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Las 5 claves para vivir más de 100 años

Las 5 claves para vivir más de 100 años

Científicos explican por qué en las Zonas Azules del mundo las personas superan los 100 años con salud y alegría. Su fórmula no está en los genes ni en los fármacos, sino en la vida diaria: moverse, comer natural, tener propósito y compartir el tiempo con los demás.

Zyanya López
Zyanya López
Autor verificado

¿Qué tienen en común un pescador de Cerdeña, una maestra jubilada de Okinawa y un agricultor de Nicoya? No es la genética ni un secreto milenario, sino la manera en que viven cada día. En las Zonas Azules del planeta, regiones donde la longevidad es la norma y no la excepción, el bienestar no se busca, se cultiva.

Un nuevo estudio encabezado por Alexa Adanae Quiroz Meléndez, de la Universidad Autónoma del Estado de México, junto con Arturo López Bravo, Donovan Casas Patiño, Juliette Gamboa Castro y Leslie Suzet Parra Rivera, analiza el estilo de vida que caracteriza a estas comunidades y lo compara con prácticas similares observadas en México.

La investigación, titulada “Zonas Azules y longevidad centenaria en México y el mundo”, revisó más de 400 artículos científicos sobre longevidad humana y halló que la forma de vivir es el mejor predictor de una vida larga y saludable: “El entorno social, la alimentación y la espiritualidad cotidiana influyen tanto o más que los factores genéticos”, señalan los autores.

Lee más: ¿Hay Zonas Azules en México? La ciencia dice que sí

Las cinco claves de las Zonas Azules

El análisis identifica cinco Zonas Azules reconocidas: Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia), Nicoya (Costa Rica), Ikaria (Grecia) y Loma Linda (Estados Unidos). En todas ellas, la longevidad surge de un conjunto de hábitos integrados en la vida diaria, no de intervenciones médicas ni de suplementos milagrosos.

  1. La actividad física no es programada, sino parte del día a día. Los habitantes de Okinawa cultivan sus propios alimentos; los pastores sardos caminan colinas empinadas; los nicoyanos trabajan la tierra hasta edades avanzadas. “No dejar de moverse” es una filosofía de vida más que una rutina de ejercicio.
  2. Comer con consciencia. La dieta de las Zonas Azules es predominantemente vegetal, con legumbres, frutas, cereales integrales y consumo limitado de carne. En Cerdeña, el pan de centeno y el vino tinto; en Ikaria, el aceite de oliva y las hierbas locales; en Nicoya, el maíz, los frijoles y la calabaza. “La moderación calórica y la preferencia por alimentos frescos y locales son factores decisivos para la longevidad”, subraya la investigación.
  3. Redes sociales y propósito vital. En cada Zona Azul, los lazos comunitarios son fuertes. Las personas mayores no son aisladas, sino pilares sociales. En Okinawa se llama moai a los grupos de apoyo mutuo; en Nicoya, las familias conviven bajo el mismo techo. “El bienestar emocional y el ikigai, o razón de vivir, son tan protectores como una dieta saludable”, escriben los investigadores.
  4. Espiritualidad y calma cotidiana. La fe y las prácticas religiosas (desde la misa en Cerdeña hasta la meditación en Okinawa) contribuyen a reducir el estrés crónico. La investigación cita que la espiritualidad “promueve la regulación emocional, la resiliencia y la sensación de conexión con los demás”.
  5. Genes activados por el entorno. Aunque ciertos genes como APOE ε2 y FOXO3A están asociados a la longevidad, su efecto depende de factores epigenéticos. “El entorno y el estilo de vida determinan si la predisposición genética se expresa o no”, explica el estudio. Es decir, el modo en que se vive puede activar o desactivar los genes de la larga vida.

México y su herencia longeva

El estudio sugiere que México podría albergar “bolsillos de longevidad” en regiones rurales e indígenas de Oaxaca, Chiapas, Veracruz y Guerrero, donde aún predominan estilos de vida parecidos a los de las Zonas Azules. “Son comunidades con dietas basadas en maíz, frijoles y vegetales locales, con estructuras familiares multigeneracionales y un profundo sentido espiritual”, señala el documento.

En la Ciudad de México se estudiaron a casi 400 centenarios y hallaron que el 79% percibía su salud como buena y el 95% vivía acompañado por su familia. Mientras que en Monterrey se observó que cada visita adicional al médico geriátrico reducía el riesgo de muerte en 5%. “La longevidad saludable es un fenómeno multifactorial y contextual, resultado de la interacción entre cuerpo, comunidad y entorno”, resumen los autores.

El peligro, advierten los investigadores, está en el abandono de esos hábitos. El caso de Nicoya en Costa Rica es un ejemplo claro, pues su ventaja de longevidad se está reduciendo a medida que las nuevas generaciones adoptan dietas procesadas y estilos de vida urbanos.

En México ocurre lo mismo. “La rápida urbanización y la pérdida de prácticas tradicionales podrían amenazar los beneficios protectores que aún se observan en zonas rurales”, advierten.

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