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¿Vale la pena invertir en un seguro escolar para mis hijos?

¿Vale la pena invertir en un seguro escolar para mis hijos?

Contratar un seguro escolar puede ser una herramienta estratégica para asegurar el futuro de los hijos y proteger la economía familiar. Expertos explican cómo funcionan estos productos, para quién son y qué errores evitar.

Zyanya López
Zyanya López
Autor verificado

Pensar en la educación de los hijos es, para muchas familias, uno de los compromisos financieros más importantes de la vida adulta. La universidad implica colegiaturas, pero también transporte, materiales, equipos, viajes, actividades estudiantiles y entre cuatro y cinco años de gastos adicionales. Todo esto sucede, además, en una etapa en la que muchos padres rondan los 50 o 55 años, es decir, cuando comienza la planeación del retiro. Por ello, cada vez más personas se preguntan si vale la pena invertir en un seguro escolar.

Los seguros escolares -también llamados seguros educativos o dotales- combinan ahorro, inversión y protección en un mismo instrumento. Pilar García Suárez, CEO de Rastreator.mx, explica que estos productos funcionan como “instrumentos financieros que combinan ahorro e inversión con protección”, donde los padres realizan aportaciones periódicas hasta acumular un capital que se entregará al menor cuando cumpla la mayoría de edad.

De acuerdo con García, su principal característica es que “en caso de fallecimiento del contratante, la aseguradora podría absorber las aportaciones para cumplir con el ahorro objetivo”.

Para Benjamín Gutiérrez, director general de Seguros de Vida y Gastos Médicos Mayores en Promotoría Tresnak, el atractivo está en su doble estructura. “Por un lado, brindan a los padres la posibilidad de construir de forma planificada un fondo destinado a la educación de sus hijos, y por el otro, incorporan coberturas que garantizan la continuidad del plan en caso de fallecimiento o incapacidad total y permanente del tutor”, señala.

En esos escenarios, añade, “el seguro asume el pago de las primas, permitiendo que el ahorro continúe sin afectar la estabilidad financiera de la familia”.

Para qué familias convienen

Estos seguros no son exclusivos de un nivel socioeconómico, pero sí tienen perfiles donde son más efectivos. Pilar García los recomienda especialmente para familias con un ingreso único, donde la pérdida del sostén económico pueda poner en riesgo el futuro educativo de los hijos, así como para hogares de ingresos medios-altos con capacidad de realizar aportaciones constantes.

Benjamín Gutiérrez coincide en que son productos ideales para familias previsoras, sin importar su nivel de ingreso, ya que los planes suelen ajustarse a distintos presupuestos y ofrecen flexibilidad para utilizar los recursos en la etapa que la familia priorice. Pero también advierte que no siempre son necesarios para quienes ya tienen mecanismos sólidos de inversión o ahorro que cubren el riesgo principal, que es no poder completar el fondo educativo ante un imprevisto.

Uno de los motivos por los que estos seguros ganan relevancia es que los gastos educativos se suelen subestimar. “La educación universitaria implica mucho más que las colegiaturas, pues también incluye transporte, material académico, viajes y actividades escolares, competencias, prácticas profesionales y, por supuesto, los costos propios de la vida social y estudiantil”, menciona el director general de Seguros de Vida y Gastos Médicos Mayores en Promotoría Tresnak.

Seguro escolar vs inversiones, fideicomisos o fondos

Desde el punto de vista financiero, los expertos coinciden en que un seguro escolar ofrece una ventaja única: la garantía de continuidad. García explica que, mientras un fideicomiso educativo puede ofrecer estrategias de inversión más agresivas pero “no garantiza el capital objetivo en caso de fallecimiento o invalidez del contratante”, el seguro sí lo hace.

Las inversiones tradicionales, como CETES o fondos mutuos, pueden generar buenos rendimientos, pero el crecimiento del capital depende de la volatilidad del mercado.

Gutiérrez lo resume así: “El seguro universitario ofrece una ventaja clave frente a otros mecanismos: la garantía de cumplimiento, incluso en escenarios de fallecimiento o incapacidad del tutor, es decir, reúne lo mejor de ambos mundos”.

La clave para elegir un buen seguro educativo está en revisar cuidadosamente la estructura y las condiciones. Los especialistas recomiendan analizar la meta de capital, considerar la inflación educativa -que ha presentado incrementos año tras año- y revisar qué coberturas adicionales se incluyen, como invalidez, muerte o desempleo.

También enfatizan en la importancia de conocer las exclusiones, validar la flexibilidad de la póliza y evaluar la solidez de la aseguradora a través del Buró de Entidades Financieras.

“Las familias pueden considerar destinar entre 8% y 15% del ingreso familiar a un esquema de ahorro sin comprometer su estabilidad financiera”, dice Benjamín Gutierrez. Reconoce que no siempre es posible cubrir el 100% del costo universitario, pero que incluso fondos parciales ayudan a reducir la presión financiera.

Para quienes sí pueden alcanzar la meta completa, recomienda optar por un producto en UDIS con rendimiento adicional, ya que la inflación educativa ha superado el 7% durante la última década.

Los errores más comunes y cómo evitarlos

Según Pilar García, uno de los errores más frecuentes es subestimar la inflación educativa y contratar un monto insuficiente. Otro es enfocarse únicamente en el ahorro y olvidar que el valor del seguro está en la protección adicional ante muerte o invalidez. También menciona la cancelación prematura: “Los seguros dotales tienen un bajo valor de rescate en los primeros años”, por lo que recomienda elegir plazos y primas sostenibles a largo plazo.

Y es que muchos padres no revisan a fondo las garantías del producto y terminan contratando planes que funcionan solo como ahorro, sin protección real. Para evitarlo, insiste en entender qué riesgos cubre la póliza y cuál es el respaldo que ofrece.

Los especialistas coinciden en que sí vale la pena contratar un seguro escolar, especialmente si se hace de manera temprana, pues se está tomando una decisión estratégica de contención de riesgos y planificación financiera. Esto se traduce en un blindaje contra la inflación educativa, primas más bajas cuando los hijos son pequeños y la garantía de que, ante muerte o invalidez del tutor, el capital universitario se completará.

Gutiérrez añade que este tipo de planificación es especialmente relevante porque los hijos suelen entrar a la universidad cuando sus padres rondan los 55 años, una edad donde es más difícil generar ingresos adicionales o enfrentar gastos extraordinarios. Por eso, dice, “la planificación temprana es clave, permite asegurar que el proyecto educativo no dependa del ciclo económico o de la situación laboral del tutor”.

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