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Pareja caminando

¿Hay Zonas Azules en México? La ciencia dice que sí

Una investigación revela que ciertas comunidades rurales del país podrían compartir rasgos con las famosas Zonas Azules del mundo. Dieta vegetal, vida activa y redes familiares sólidas serían las claves de su longevidad.

Zyanya López
Zyanya López
Autor verificado

En distintas partes del mundo, hay lugares donde el tiempo parece moverse más despacio. Son comunidades donde la gente vive más de 100 años, pero lo hace con energía, autonomía y propósito. Allí los adultos mayores caminan largas distancias, cocinan su propia comida y conservan una memoria lúcida. A esos territorios la ciencia los llama Zonas Azules.

Hasta ahora se reconocían cinco: Okinawa en Japón, Cerdeña en Italia, Nicoya en Costa Rica, Ikaria en Grecia y Loma Linda en Estados Unidos. Sin embargo, una investigación reciente plantea una pregunta inesperada: ¿y si México también tuviera sus propias Zonas Azules?

Una revisión sistemática elaborada por Alexa Adanae Quiroz Meléndez, de la Universidad Autónoma del Estado de México, junto con Arturo López Bravo, Donovan Casas Patiño, Juliette Gamboa Castro y Leslie Suzet Parra Rivera, explora justamente esa posibilidad.

El trabajo, titulado “Zonas Azules y longevidad centenaria en México y el mundo” (2025), examinó más de 400 estudios científicos publicados entre 2015 y 2025 y seleccionó 27 investigaciones con evidencia sólida. Su conclusión es clara: aunque México no cuenta con una Zona Azul oficialmente reconocida, existen regiones que comparten rasgos esenciales con ellas.

“Algunas comunidades rurales e indígenas, especialmente en Oaxaca, Chiapas, Veracruz y Guerrero, conservan hábitos de vida y redes sociales que favorecen una longevidad saludable”, escriben los autores.

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De acuerdo con el INEGI (2020), el país tiene más de 14 mil personas centenarias, muchas de ellas en contextos rurales donde persisten formas tradicionales de alimentación y convivencia. El estudio señala que “una dieta basada en plantas, la actividad física diaria, la espiritualidad y las redes familiares intergeneracionales son factores recurrentes entre los longevos mexicanos”.

Vidas largas, activas y conectadas

La investigación cita trabajos que profundizan en estos patrones. En la Ciudad de México, se estudiaron a 393 centenarios y encontraron que el 79% calificaba su salud como buena, con niveles muy bajos de enfermedades metabólicas. La gran mayoría vivía acompañada, no en instituciones.

En Monterrey, se documentó que la atención geriátrica regular y la participación en actividades sociales reducen el riesgo de muerte hasta en un 5% por cada consulta médica adicional. “El apoyo social estructurado y el acceso a cuidados geriátricos especializados son esenciales para promover un envejecimiento saludable”, definen los investigadores.

Estos datos reflejan que los centenarios mexicanos, al igual que los de Okinawa o Cerdeña, no solo viven más, lo hacen insertos en comunidades donde el lazo social tiene tanto peso como la dieta o el ejercicio.

Los autores del estudio agrupan las claves de la longevidad en cuatro dimensiones universales:

  1. Movimiento constante. En las Zonas Azules la actividad física no se mide en rutinas de gimnasio, sino en tareas cotidianas: caminar, cultivar, cocinar, cuidar. “No dejar de moverse” es una norma implícita en la vida de quienes superan los 90 años.
  2. Dieta vegetal y moderación calórica. En Cerdeña o Nicoya predominan alimentos frescos, legumbres, frutas y cereales integrales; en Okinawa, la batata y el tofu. En Loma Linda, la dieta adventista libre de alcohol y tabaco.
  3. Redes sociales y sentido del propósito. “El bienestar emocional y el ikigai -esa razón para levantarse cada día- actúan como factores protectores frente al deterioro funcional y cognitivo”, cita el documento.
  4. Genética y epigenética. Genes como APOE ε2 y FOXO3A ofrecen una base biológica, pero “su expresión depende de factores epigenéticos modulados por el entorno”, aclaran los autores. Dicho de otro modo: los hábitos activan la herencia.

¿Qué amenaza a la longevidad mexicana?

Los investigadores advierten que la urbanización acelerada y la transformación de los hábitos alimentarios podrían poner en riesgo esta ventaja natural. “La rápida adopción de dietas industrializadas y la pérdida de la vida comunitaria amenazan las prácticas protectoras que aún se observan en zonas rurales”, subrayan.

El caso de Nicoya, en Costa Rica (la única Zona Azul de América Latina reconocida formalmente), es un ejemplo: “Su ventaja demográfica se está erosionando conforme las nuevas generaciones abandonan la dieta tradicional y los estilos de vida rurales”.

México podría seguir el mismo camino si no protege los hábitos que han permitido a miles de personas alcanzar el siglo de vida con salud.

El estudio desmonta la idea de que la longevidad es cuestión de suerte o genética. La evidencia muestra que la vida larga es, sobre todo, una construcción social: “La longevidad saludable es un fenómeno multifactorial y contextual, resultado de la interacción entre el cuerpo, la comunidad y el entorno”.

Por eso, los investigadores proponen usar el modelo de las Zonas Azules como inspiración para las políticas públicas mexicanas: diseñar ciudades que favorezcan la movilidad, asegurar acceso a alimentos frescos, fortalecer la atención geriátrica y reconocer el valor de los adultos mayores dentro del tejido social.

El mensaje final de esta revisión es tan científico como humano: vivir más no es una meta inalcanzable, es el resultado de un modo de vida.

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