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hipertensión arterial

Guía básica para entender (y controlar) la hipertensión arterial

En México, 30 millones de personas viven con hipertensión y casi 46% no lo sabe. Detectarla a tiempo, cambiar hábitos y seguir tratamiento puede prevenir infartos, derrames y daño renal. Aquí una guía clara para entenderla y actuar.

Redacción Soy+
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Autor verificado

La hipertensión arterial no duele, no siempre da síntomas y, aun así, puede dañar el corazón, el cerebro y los riñones. Por eso se le conoce como el “asesino silencioso”.

En México, más de 30 millones de personas viven con este padecimiento y cerca del 46% lo desconoce, de acuerdo con la Secretaría de Salud. Este subdiagnóstico explica por qué muchas personas llegan a consulta cuando el daño ya está avanzado.

En un contexto donde las enfermedades cardiovasculares siguen entre las principales causas de muerte, según Tec Salud, entender qué es, cómo se detecta y qué hacer para controlarla se vuelve clave para cualquier persona, especialmente después de los 40 o 50 años.

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¿Qué es la hipertensión?

La hipertensión arterial es la elevación sostenida de la presión con la que la sangre circula por las arterias. Se diagnostica cuando los valores son iguales o mayores a 140/90 mmHg. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) la define como una condición persistente que, sin control, puede avanzar y generar complicaciones graves.

¿Por qué es peligrosa? El problema no es solo la presión alta, sino lo que provoca con el tiempo. Entre las principales complicaciones están:

  • Infarto y enfermedades del corazón
  • Derrame cerebral
  • Daño renal crónico
  • Problemas visuales

Estas pueden aparecer después de años sin tratamiento o incluso de forma aguda en crisis hipertensivas. Además, el American College of Cardiology advierte que la hipertensión es uno de los factores de riesgo más importantes para enfermedades cardiovasculares y mortalidad.

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¿Cómo saber si la tienes?

Aquí está el reto, pues muchas personas no sienten nada. Cuando hay síntomas, pueden ser:

  • Dolor de cabeza
  • Mareo o zumbido de oídos
  • Visión borrosa
  • Cansancio

Pero también puede no haber señales. Por eso, la única forma confiable es medir la presión arterial regularmente. El diagnóstico requiere varias mediciones en distintas consultas, no solo una lectura aislada .

Respecto a los factores de riesgo, hay condiciones que aumentan la probabilidad de desarrollarla como el sobrepeso y la obesidad, el sedentarismo, el consumo alto de sal y alcohol, el tabaquismo, el estrés, la edad mayor a 60 años y los antecedentes familiares.

La hipertensión no siempre se cura, pero sí se controla. Y el tratamiento no empieza con pastillas, sino con hábitos. Aquí los más importantes:

1. Cambios en el estilo de vida: Reducir el consumo de sal, mantener un peso saludable, hacer actividad física (al menos 30 minutos diarios), evitar tabaco y alcohol y mejorar la alimentación.

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2. Alimentación: Una dieta tipo DASH (rica en frutas, verduras y granos integrales) ha demostrado ser efectiva para bajar la presión. El potasio (presente en plátano, espinaca o frijoles) ayuda a contrarrestar el sodio, mientras que el exceso de grasas y alimentos ultraprocesados la empeora.

3. Medicamentos cuando se necesitan: Si los cambios no son suficientes o la presión es alta desde el inicio, el tratamiento incluye fármacos como diuréticos, inhibidores de la enzima convertidora (IECA), bloqueadores de canales de calcio y betabloqueadores.

¿Cuál es la meta? El objetivo general es mantener la presión por debajo de 140/90 mmHg, aunque en algunos casos puede ser menor, dependiendo del riesgo cardiovascular. Hoy, las guías más recientes apuntan incluso a metas de 130/80 mmHg para reducir riesgos a largo plazo.

Pero más que tratarla, el gran desafío es encontrarla antes de que cause daño. Medir la presión, aunque te sientas bien, puede hacer la diferencia entre prevenir o enfrentar complicaciones.

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