crean pequeñas frutas, gallinas, ángeles, flores y borreguitos decorados con colorantes vegetales. Estos dulces no solo aportan color a la ofrenda, sino que representan la ofrenda infantil para los difuntos pequeños que llegan el 1 de noviembre.

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