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Parque

El lugar donde nos encontramos

Un café de siempre, el parque de las mañanas, la banca del barrio. Los terceros espacios —ese concepto del sociólogo Ray Oldenburg— son donde nacen muchas de nuestras relaciones, sin buscarlo. Pero cada vez tenemos menos oportunidades de encontrarlos. Te contamos por qué vale la pena buscar (o recuperar) el tuyo.

Luis Esquivel de Sextante
Luis Esquivel
Autor verificado

Hay una pregunta sencilla que puede decir mucho sobre nuestra vida social. ¿Existe algún lugar al que vayamos con cierta frecuencia, fuera de nuestra casa y nuestro trabajo, donde conozcamos a algunas de las personas que están ahí? Puede ser un café al que vamos desde hace años, el parque donde caminamos por las mañanas, una biblioteca o algún lugar del barrio donde sabemos que probablemente encontraremos una cara conocida.

El sociólogo estadounidense Ray Oldenburg llamó a estos lugares terceros espacios. La casa es el primero. El trabajo es el segundo. Los terceros espacios son aquellos sitios informales donde las personas pasan tiempo juntas sin que la convivencia sea necesariamente el objetivo principal. Uno puede ir a tomar un café, hacer ejercicio o leer el periódico y, al hacerlo repetidamente, empezar a conocer a quienes hacen lo mismo. Yo por ejemplo tenía mis bares de preferencia donde me iba a leer y a platicar con personas.

La idea parece sencilla, pero ayuda a entender algo importante sobre cómo construimos comunidad. Muchas de nuestras relaciones no comienzan porque salgamos deliberadamente a buscar nuevos amigos. Surgen porque coincidimos muchas veces con las mismas personas. Primero reconocemos una cara. Después llega un saludo. En algún momento hay una conversación. Con el tiempo podemos saber cómo se llama esa persona, a qué se dedica o qué está pasando en su vida. Algunas de esas relaciones nunca pasarán de ahí. Otras pueden terminar convirtiéndose en amistades.

Los terceros espacios hacen posibles esos encuentros porque tienen algo que nuestra casa y nuestro trabajo difícilmente pueden ofrecer. En casa solemos convivir con personas que ya forman parte de nuestro círculo cercano. En el trabajo nos relacionamos con quienes comparten nuestro entorno profesional. En un parque, una cafetería o una plaza podemos encontrarnos regularmente con personas con las que, de otra manera, quizá nunca tendríamos motivo para hablar.

El problema es que muchas de las oportunidades para que eso suceda se han ido reduciendo. Tal como lo hemos venido comentando en este espacio, cada vez podemos realizar más actividades sin salir de casa. Y cuando salimos, con frecuencia nos desplazamos de un lugar a otro con un propósito muy concreto. Llegamos, hacemos lo que tenemos que hacer y nos vamos. Hay menos razones para permanecer en un sitio el tiempo suficiente como para encontrarnos repetidamente con las mismas personas. También importan los lugares que tenemos disponibles, pues si no contamos con estos espacios, y que sean agradables para pasar tiempo en ellos, las oportunidades para la interacción se reducen considerablemente.

Décadas después de Oldenburg, el sociólogo Eric Klinenberg ha utilizado el concepto de infraestructura social para describir precisamente la importancia de los espacios físicos que permiten que las personas se relacionen. La idea resulta particularmente útil porque nos obliga a mirar estos lugares de otra manera. Cuando desaparece un sitio donde las personas acostumbraban encontrarse, perdemos algo más que un establecimiento o un espacio físico. También desaparecen las relaciones que ahí podían surgir.

Y si bien, aquí entran decisiones de política pública (por ejemplo olvidar o revitalizar un parque), quizá valga la pena mirar nuestra propia vida desde esta perspectiva y ver qué podemos hacer al respecto. Pensar dónde encontramos regularmente a personas que no pertenecen a nuestra familia ni a nuestro trabajo. ¿Tenemos algún lugar donde podemos llegar sin organizar previamente un encuentro y aun así tener alguna posibilidad de conversar con alguien conocido?

Si la respuesta es no, podemos hacer algo al respecto. Encontrar un tercer espacio requiere salir, pero sobre todo requiere regresar. La comunidad difícilmente se construye con un solo encuentro. Necesita repetición y tiempo suficiente para que las caras desconocidas dejen de serlo. Desde Soy+ la idea es empezar a proveer de estos espacios donde la gente se pueda conocer a través de distintas actividades para todos los gustos, pero al final del día la responsabilidad de buscar comunidad recae en la persona. Y esto tal vez requiere un cambio de paradigma. Hoy nos preguntamos con frecuencia dónde vive alguien o dónde trabaja. Quizá deberíamos empezar a hacer una tercera pregunta. ¿Dónde encuentra a los demás?

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