
Soy Papá por Adopción: el camino de Diego Gudiño hacia la paternidad
Descubre el inspirador recorrido de Diego Gudiño, conocido como ‘Soy Papá por Adopción’, y cómo enfrentó los retos del sistema mexicano para formar su familia. Un testimonio real sobre el proceso de adopción en México, sus obstáculos y la esperanza para quienes buscan ser padres.
“Todo esto lo he hecho por ti, Mateo”. Con esa frase, el creador de contenido Diego Gudiño, quien en redes sociales se presenta como Soy Papá por Adopción, resume el motor de su vida actual. Su historia, marcada por el amor, la planeación y también los obstáculos del sistema, es un testimonio del largo y poco comprendido camino de la adopción en México.
Su historia, representativa de muchos casos en México, ha llamado la atención de cientos de personas interesadas en conocer cómo es realmente el proceso de adopción en el país. “Desde nuestra primera cita, Alejandra y yo hablamos de si queríamos tener hijos. Yo le dije: ‘quiero adoptar’, y ella me contestó: ‘yo también’. Fue una gran coincidencia y una certeza que nos unió desde el principio”, recuerda Diego.
La pareja se casó en 2018, después de algunos años de relación, y fue entonces cuando decidieron iniciar formalmente el proceso de adopción. Pero lo que parecía un camino recto, se convirtió en un recorrido lleno de trabas institucionales, solicitudes económicas injustificadas y hasta condiciones religiosas.
Obstáculos invisibles
Tocaron puertas en distintas asociaciones, pero se encontraron con requisitos restrictivos: “Nos pidieron casarnos por la iglesia y, aunque no soy creyente, lo hicimos como un acto simbólico, más por altruismo que por religión”, cuenta. A pesar de cumplir con esas demandas, el proceso con esa asociación no prosperó.
Las irregularidades que enfrentaron no son casos aislados. Aunque en México existen lineamientos legales que regulan la adopción, como la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, en la práctica muchas asociaciones e incluso organismos públicos operan con criterios propios.
“Muchas parejas me han buscado y me han dicho que les piden un documento del ginecólogo para acreditar que no pueden tener hijos biológicos. Y eso no está dentro de la ley, pero algunas instituciones lo siguen solicitando como filtro de entrada”, denuncia Diego.
Además, el tema económico también está presente: “Hay asociaciones que piden una lana para iniciar el proceso. Si puedes darla, avanzas; si no, te quedas fuera”. Eso excluye a muchas personas que podrían ser excelentes madres o padres adoptivos.
Fue gracias a la recomendación de una conocida que Diego y Alejandra tocaron la puerta del DIF de Toluca. “Ahí todo fue diferente. Las etapas eran claras, los tiempos definidos y el personal estaba comprometido. En solo cuatro meses, Mateo llegó a nuestras vidas. Fue muy rápido comparado con lo que suelen tardar estos procesos”, relata. En promedio, los procesos de adopción en México duran entre uno y seis años, dependiendo del estado, la institución y la situación legal del menor.
El 30 de abril de 2022, Mateo -nacido en 2020- fue oficialmente integrado a su nueva familia. Diego lo llama “el mejor día de nuestras vidas”. Según cifras del “Informe de adopción en México: Avances y Desafíos”, elaborado por el Instituto Newman, entre el 9 de abril de 2023 al 9 de abril de 2024, 513 niñas, niños y adolescentes se incorporaron a una familia de manera definitiva: 492 mediante adopción nacional y 21 mediante internacional. Una cifra pequeña si la comparamos con los 7,311 niñas, niños y adolescentes que ingresaron a Centros de Asistencia Social públicos y privados en el mismo periodo.
¿Qué facilitó el proceso con Mateo? “En el DIF de Toluca existe una etapa llamada ‘empate’, que busca compatibilidad entre la vida del menor y la vida de quienes desean adoptar. Nuestro empate con Mateo fue increíble. Además, en Toluca hay un juzgado que solo ve temas de adopción. No lleva divorcios, ni custodias, ni pensiones. La jueza que nos tocó es mamá adoptiva, así que todo fluyó de manera natural”, explica.
¿Qué frena la adopción en México?
Diego no duda en señalar que la burocracia es el principal obstáculo para adoptar en el país. “Muchas veces los papeles de los menores no están en regla y eso depende del poder judicial, que está saturado. En otros lugares, el equipo multidisciplinario cambia con cada gobierno y eso retrasa todo. Puedes llevar años avanzando en el proceso y, si entra una nueva administración, te dicen que tienes que empezar desde cero”.
La falta de regulación entre asociaciones civiles también genera desigualdad. De acuerdo con la experiencia de Diego, no hay una supervisión real. Algunas operan con criterios muy restrictivos o con intereses económicos, lo que va en contra del espíritu de la adopción.
A pesar del desgaste emocional, el camino valió la pena. Hoy, Diego y Alejandra viven la paternidad de manera plena. “Somos una familia como cualquier otra. Nos encanta salir, convivir, celebrar. Nuestra vida cambió, claro, pero para bien. Mateo y Mar -su hija biológica- es parte de todo lo que hacemos”.
Y aunque por ahora no piensan en una segunda adopción, Diego no descarta la posibilidad en el futuro. “Tal vez más adelante, cuando tenga 45 o 50 años, podría volver a adoptar. O ayudar de otro modo: colaborando con asociaciones, ayudando a ordenar procesos, guiando a otras personas”, comenta.
Desde su cuenta Soy Papá por Adopción, busca justamente eso: acompañar. “Siempre digo que si tienes esa espinita, esa inquietud, ya es algo. Tómatelo en serio, infórmate. Y si puedo ayudarte desde mi experiencia, aquí estoy. Porque adoptar no es un acto de caridad, es un acto de amor, de convicción y de familia”.
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