
La menopausia también está frenando el liderazgo femenino
Mientras las empresas hablan de inclusión, las mujeres enfrentan en silencio síntomas que afectan su desempeño, liderazgo y bienestar laboral.
En México, miles de mujeres atraviesan la menopausia en silencio mientras intentan sostener reuniones, liderar equipos, cumplir metas y demostrar que siguen siendo igual de capaces. El problema es que el entorno laboral todavía no entiende lo que les está pasando, y eso ya está teniendo consecuencias en su crecimiento profesional.
Aunque la conversación sobre igualdad de género en las empresas ha avanzado en temas como maternidad, lactancia o violencia laboral, la menopausia sigue siendo uno de los temas más invisibles dentro de las oficinas. No existen políticas públicas específicas, tampoco protocolos claros y, en muchos casos, ni siquiera hay información básica sobre cómo esta etapa impacta física, emocional y cognitivamente a las mujeres.
El problema ocurre justo en el momento en el que muchas mujeres alcanzan su mayor experiencia profesional. Entre los 45 y 55 años, cuando podrían aspirar a puestos directivos, ascensos o posiciones estratégicas, aparecen síntomas como insomnio, ansiedad, fatiga extrema, niebla mental, dificultad para concentrarse, cambios de humor o pérdida de memoria temporal.
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“Muchas mujeres empiezan a preguntarse si siguen siendo válidas profesionalmente porque no logran rendir igual que antes, pero ni siquiera saben que eso puede estar relacionado con la perimenopausia”, explica Aoife Mc Gale, educadora de menopausia y fundadora del proyecto Menopausia Positiva. Para la especialista, los síntomas cognitivos son uno de los factores que más afectan la permanencia y crecimiento de las mujeres dentro de las empresas.
De acuerdo con la encuesta global Comprender el Papel de la Menopausia en el Trabajo y las Carreras, elaborada por Korn Ferry Institute y Vira Health, 40% de las mujeres asegura que seis o más síntomas de la menopausia afectaron directamente su desempeño laboral. Entre los principales aparecen cansancio, irritabilidad, ansiedad y problemas de concentración.
El problema no es la edad, sino el prejuicio
A esto se suma un problema cultural mucho más profundo, y es que el envejecimiento femenino sigue siendo juzgado de forma distinta al masculino:
“A un hombre de 50 o 60 años se le percibe como alguien con experiencia y liderazgo. A una mujer de esa edad se le cuestiona físicamente y se pone en duda su capacidad”, señala Thalía Luján, fundadora de la iniciativa Querida Menstruación.
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La consecuencia es que muchas mujeres optan por no hablar de los bochornos, del agotamiento o de los cambios emocionales por miedo a ser vistas como menos capaces, poco profesionales o complicadas. Algunas reducen responsabilidades, otras dejan de buscar ascensos y muchas simplemente abandonan sus trabajos.
Mientras en México la conversación sigue siendo mínima, otros países ya comenzaron a implementar cambios concretos. En Reino Unido, por ejemplo, la menopausia ya forma parte de programas educativos, capacitaciones médicas y estrategias empresariales.
Algunas compañías han implementado talleres, políticas internas, horarios flexibles y programas de acompañamiento para trabajadoras en esta etapa. Incluso han existido casos legales por discriminación relacionada con menopausia bajo la Ley de Igualdad.
España apenas comienza ese camino, pero el movimiento ya existe. “Hace cinco años casi no se hablaba del tema. Hoy ya hay empresas interesadas en talleres y bienestar enfocado en la menopausia. El cambio empezó desde la educación y la conversación pública”, explica Mc Gale.
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El silencio también afecta la salud mental
En nuestro país, el panorama sigue marcado por la desinformación. Según datos citados por Thalía Luján, seis de cada diez mujeres que atraviesan esta etapa aseguran sentirse confundidas por los cambios físicos y emocionales que experimentan, mientras que muchas ni siquiera logran identificar que los síntomas están relacionados con procesos hormonales.
La falta de educación también afecta la salud mental. El INEGI estima que alrededor del 40% de las mujeres con menopausia presentan síntomas depresivos significativos.
“Pareciera que ser mujer es sinónimo de sufrimiento”, advierte Luján. “Primero la menstruación, después el embarazo, luego la maternidad y ahora también la menopausia. Y no tendría por qué ser así”.
Las especialistas coinciden en que el primer paso no necesariamente es una licencia laboral, sino algo mucho más básico como la educación, visibilización y empatía.
Desde talleres informativos y chequeos ginecológicos hasta ajustes sencillos en oficinas como mejorar ventilación, flexibilizar horarios, permitir home office o crear espacios de descanso. Pequeñas acciones podrían hacer una gran diferencia en la calidad de vida de las trabajadoras.
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