
La clave del progreso: constancia sobre intensidad
¿Te han dicho que si no terminas empapado en sudor o sin poder moverte, tu rutina de ejercicio no sirve? La ciencia dice lo contrario. En esta nota descubrirás por qué no necesitas extenuarte para ver resultados reales en tu cuerpo, y cómo una rutina más inteligente —y amable con tu edad— puede ser justo lo que necesitas para fortalecer tu salud sin desgastarte.
En la búsqueda de una vida más saludable y activa, es común pensar que una rutina de ejercicio debe ser extenuante para ser efectiva. Sin embargo, expertos en fitness y estudios recientes sugieren que no siempre es necesario llevar el cuerpo al límite para lograr mejoras significativas en fuerza y masa muscular.
¿Entrenar hasta el fallo muscular o no?
El entrenamiento hasta el fallo muscular implica realizar repeticiones hasta que no sea posible completar otra con buena técnica debido a la fatiga. Aunque este método puede fomentar la hipertrofia muscular, también aumenta el riesgo de lesiones y puede interferir con la recuperación necesaria para entrenamientos posteriores. Estudios indican que no hay diferencias significativas en los resultados entre quienes entrenan hasta el fallo y quienes se detienen antes, siempre que el esfuerzo sea consistente y desafiante.
La importancia de la constancia y la técnica
Más allá de la intensidad, la regularidad en el entrenamiento es clave. Realizar ejercicios con buena técnica y de forma constante permite progresar sin sobrecargar el cuerpo. Programas como el PRT de Harvard recomiendan sesiones de 2 a 3 veces por semana, con ejercicios que involucren todos los grupos musculares principales, enfocándose en la calidad del movimiento y el esfuerzo moderado.
Escucha a tu cuerpo
Es fundamental prestar atención a las señales del cuerpo. El dolor excesivo o la fatiga extrema pueden ser indicativos de sobreentrenamiento. Incorporar días de descanso y recuperación activa, como caminatas suaves o estiramientos, ayuda a prevenir lesiones y mejora el rendimiento a largo plazo.
No es necesario que cada sesión de entrenamiento sea agotadora para ver resultados. La clave está en mantener una rutina constante, enfocarse en la técnica y permitir que el cuerpo se recupere adecuadamente. Al adoptar un enfoque equilibrado, es posible mejorar la condición física y alcanzar los objetivos de salud sin comprometer el bienestar general.
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