
Tengo menopausia, ¿cómo enfrentarla sin dolor?
Descubre por qué el dolor no debe normalizarse en la menopausia y cuáles son las recomendaciones clave de especialistas para vivir esta etapa con diagnósticos adecuados, hábitos saludables y mejor calidad de vida.
La menopausia sigue siendo, en pleno siglo XXI, un tema marcado por el tabú, la desinformación y la idea de que el dolor es parte inevitable de ser mujer. Especialistas en salud femenina y educación en menopausia coinciden en que este enfoque ha contribuido a que muchas mujeres vivan esta etapa en silencio, con síntomas que afectan su calidad de vida sin recibir atención adecuada.
De acuerdo con Thalía Luján, fundadora de la iniciativa Querida Menstruación, el problema comienza en la forma en que se ha contado esta etapa. “Venimos de desinformación y de un discurso donde pareciera que al perder la capacidad de crear vida ya no sirviéramos”, señala.
Las imágenes más frecuentes en campañas y mensajes públicos refuerzan esta visión. Mujeres sudando, incómodas, asociadas a incontinencia o malestar. “No hay un discurso positivo, el mensaje ha sido ‘aguántate, es lo que te toca’”, añade Luján. Esta narrativa se traduce en resignación. Bochornos, dolor articular, fatiga mental, insomnio o niebla mental se normalizan como parte “natural” del proceso.
Dolor físico y dolor silencioso
Aunque la menopausia es un proceso fisiológico, no significa que deba vivirse con dolor permanente. La educadora en menopausia Aoife Mc Gale, fundadora del proyecto Menopausia Positiva, plantea que es necesario diferenciar entre el dolor físico y el dolor psicológico o emocional.
Por un lado, el descenso de hormonas como estrógeno, progesterona y testosterona puede relacionarse con síntomas físicos como dolor articular, inflamación, problemas en las articulaciones o molestias en la zona genitourinaria (sequedad, ardor, dolor, infecciones urinarias o incontinencia). Estos síntomas, si no se atienden, tienden a intensificarse.
Por otro lado, hay un componente de salud mental que suele pasar desapercibido. Estudios recientes citados por Mc Gale, realizados en Reino Unido, muestran que los síntomas de salud mental (ansiedad, fatiga mental, desmotivación, dificultad de concentración, fallas de memoria o depresión) se encuentran entre los más frecuentes durante la menopausia y la postmenopausia. “Son síntomas silenciosos, difíciles de medir, que generan miedo y desconocimiento”, refiere.
Ambas especialistas coinciden en un punto: el dolor no debe asumirse como destino. El dolor es un síntoma, una señal de que el cuerpo está avisando que algo pasa y que necesita atención, no una condición inevitable por el hecho de ser mujer.
El papel del diagnóstico y la educación
Un primer paso para reducir el malestar es contar con un diagnóstico adecuado. Thalía Luján recomienda no quedarse solo con la idea de que “hay que aguantar” y acudir a consulta ginecológica o con especialistas en menopausia para evaluar niveles hormonales, salud ósea y estado general de salud. Hoy existen terapias de reemplazo hormonal y tratamientos no hormonales que pueden ser útiles, siempre que se valore cada caso, antecedentes médicos y riesgos.
Mc Gale sugiere llegar a la consulta con información ordenada. Llevar un registro de síntomas durante uno o dos meses, con frecuencia e intensidad, ayuda a la paciente y al personal médico a identificar patrones. También subraya la necesidad de que el sector salud reciba mayor formación específica en menopausia, de modo que se puedan reconocer estos cuadros y proponer opciones de tratamiento más allá de analgésicos o antidepresivos.
La educación, señalan ambas, no solo debe dirigirse a las mujeres, sino también a la sociedad en general, centros educativos, medios de comunicación, sistema sanitario, empresas y entornos cercanos.
Además de los tratamientos médicos, los cambios en el estilo de vida son una pieza central para enfrentar la menopausia con menos dolor y más bienestar. De acuerdo con la información difundida por la Organización Mundial de la Salud y la Sociedad Internacional de la Menopausia, hay seis pilares clave para una menopausia saludable:
- Alimentación equilibrada.
- Actividad física regular.
- Sueño reparador.
- Gestión del estrés.
- Reducción de sustancias tóxicas (como tabaco y exceso de alcohol).
- Redes de apoyo y comunidad.
Para Aoife Mc Gale, estos hábitos son “no negociables” a partir de los 50 años, aunque idealmente deberían trabajarse antes, durante la perimenopausia. No se trata de alcanzar un modelo de perfección, sino de introducir cambios realistas y sostenibles que contribuyan al bienestar presente y a la prevención futura de enfermedades crónicas como osteoporosis, enfermedades cardiovasculares o diabetes tipo 2.
Luján coincide en la importancia de anticiparse. El climaterio incluye perimenopausia, menopausia y postmenopausia, y comenzar a cuidar el cuerpo unos 10 años antes mejora la forma en que se transita por estas etapas.
A pesar de los avances, las especialistas reconocen que aún falta camino por recorrer. Persisten el estigma, el miedo al diagnóstico y el desconocimiento sobre las opciones de tratamiento. Sin embargo, espacios de información, proyectos de educación en menopausia y el trabajo de profesionales especializados están comenzando a cambiar el panorama.
La premisa, coinciden, es clara: la menopausia no debe vivirse desde la resignación ni desde el silencio. La combinación de diagnóstico oportuno, información confiable, acompañamiento médico y cambios en el estilo de vida puede marcar una diferencia sustancial en la forma en que las mujeres enfrentan esta etapa, reduciendo el dolor físico y el malestar emocional, y mejorando su calidad de vida a largo plazo.
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