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Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez

¿Cómo acompañar a tus padres en la siguiente etapa de la vida?

En el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, el llamado ya no es solo a visibilizar el problema, sino a prevenirlo desde casa, en las instituciones y en la comunidad.

Redacción Soy+
Redacción
Autor verificado

Cuidar a quienes nos cuidaron puede ser uno de los actos de amor más profundos, pero también uno de los desafíos más complejos. Muchas familias llegan a esta etapa sin preparación, con dudas, miedo, cansancio y una carga emocional que no siempre se dice en voz alta.

En ese camino, hablar del maltrato en la vejez no significa señalar culpas, sino abrir una conversación necesaria: ¿cómo reconocer las señales?, ¿cómo cuidar sin lastimar?, ¿cómo evitar que el agotamiento del cuidador se convierta en una dinámica de abandono, descuido o violencia?

Cada 15 de junio se conmemora el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Este 2026, de acuerdo con la ONU, el lema es “Más allá de la sensibilización: lograr una prevención eficaz del maltrato a las personas mayores”, con un llamado a fortalecer sistemas de protección, cuidados y servicios de apoyo comunitario.

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El maltrato hacia las personas mayores puede tomar muchas formas: abuso físico, psicológico, económico, sexual, abandono o negligencia. A veces es evidente, otras, pasa desapercibido. Puede aparecer en una palabra que humilla, en decisiones tomadas sin consultar, en el uso indebido del dinero, en la falta de higiene, en no atender una necesidad médica o en dejar sola a una persona que depende de otros.

En México, la dimensión del problema es preocupante. De acuerdo con la UNAM, casi un tercio de las personas mayores ha sufrido algún tipo de maltrato; el más frecuente es el psicológico, con una prevalencia de 28.1%. La misma fuente señala que las personas mayores que han vivido violencia pueden presentar confusión, insomnio, agitación, agresividad, pérdida de peso, moretones, quemaduras, higiene deficiente o desarrollo de úlceras.

El riesgo aumenta cuando hay dependencia física, deterioro cognitivo, aislamiento social o falta de ingresos. También cuando una sola persona asume todo el cuidado. La UNAM advierte que el agotamiento físico y mental de quienes cuidan por más de ocho horas al día puede elevar el riesgo de maltrato, por lo que la participación de toda la familia es clave.

La prevención empieza con señales básicas: escuchar a la persona mayor, respetar sus decisiones, observar cambios físicos o emocionales, revisar si sus necesidades médicas y de higiene están siendo atendidas, cuidar el manejo de sus recursos económicos y evitar infantilizarla o excluirla de conversaciones sobre su propia vida.

Pero también implica cuidar a quien cuida. Pedir ayuda, repartir tareas, tomar descansos, buscar orientación profesional y reconocer el cansancio no es egoísmo: es una forma de proteger a la persona mayor y de sostener un cuidado más humano.

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La CEPAL señala que América Latina y el Caribe atraviesa una transición demográfica acelerada y que, hacia mediados de este siglo, las personas de 60 años y más representarán una cuarta parte de la población regional. Por eso, prevenir el maltrato requiere más que buena voluntad: hacen falta políticas públicas, instituciones, datos, servicios de apoyo y una cultura que reconozca a las personas mayores como sujetos de derechos.

La soledad también forma parte del problema. De acuerdo con la Secretaría General Iberoamericana, el 11% de las personas mayores encuestadas en Iberoamérica dice sentirse sola, y vivir solo duplica esa percepción. Por ello, el llamado regional es claro: menos soledad, más comunidad.

Hablar de maltrato en la vejez no debe quedarse en una fecha. Es una invitación a mirar con más atención lo que ocurre en casa, en los centros de cuidado, en los hospitales, en las calles y en las decisiones familiares. Porque cuidar bien no es solo estar presente: es hacerlo con respeto, paciencia, corresponsabilidad y dignidad.

Envejecer no debería significar perder voz, autonomía ni derechos. Y cuidar a una persona mayor tampoco debería ser una carga silenciosa. Es una responsabilidad compartida que necesita amor, sí, pero también información, redes de apoyo y prevención.

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