
¿Y si volvemos a hacer nuevos amigos en esta etapa de la vida? Claro que sí
Después de los 40, hacer nuevos amigos puede parecer difícil, pero es totalmente posible y valioso. Aunque los círculos sociales suelen reducirse por falta de tiempo, las amistades profundas siguen siendo clave para el bienestar. Hacer espacio para nuevas conexiones requiere intención, no prisa. Una sola amistad auténtica puede transformar tu vida adulta.
Cuando somos niños, hacer amigos parece tan fácil como prestar un lápiz. En la juventud, los vínculos nacen en clases, fiestas o trabajos. Pero después de los 40, cuando la vida se llena de rutinas, responsabilidades y círculos ya formados… ¿es posible hacer nuevas amistades? La respuesta es sí. Y no solo es posible: puede ser profundamente transformador.
La amistad en la mediana edad: más escasa, pero más valiosa
Un estudio de la Universidad de Oxford encontró que muchas personas reducen su círculo social entre los 40 y los 55 años. No necesariamente por falta de interés, sino por falta de tiempo o energía emocional. Entre el trabajo, la familia, el cuidado de otros (o de uno mismo), es fácil dejar que las relaciones nuevas —e incluso algunas antiguas— se enfríen.
Pero otro estudio, esta vez de la American Psychological Association, revela un dato clave: las amistades profundas son uno de los principales factores de bienestar en la mediana edad. Más que el estatus laboral o los ingresos. Compartir tiempo con personas con las que puedes ser tú, sin caretas, tiene efectos positivos en la salud mental, física y emocional.
¿Por qué cuesta tanto?
La adultez media suele venir cargada de inseguridades que no teníamos a los 20: “¿y si no caigo bien?”, “¿qué van a pensar?”, “¿ya todos tienen a su grupo”. Además, solemos priorizar la eficiencia: si una relación no fluye rápido, la descartamos. Pero las amistades adultas no se construyen de golpe. Se tejen poco a poco, en cafés espontáneos, clases compartidas, chats inesperados o incluso a través de redes sociales.
¿Y si hacemos el intento?
Hacer nuevos amigos después de los 40 no implica forzar nada. Se trata de abrir pequeñas ventanas en tu rutina para conectar:
- Apuntarte a una clase de algo que te entusiasme (baile, escritura, cerámica, yoga).
- Saludar con intención en tu colonia, en el parque, en tus espacios habituales.
- Retomar contacto con alguien con quien sentiste afinidad pero se alejaron por la vida.
- Iniciar conversaciones sin expectativas: a veces un “¿cómo estás?” puede cambiar el rumbo de tu día (o del suyo).
No se trata de cantidad. Una sola amistad nueva —auténtica, nutritiva— puede abrir puertas a nuevas formas de ver la vida, de acompañarte, de reírte más seguido.
Nunca es tarde para ampliar el corazón
Sí, hacer amigos en la adultez puede ser más lento, pero también más consciente. Ya sabes lo que necesitas y lo que no. Ya aprendiste a poner límites, a cuidar tu tiempo, a valorar la presencia real.
Tal vez no volvamos a tener la facilidad de los recreos escolares, pero tenemos algo mejor: la intención de vincularnos desde la honestidad, la empatía y las ganas de compartir lo que somos hoy.
¿Te animas a escribirle a esa persona que te cae bien pero con la que nunca diste el paso? ¿O a probar una actividad nueva donde podrías conocer a alguien interesante? Comparte esta nota con quien sabes que también quiere abrir su círculo, pero no se anima.
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